4. Reencuentro

1095 Words
A la mañana siguiente, se levantó y, decidida a llamar la atención de Ethan, se arregló mucho más de lo normal esa mañana, todos esos sentimientos eran nuevos y extraños para ella, por primera vez en mucho tiempo quiso ponerse bella para alguien. Se vistió con una de las prendas que había comprado antes del viaje y se arregló el cabello. Cuando ya estaba lista, salió del hotel en dirección a la oficina de su editor. Sentía que estaba más muerta que viva, pero Madison tenía muchas ansias de encontrarse con Ethan. Cuando la rubia amable de la entrada la dejó pasar, suspiró profundo y abrió la puerta de la oficina. Ethan estaba en su escritorio, mirando fijamente la pantalla de su ordenador. Levantó la mirada apenas la oyó entrar y pudo ver cómo sus ojos se iluminaron y sus labios se curvaron en una bella sonrisa. La miró de arriba abajo y emitió un sordo “¡WOW!” formando con sus labios un perfecto círculo. En efecto, Madison sintió cómo la sangre invadió sus mejillas y subió hasta su cabeza. —Sigue, por favor, toma asiento —Le invitó Schmidt con la misma sonrisa, señalando el sofá donde se besaron el día anterior. Ella lo hizo, él la siguió y se sentó a su lado. Madison se sentía intimidada—. ¿Y bien? ¿Llegaste a escribir algo? Ella asintió muy tímida y sin decir nada sacó la libreta para entregársela. Ethan la recibió y de inmediato la abrió. Cuando empezó a leer, su expresión se transformó en serio y pensativo. De nuevo veía al empresario fluir. Aunque, de vez en cuando, al leer algunos trozos de aquel escrito, Madison notó que sus labios se curvaban en una sonrisa tierna. Ethan terminó de leer y la miró impresionado. —Me sorprendes una vez más, Madison, eres como una caja de sorpresas. Ella lo miró con una media sonrisa y le preguntó si realmente le gustó. A lo que él respondió—: ¿Gustarme? ¡Me encantó! —Exclamó con una ancha sonrisa de satisfacción—. Esto es exactamente lo que quiero, me he sentido muy identificado y quiero que veas algo. Ethan se puso de pie y caminó hasta su escritorio. Luego regresó con un cuaderno en sus manos y se sentó de nuevo a su lado. Antes de hablar, suspiró profundo. —A ver, Madison, te explico —decía Ethan mientras buscaba el escrito en su cuaderno—. Mi idea evidentemente no era mostrarte esto a ti. Pero me has sorprendido demasiado con lo que escribiste. Y no me sorprendo porque sea bueno, aunque sí lo es, pero me sorprendo porque lo que escribiste se parece mucho a lo que escribí yo. Ella se quedó de piedra. ¿Qué? ¿Lo que escribió? ¿A qué se refería? ¿El escribía? Madison sentía cómo su corazón latía a mil. Ethan abrió su cuaderno y se lo extendió. Ella comenzó a leer: "Alma torturada, alma de fuego, corazón triste y oscuro, dolido y trágico, déjame curarlo. Déjame hacer que escribas sobre felicidad, que escribas canciones de amor, deja que el romance entre en ti, con mis besos y caricias, deja que tus ojos me observen de frente y se inspiren en mí, deja que tu piel toque la mía y escribe lo que sientas. Porque yo no entendía muy bien lo que era amor a primera vista hasta que te conocí. Y no cuando te vi, sino cuando te leí." La sorpresa era imposible de ocultar. Cerró el cuaderno sin poder creer que lo que leía era real. Lo miró a los ojos y él bajó la cabeza al suelo, sin pronunciar alguna palabra. El hombre de negocios, el señor Schmidt desapareció y se escondió detrás del sofá mientras el chico tierno y romántico, el simple Ethan salió a flote y la miraba algo avergonzado esperando a que ella dijera algo. —Ethan, yo nunca había escrito sobre romance. ¡NUNCA! Hasta que tú me besaste. Créeme cuando te digo que lograste lo que nadie jamás consiguió. Él la miraba a los ojos con una sonrisa. —Lo sé, linda —repuso Ethan sin dejar de sonreír. Luego la miró y habló de nuevo—. Te confieso que yo nunca besé a alguien a quien acababa de conocer. Pero contigo fue inevitable. Madison al escuchar aquello sintió como su corazón se detuvo y luego volvió en sí, bombeando más sangre hacia todo su organismo. "¡No puede ser! Eso quiere decir que no me besó simplemente por trabajo! ¡Yo le gusto! ¡Ay!", pensó Madison, emocionada. Ambos se miraron en silencio. Pero este fue cada vez más incómodo. Ninguno sabía qué hacer con la química que sus cuerpos emanaban. De pronto la fiera impulsiva que Madison llevaba dentro, salió a flote y le besó. Él no se apartó, al contrario. Con sus manos, el editor recorrió cada centímetro de la piel de su escritora favorita, como cualquier músico tocando su violín. Ella disfrutaba la sensación del roce de sus dedos en la piel. Los labios del moreno conocían el punto débil de aquella mujer. La intensidad del beso fue aumentando poco a poco, al punto de provocar algunos gemidos por parte de la morena. Ethan la miró con una sonrisa de picardía. Él la trataba con extrema delicadeza, como se debe tratar a una princesa. De pronto, una voz masculina se oye detrás. —¿Así que este es el imbécil por el qué me dejaste? —Madison y Ethan se apartaron de inmediato. Cuando Madison lo miró, quedó atónita—. Ya decía yo que este viaje tuyo no era por ningún trabajo. —¿Jason? —Madison no entendía qué hacía él ahí y por qué le reclamaba de esa manera, él era el menos indicado para hacer semejante escena—. ¿Sabes qué? Sí, yo vine aquí a rehacer mi vida, a cumplir mis sueños. Los que tú quisiste pisotear más de una vez cuando fuimos novios. —Madison… —¡Lárgate, Jason! —Gritó Madison, alterada, a la vez que lo empujaba hacia la sala—. Entiende que tú y yo no somos novios y no tienes nada que reclamar, ¡no tienes ese derecho! Cuando Jason quiso refutar, salió Ethan en defensa de Madison. —¿Es que no entiendes? ¡Que te vayas! ¿Tengo que llamar a seguridad para qué te saquen? —Tal vez eso es lo que necesita este patán —alegó Madison con desprecio.
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