Madison Stone tenía todo planificado. Su único objetivo con aquel viaje era que su editor le corrigiera y le diera la luz verde para continuar. En ningún momento pasó por su cabeza que aquella experiencia se convertiría en su mayor desafío. Madison estaba preparada para cualquier cosa, menos para eso. Y para enamorarse mucho menos. No estaba en sus planes. Esa mujer se consideraba demasiado exigente y selectiva cuando de hombres se trataba. Ethan Schmidt fácilmente entraba en esa lista por cumplir con los requisitos que ella misma se trazó en una lista donde describía al hombre perfecto. Solo era cuestión de que ella le conociera a profundidad, pero el destino ya estaba escrito para ellos dos. Y no lo supo hasta el primer encuentro. Madison se había despedido antes de su familia, sin embargo, ellos le acompañaron hasta el aeropuerto internacional San Antonio, en Texas. Valery y Chris, sus únicos dos mejores amigos, iban con ella en el auto. Chris usaba lentes oscuros dado que no quería que Madison le viera con los ojos hinchados, producto de las horas que pasó llorando en su apartamento. Él siempre estuvo enamorado de Madison y nunca fue capaz de decírselo. En el camino, los tres cantaban desafinados las canciones que se escuchaban en la radio. Valery, que estaba enamorada de Chris, notó que él estaba distante con ella pero no quiso preguntarle de inmediato. Aquel día era especial para despedir a Madison. Cuando llegaron, ella bajó del auto con su boleto en mano y le siguieron sus amigos.
Su padre, Peter Stone, aparcó el auto y enseguida bajó para llevarle el equipaje a su hija amada. Estaba feliz de que su hija por fin pudiera hacer su sueño realidad. ¿Y qué decir de su madre? La señora Hannah sentía un profundo dolor en su corazón porque Madison abandonaba su hogar. La señora Stone sabía que era el momento de que su “niña” por fin fuera independiente. Pero, lejos de eso, sentía que su hija merecía hacer realidad sus sueños y salir de la ciudad donde tanto sufrió. Y Madison estaba más emocionada aún. Era su momento de brillar, de poder callar las bocas que una vez le dijeron que no lograría nada en su vida. Mientras ella compartía, por última vez, con sus padres y amigos, Jason Myers se preparaba para ir a despedirla en el aeropuerto. El muchacho, después de doce años, pensaba que podía tener una segunda oportunidad con Madison. Jason se enteró días antes que Madison se iría de la ciudad gracias a Valery y el día del viaje, Jason se dirigió al aeropuerto. Quería intentarlo, no deseaba quedarse con la duda de si podría pasar algo de nuevo entre ellos. Madison al verlo no le reconoció de inmediato. Tuvo que quitarse las gafas para que ella le pudiera ver. Aun así, le costó reconocerlo. Había pasado mucho tiempo desde que se vieron por última vez.
—¿Jason? ¿Qué haces aquí? —Lo mismo que Christian y Valery. —Madison lo miró con desagrado—. Vine a despedirme de ti, ¿tampoco me permitirás eso?
Madison captó el mensaje, sabía que él ocultaba algo y no era capaz de decirlo frente a los demás. Madison tomó a Jason del brazo y lo haló hacia otra parte.
—¿Qué es lo que quieres? —Le preguntó Madison, no se sentía cómoda con su presencia y se encargó de transmitirlo—. ¿Vienes a desestabilizarme de nuevo? ¿Es un plan tuyo con tus amigos, Kendra y Selena? —Madi, yo entiendo que lo que pasó en la preparatoria te marcó y te pedí perdón en reiteradas oportunidades, tú no quisiste escucharme, no querías…
—¿Qué esperabas que hiciera, eh Jason? ¿Qué te perdonara como si nada después de jugar conmigo por meses? ¡Estás mal, Jason! Estás muy mal —reclamó Madison con la mandíbula apretada.
—Ya sé que fui un patán, lo admito, no debí jugar contigo como lo hice, pero...
—Aquí no hay pero que valga Jason, y si viniste a buscar una segunda oportunidad, te adelanto que no la hay.
Justo en ese momento, suenan los altavoces llamando a los pasajeros del vuelo a Miami para prepararse. Madison se despide de sus familiares, toma su maleta y se dirige a la puerta de seguridad donde colocan cinta de embalar a su equipaje. Acto seguido, Madison se dirigió a la puerta de salida donde Migración selló su pasaporte. Estaba lista para abordar aquel avión que la llevaría a su nueva vida. Su madre estaba muy triste, lloraba mares de lágrimas, su esposo y padre de Madison, la abrazó fuerte, consolándola. ¿Y qué decir de Christian que estaba realmente enamorado de Madison? Ese hombre lloraba sin consuelo alguno. Valery también estaba muy triste pero luego de despedir a Madison se propuso visitarla en algún momento.
Y es que Valery era la única que sabía que Madison se estaba mudando de manera definitiva, que no se trataba de un viaje de negocios como hizo creer. Una vez que Madison abordó el avión, se sintió aliviada. Aunque en un lugar de su corazón estaba el deseo de no dejar solos a sus padres, su anhelo más profundo era soltar ese cordón que los unía a ellos y le impedía hacer sus sueños realidad por primera vez en su vida. Madison era la hija perfecta que todos soñaban tener.
En el avión, Madison buscó su asiento y guardó su bolso en el maletero no sin antes sacar su móvil, conectó sus auriculares y comenzó a reproducir la playlist en aleatorio. Se colocó el cinturón de seguridad cuando el piloto anunció por el altavoz que estaban a punto de despegar. Para ese momento, ya no hubo marcha atrás. Miró la ventana y desde allí vio a sus padres por última vez.
En su mente surgieron algunas ideas para escribir y no reparó en tomar nota de ella, algo bueno podía surgir, ¿no? No dudaría en mostrarlo a su editor cuando le viera para que él le diera su punto de vista.
Así fue como salió “corazón de piedra” que decía lo siguiente:
Errores van, errores vienen. Las desilusiones sobrepasaron el límite. Las decepciones no se quedan atrás. Las noches de llanto, por poco ganan la carrera. Después de él, mi corazón se convirtió en piedra. Podría decir que se construyó un muro más fuerte que el de Berlín. No quiero repetir la misma situación. No de nuevo. Este corazón de Piedra anhela una nueva oportunidad, por muy pequeña que sea, de experimentar la felicidad. Aún mantengo la esperanza de que alguien me ayude a quitar la coraza, que haga que mi corazón vuelva a latir con desesperación.
Inmediatamente después comenzó a escribir “Despedidas”, dedicado de manera muy especial a sus padres, donde relataba lo difícil que era para ella separarse de quienes la cuidaron y le dieron todo lo que tenía. Pasaron alrededor de tres horas o un poco más cuando el avión por fin aterrizó en Miami. Se sintió tan extraña y tan feliz al mismo tiempo. Madison nunca había salido de Texas, por tal motivo, aquella experiencia era completamente nueva. Una vez retiró su equipaje, tomó un taxi hasta el hotel donde días antes había reservado una habitación, le pagó al chofer cuando estuvo en su destino. Entró y pidió las llaves de su habitación, la chica que le atendió la miró sorprendida y Madison le preguntó si la conocía de alguna parte. Aquella chica resultó ser Kendra Rusell, la misma que, junto a Selena Clinton, la humilló durante toda la secundaria y preparatoria, en la Academia.
—¿Eres Madison Stone? —Le preguntó Kendra, sin poder ocultar su asombro—. ¡No puede ser! ¡Cuánto tiempo!
—¿Disculpa?
—Soy yo, Kendra Rusell. —El rostro de Madison se transformó en uno de incredulidad total. No podía creer lo que veía ni lo que escuchaba—. ¡Qué bueno verte aquí en Miami! Pensé que nunca saldrías de Texas.
—La vida da muchas vueltas, ¿no?
—Eso es cierto —coincidió con una sonrisa y le entregó las llaves—. Que disfrutes tu estadía en Miami.
—Muchas gracias, linda.
¿Linda? ¿En serio llamó linda a la persona que más daño le hizo aparte de su ex novio? Eso era una novedad. Bueno, en realidad, era una muestra de su madurez y capacidad de perdonar. Subió a buscar su habitación e introdujo la llave cuando estuvo frente a ella. Era exquisita la vista al mar que daban los amplios ventanales. El color blanco y su fusión con el turquesa le daban esa sensación marina. No dudó en avisarle a su familia que ya estaba en la ciudad, pero antes se tomó una selfie y la posteó en su cuenta de i********:. Madison no se percató de que Ethan Schmidt le seguía en la red y, por ende, veía todo lo que ella publicaba. Solo se fijó en la respuesta de Jason a su historia: “estás preciosa, Miami te sentará bien”. Ella no le respondió, nunca lo hacía, de hecho. Cuando habló con su madre, Madison soltó algunas lágrimas. Le dolía lo que estaba pasando, tener que alejarse de su familia para hacer sus sueños realidad. Pero sabía que era necesario. Era un paso importante en su vida. Madison no era la niña de quince años que vivía en una burbuja de cristal, a quien debían proteger. Se despidió finalmente de su madre y decidió dar un paseo, era su primer día y deseaba disfrutarlo al máximo.
Se dio una ducha y bajó al lobby del hotel, donde se encontró con Kendra nuevamente pero ya ella iba de salida, así que se ofreció para acompañar a Madison en su paseo. Sí, era muy extraño ver a dos personas que eran como agua y aceite platicar como si nunca hubo alguna diferencia entre ellas. Ambas conversaban de los últimos acontecimientos, de los chicos que estudiaron con ellas en la Academia, Kendra parecía la propia revista de farándula, estaba al tanto de la vida de todos esos sujetos que Madison prefería no recordar.
—¿Y tú qué has hecho? ¿Desde cuándo estás aquí en Miami? —preguntó Madison tratando de ser cordial. Kendra le respondió con una sonrisa.
—Llevo tres años aquí, después de la academia, salí embarazada de… Jason… Pero él nunca me respondió por la niña, y pues, me tocó dejarla con mis padres mientras buscaba una mejor vida para ella. Y gracias a Dios pude traerla conmigo, hace tres años que nos vinimos las dos.
—Espera, ¿qué has dicho? ¿Tienes una hija con Jason Myers? —indagó Madison, le parecía insólito pues él ese mismo día en la mañana fue a pedirle una segunda oportunidad. Kendra asintió con una mirada llena de confusión—. No te lo puedo creer.
—¿Por qué? ¿Qué sucede?
—Esta mañana fue al aeropuerto a pedirme que me quedara, que le diera otra oportunidad —contó Madison, Kendra la miró sorprendida—. ¡Es un imbécil!
—¿Hablas en serio?
—Claro, él fue a buscarme y yo, evidentemente, no acepté. Y si fuese sabido lo que pasó entre ustedes, mucho menos. —Kendra torció el gesto—. No me mires así, sabes bien que lo que él hizo conmigo fue la peor de las traiciones.
—Sí, hay que admitir que fue un patán, Madison, y él que es, no deja de ser —Madison asintió con una mueca de disgusto, se sentía indignada.
No eran las mejores amigas pero había que reconocer que lo que Jason le hizo a Kendra fue una canallada y ella no merecía eso, o tal vez sí pero de todas formas, Madison no era persona de desear el mal a nadie por mucho daño que le haya hecho alguien en el pasado. En eso, Madison era muy madura. Sabía quien merecía una segunda oportunidad y quien no, reservada con sus asuntos personales. Y en este caso, Jason no merecía nada de nada de ella.
—¿Te parece si cenamos en el restaurante del hotel? —Preguntó Kendra, con total amabilidad y una sonrisa sincera—. Quisiera que habláramos más, si no es molestia, claro.
—Para nada, ¡vamos! Unos minutos más tarde, entraron el restaurante convirtiéndose en el centro de atención. ¿Y como no?
Las dos eran bellísimas. Un cuerpo despampanante, una mirada seductora y un coeficiente intelectual elevado. Tenían todo para atraer al hombre que desearan. Pidieron unas hamburguesas para cenar y mientras esperaban su pedido, conversaban sobre lo ocurrido después de aquella fiesta de graduación que tanto marcó la vida de Madison. Kendra le contó a Madison que Selena fue quien ideó el plan de revelar a todos lo de la apuesta y Madison le aseguró que ya lo sabía, que todo ese teatro llevaba el nombre de Selena enmarcado y con letras brillantes.
—Yo sé que no te traté nada bien en el pasado, Madison, pero creo que ha pasado demasiado tiempo y podemos…
—¿Ser amigas? —Cuestionó Madison con una sonrisa y una ceja alzada—. ¡Claro! ¿Por qué no?
—La verdad es que nunca he tenido una amistad sincera con nadie, Madison y te veo a ti con Chris y Valery y veo en ustedes una amistad incondicional, desearía una así en mi vida.
—¿Y no era Selena tu mejor amiga?
—¡No! Todo giraba en torno a ella, nunca le importó lo que pasaban los demás. Era ella y solo ella, si buscabas brillar más, fácil te destruía.
—Por eso hizo lo del baile, ¿no? Porque yo entré en su terreno
—Sí, ella y Jason tuvieron una historia muy tóxica, la verdad. Él la dejó y ella no lo superó nunca, entonces… —Se encogió de hombros sin terminar la frase—. Cuando supo que Jason estaba enamorado de ti, pues…
—¿Tú realmente crees que él se haya enamorado de mí, Kendra? Para mí, todas sus palabras perdieron credibilidad en el baile de graduación…
—Mira, si te soy sincera, Madison… Jason no era hombre de enamorarse pero contigo, realmente no sé que le ocurrió, fue como ¿amor a primera vista? No sé. Quizá el vio más allá de lo que veíamos los demás. Y Selena, que lo conocía tan a fondo, sabía que Jason estaba enamorado de ti, porque de un momento a otro, dejó de desearla, de buscarla.
—¿Cómo así? ¿Él la buscaba?
—Sí, te digo que ellos tenían, no sé como decirlo… Era muy extraño y tóxico. Jason, siendo el que la dejó, la buscaba para tener sexo.
—Y de pronto dejó de hacerlo —afirmó Madison, Kendra asintió apenada—. Eso no le quita lo patán. Fue un imbécil, jugó de la peor manera.
Justo en ese instante apareció el mesonero con sus pedidos. Ellas agradecieron y él se retiró para regresar luego con las bebidas. Entre tanto, Kendra y Madison conversaban acerca de Jason.
—En eso coincido contigo, y Selena para sacarte del camino, me obligó a…—Hizo una mueca, tragó saliva y miró a Madison de nuevo, se le caía la cara de la vergüenza—. Hacer el video, ella obtuvo la información no sé de qué manera, y me amenazó con contar que yo estaba embarazada.
—Kendra…
—Sí, Madison, Jason se acostó conmigo mientras estuvo contigo. Pero fue un desliz de los dos, estábamos ebrios y… Pasó. De ahí salió Maia, mi adorada hija. —Kendra bajó la mirada, avergonzada. Pero sentía, en su interior, una paz enorme por contar toda la verdad.
Madison permanecía en silencio, no podía creer lo que escuchaba. Se negaba a procesar aquella información en su cerebro y su corazón. Una razón más para no darle la segunda oportunidad a Jason. Cuando ya habían pasado más de dos horas, Madison miró la hora en su celular, se percató de que ya era tarde. Kendra le preguntó si debía irse y Madison, apenada, asintió pero ambas quedaron de almorzar juntas al día siguiente. Kendra se mostró de acuerdo, dado que era su único día libre y podía descansar. Al terminar de comer, Madison se despidió de Kendra y se retiró hacia su habitación. En el camino, tuvo un espejismo, le pareció ver a Jason pero hizo caso omiso y siguió su camino hasta la habitación. Se dio una ducha antes de dormir y llamó a Christian.
—¿Cómo está la nueva californiana? —Preguntó entre risas—. ¿Qué tal tu viaje?
—¡Me haces una falta enorme, Chris! Te juro que si pudiera, te enviara el dinero para el boleto y que te vengas mañana mismo a Miami.
—Eso no es problema, Madi, sabes que si me necesitas haré lo que sea para estar allí contigo. —Madison sonrió ante aquella declaración de su mejor amigo.
—Tengo mucho que contarte, Chris, hoy fue un día revelador. —Chris se acomodó en su cama para escuchar a su amiga, le hacía tanto bien escucharla y verla sonreír. Aunque eso le hiciera sentir también que ella realmente no lo necesitaba como decía.
—Cuéntame, ¿ya tuviste la reunión con el editor?
—No, mañana iré a reunirme con él pero no te imaginas a quien me encontré…
—¡Habla, mujer, que me tienes en ascuas!
—Vi a Kendra, Chris, está irreconocible. —Chris que se encontraba cómodo en su cama, se levantó de golpe y miró a su amiga en la cámara—. Yo también me sorprendí cuando la vi, trabaja en el hotel donde me estoy hospedando.
—No te lo puedo creer. ¿Y te dijo algo, te insultó?
—Para nada, fue una conversación de esas que tienes con tus amigos, con tus allegados… ¿Si me explico?
—Claro, entiendo, o sea que…
—Fue una conversación totalmente madura, ella ha cambiado mucho, Chris. Y, a diferencia de Jason y Selena, ella es la única que, a mi juicio, merece una segunda oportunidad —explicó Madison, Chris asintió dubitativo—. ¿Tú que has hecho hoy?
—Bueno, pues… —De pronto, Valery que estaba con él le llamó para ducharse y Madison elevó una ceja al tiempo que abría la boca en forma de “o” por la sorpresa que aquello le causó—. Pasé el día con Vale y en un rato me iré a la casa, mamá ya está preguntando por mí, sabes cómo es de sobreprotectora —Agregó Chris nervioso.
—Mejor hablamos luego, Chris —soltó Madison y enseguida colgó.
Recordó entonces las palabras de Kendra durante la cena acerca de Chris. “Ese hombre te adora, ¿cómo no te diste cuenta de eso?”. Llegó a preguntarse si realmente Christian la amaba o sentía algo por ella, luego esos pensamientos desaparecieron al recordar lo ocurrido en la llamada. Él no solo pasó el día con Valery, la verdad es que para aliviar su dolor, se embriagó y se acostó con ella.
Pero lo que no sabía Madison era que Christian estaba arrepentido de tener sexo con Valery porque Christian más que nadie sabía que Valery estaba enamorada de él y no podía corresponderle como ella merecía. Christian estaba enamorado de Madison, aunque para él, ella era como una estrella inalcanzable, pero estaba dispuesto a todo por alcanzarla. Madison despejó su mente de aquellos pensamientos y decidió dormirse. No quería perder energía en cosas que ya no podía cambiar. Chris no estaba allí para aclarar las cosas, si es que realmente estaba enamorado de ella. Su objetivo ahora era la asesoría editorial. En su mente taladraba el recuerdo de las burlas que recibió en el pasado y quería callar la boca de todas esas personas. Pensó en eso hasta quedarse profundamente dormida.