El primer día resultó ser bastante revelador. De hecho, más de lo que le habría gustado admitir. Primero se reencontró con Kendra Russell, una de las chicas que más bullying le hizo en el colegio. Saber que ella tenía una hija con el hombre que una vez la enamoró e hizo daño la dejó atónita. Para colmo de males, darse por enterada de que sus mejores amigos estuvieron juntos fue un golpe bajo. Se sintió traicionada. Recordar las palabras de Kendra sobre los sentimientos de Christian no fue lo mejor que pudo hacer. Quería llamarlo y saber si era verdad que él estuvo enamorado de ella o si todavía lo estaba. Necesitaba aclararlo todo, por el bien de la amistad entre ambos.
Esa mañana se levantó gracias al despertador que colocó a las siete. Se dio una ducha, se arregló con las mejores prendas que llevaba consigo y bajó al restaurante del hotel para desayunar, aún estaba a tiempo para la cita. Le parecía mentira que apenas hacía un mes que acordó la cita vía correo electrónico con el editor ¿O fue con su asistente? Aún no lo tenía claro. En fin, Madison tenía grabadas las palabras textuales del último mail: «Nos vemos en un mes, Madison, ya deseo que llegues para conocerte a ti y tu trabajo».
Sin conocerla, Ethan Schmidt la había tuteado y eso, aunque no lo reconocía, produjo la aceleración de los latidos de su corazón. Sus recuerdos se disiparon cuando el mesonero llegó a su mesa con el pedido. Desayunó con prisa y con calma a la vez. Estaba ansiosa y no era para menos. Al terminar de desayunar, dejó el pago en la mesa y salió en dirección a la línea de taxis.
—Por favor, al edificio S&M Editions —articuló Madison sin titubeos, el hombre la miró asombrado y subió al auto detrás de ella. Gracias al cielo, no demoró mucho. Cuando estuvo en su destino, Madison pagó el taxi y bajó del auto con más prisa que antes. Ahora su único objetivo era llegar a la oficina de Ethan que se encontraba en el último piso. Por tanto, debía tomar el elevador. Madison le tenía pánico a los elevadores y ese momento era el indicado para vencer el miedo de una vez por todas. La rubia que estaba en la recepción le dio una sonrisa y le preguntó si necesitaba algo. Madison le explicó que ella estaba citada para ese día con el editor. Madison indicó los datos y la recepcionista buscó en la agenda de Ethan las citas de ese día.
—Sí, aquí está. Su cita es a las nueve de la mañana, señorita Stone, puede sentarse y esperar su turno, aún queda media hora —le indicó la rubia con la misma sonrisa amable.
Madison estaba tan nerviosa y ansiosa que no resistió las ganas de comer algo. Sacó su galleta de soda, la que compró la noche anterior en el restaurante del hotel y comenzó a comerla acompañada de un jugo de naranja. Pero el frío, los nervios y el líquido eran una pésima combinación. Madison de pronto sintió ganas de ir al baño y preguntó a la recepcionista por su ubicación y acudió. Una vez dentro, apoyó sus manos en la repisa y se miró al espejo. Inhaló y exhaló tres veces, y trató de calmarse. Mas las ganas de hacer p¡p¡ no disminuyeron.
Entró a uno de los cubículos vacíos y allí se bajó el jean que vestía esa mañana, uno que definía bien su figura. Con las manos temblando, bajó su panty y se sentó en el toilet. Sintió que descansaba y al terminar se levantó. Cuando ya se sintió lista para regresar, arregló su cabello, luego se retocó el maquillaje y salió. Al estar de nuevo en la sala de espera, la recepcionista le anunció que el editor ya la esperaba. Ella se sobresaltó a causa de la sorpresa. No era la única en esa sala de espera, los demás la vieron y comenzaron a murmurar entre ellos. Madison no prestó atención. Ella estaba enfocada en una sola cosa: su carrera. No le interesaba lo que los demás pudieran decir sobre ella. Ya después se ocuparía de cerrarles la boca. Eso se tomaría su tiempo, por supuesto. Estaba consciente de que las burlas eran más por ser una mujer de color, pues la mayoría de los americanos solían discriminarlos. Eso no la detendría.
—Oh… —Fue lo único que pudo pronunciar. Sintió que su corazón se le saldría del pecho—. Enseguida voy. Madison tomó sus cosas y se dispuso a entrar. Con los nervios a flor de piel, otra vez, tocó la puerta y escuchó un “adelante”, Madison abrió la puerta y al contemplar el interior de aquella oficina se quedó muda.
De pronto, Madison sintió que se trataba de un sueño. Pensó que no era posible, que debía ser producto de su imaginación lo que estaba viviendo. Pues todo parecía demasiado perfecto para ser real. La contempló con admiración y recordó cuando le dijo a su madre que alguna vez ella publicaría un libro con la editorial más reconocida de todo el país. Su madre creía en el talento de su hija pero no creía posible la publicación ya que la industria editorial tenía mucha competencia. Aun así, Madison Stone nunca perdió las esperanzas. Tenía la fe de que algún día sucedería. Esa misma fe, la llevó a hacerlo realidad y allí se encontraba, en la empresa editorial más reconocida del país con el editor más codiciado de los Estados Unidos.
“Te lo dije, mamá, te dije que algún día lo conseguiría y aquí estoy".
Estaba segura de que, al alcanzar sus sueños, callaría la boca de muchos haters que le dijeron que nunca lograría nada en la vida, que ella se quedaría para vestir santos porque ni siquiera el amor encontraría. Incluso a Jason le dejaría mudo, eso era un hecho. Mientras ella estaba sumergida en sus pensamientos, Ethan Schmidt le hablaba para que reaccionara. Le llamó por su nombre varias veces y agitó las manos delante de su rostro para que volviese en sí.
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