Nuestro último recuerdo.

1776 Words
Los gemidos de la joven se quedaban atrapados entre los feroces labios que la besaban con una mezcla de enojo e impulsividad. Las grandes y calidas manos se enterraban en los regordetes muslos dejando notables marcas enrojecidas, Marcus pellizcaba aquella suave piel presionando, soltando y volviendo a presionar al mismo tiempo que frotaba su cuerpo contra el cuerpo de la emocionada joven y lo oprimía contra el gran árbol que les servía de apoyo. Allí estaban ellos, en medio de aquella vegetación, cubiertos por los enormes árboles que parecían prestarse como cómplices para ocultar aquella situación. Mientras los demás se ocupaban de sus cosas en la concurrida casa de veraneo, no muy lejos de allí, este par daba rienda suelta a la repentina pasión que había surgido. Marcus quien en aquel momento se encontraba perdido debido a la emoción del momento y aquel dulce aroma que desprendía la joven que gemía en su oído, no pudo detenerse más. Su mente se había atrofiado y su sentido común desapareció junto con su auto control. Era un hombre y siendo sincero consigo mismo Pamela Spencer era una chica no solo atractiva sino sensual. Muchas veces se recordó a sí mismo no caer en su juego pero cada vez que aquella coqueta chica se acercaba con su voz melodiosa o algún truco seductor, se le hacía una tarea difícil. Finalmente, después de tanto contenerse, había caído en aquel abismo que tanto temía. Olvidó el afecto fraternal y se dejó guiar por el deseo carnal. Ahora se encontraba allí tocando descarada y desesperadamente los firmes senos de la joven que una vez consideró como una hermana. Llevándolos a su boca, lamiendolos, dejando un rastro húmedo sobre ellos y una huella de sus pasos. Todavía no podía creer que le estaba haciendo ese tipo de cosas a la chiquilla que siempre corría tras él para jugar. Ahora, no era una chiquilla, era una mujer que gemía excitada y envolvía fuertemente sus piernas alrededor de su cintura mientras disfrutaba de sus besos y lamidas. - Más…- Gimió al oído del pelinegro.- Tócame más. - ¿Por qué no puedes parar de provocarme.- Apretó el trasero de la chica y luego propinó una mordida en su hombro provocando un repentino chillido. - No tienes que contenerte.- Su tono de voz era suplicante.- Ya he hecho esto…Si te preocupa que sea una inexperta…- La mano de su contrario cubrió su boca. - No quiero escuchar tus experiencias con otro.- Sus ojos brillaron y su voz se volvió profunda.- De alguna manera, imaginarme eso me molesta. Habiendo dicho esto, tomó el cuerpo de la joven y sin importarle en el lugar que se encontraba, la recostó en el suelo. A ninguno les importó la molesta grama puntiaguda, el alboroto de las aves o el olor a pasto, solo se enfocaron en lo que ambos estaban experimentando. Sus cuerpos empezaban a comprimirse entre sí adhiriéndose como si tuvieran un magnetismo único. Rozándose, sintiendo como cada parte de ellos se conectaba entre sí de aquella forma tan ardiente. Él se volvía cada vez más invasivo, enterrándose entre las largas piernas, frotando su dura erección contra su zona íntima, tocando sus senos, lamiendolos, dejando el húmedo rastro de su lengua por toda la blanca piel. Golpeándola con su cálido aliento, provocando espasmos, gemidos, reacciones excitantes. Ella se volvió permisiva, abriendo aún más sus piernas, permitiendo que su zona entrara en contacto con aquella dureza que se oprimía cada vez más provocando un dulce placer. Tirando hacia abajo del oscuro pelo, incitando al hombre sobre ella a seguir lamiendo y mordisqueando cada parte de su cuerpo. De nuevo ambos habían cruzado la línea trazada entre ellos, esta vez no fue con un simple beso, fue de una forma más atrevida y candente. - Tomame.- Pidió con voz suplicante y casi perdiendo el aire.- Hazlo aquí mismo, justo ahora. - No sigas.- Volvió a cubrir la boca de la joven con su mano y susurró sobre ella entre jadeos.- Deja de provocar. Bajó su mirada al sentir como la joven empezaba a mover sus caderas al mismo tiempo que su cálido aliento se filtraba entre sus dedos. Era más que claro para él que ella lo estaba pidiendo a gritos pero aunque había cruzado de forma peligrosa aquella línea trazada, aún trataba de mantener su cordura. Por un instante quiso retirarse, detener esa situación pero el descarado movimiento de la joven acompañado con sus sollozos de nuevo lo hicieron perderse. Fue así como Marcus Parker se quedó en aquella misma posición, oprimiendo su dureza contra la inquieta joven que seguía en su labor. Solo se quedó allí observando los llorosos ojos, sintiendo el cálido aliento filtrarse entre sus dedos y sintiendo como la húmeda lengua se deslizaba suavemente en su mano. Era una escena bastante erótica y atrayente, tanto que logró robarse la última pizca de razón del mayor. Ya para cuando había regresado en sí, la joven debajo de él aun con su ropa desaliñada y sus puntiagudos senos al aire, jadeaba con una enorme sonrisa de satisfacción y aquella extraña humedad podía sentirse desde la parte interior de su ropa. Aterrado, lleno de pánico y con una gran culpa, Marcus Parker se levantó y salió a toda prisa de aquel lugar. Ni siquiera miró hacía atrás, no podía ver a Pam al rostro luego de lo que le había hecho. De nuevo había cometido un error y la había arrastrado con él. Marcus se alejó de allí lleno de culpas mientras se maldecía a sí mismo sin percatarse que tras de él, quedaba una sonriente y satisfecha Pam. **Tiempo presente** - Señorita Spencer ¿Donde colocamos los maniquíes?.- El joven ayudante caminaba tras Pam. - 5 de ellos deben ir en la parte delantera y los otros 3 por favor colocalos en mi oficina, yo me haré cargo.- Sonrió. - De acuerdo. - Ya es pasado el medio día.- Observó su reloj.- Deja los maniquíes para después, tú y los demás vayan a almorzar. - ¿Le gustaría venir con nosotros?.- Una joven se acercó a ellos. - No.- Pam negó con una sonrisa.- Voy a quedarme para atender algunas cosas.- Tomó su bolso y pasó su tarjeta a la joven.- Vayan a comer, asegúrense de comer bien. - Gracias jefa.- El joven sonrió con emoción. - ¿Quiere que le traiga algo? - Yo más tarde iré por algo de comer.- Agitó su mano.- Ahora vayan, quiero estar un momento a solas. Pam había empezado con los preparativos de su estudio, quería empezar cuanto antes a ejercer su profesión de diseñadora. Lo había postergado antes pero ahora tenía todo el deseo de avanzar, cada día sus ansias de crear sus propios diseños y de elaborar su propia línea de ropa, iban en aumento. Han transcurrido varios días desde su encuentro con Marcus Parker, aquel que en lugar de ser sanador y pacifico, terminó volviéndose desagradable. Dos semanas exactamente han transcurrido desde su último encuentro, no se han vuelto a ver cara a cara y siempre que hay algún evento entre ambas familias Pam encuentra la excusa perfecta para no asistir. Dos semanas en las que no ha vuelto a ver el rostro de Marcus Parker pero eso no significaba que el contacto había desaparecido del todo. Pam ha tenido que cambiar nuevamente su número telefónico debido a las incesantes llamadas. En aquella situación le parece irónico como tiempo atrás ella era la que llamaba de forma incesante mientras que él ignoraba una y otra vez su llamado. Parecía que los papeles se habían invertido en un giro gracioso del destino. - Por lo visto todo va bien.- La repentina voz a su espalda la hizo girarse con rapidez. - ¿Qué haces aquí?.- Frunció el ceño.- ¿Quién te dijo que podías venir aquí? - No hubiera venido sin avisar si hubiera atendido mis llamadas.- Marcus dio algunos pasos hacía ella. - Pensé que todo había sido dicho aquella noche. - No fue la forma correcta ¿De acuerdo? ¿Crees que podemos hablar ahora? - Creí haberte dicho que no tenemos que hablar. - Pam… - Pamela.- Su tono fue tajante. - ¿Como? - Mi nombre es Pamela, no me llames Pam. Eso solo lo pueden hacer las personas cercanas.- Se agitó cuando el pelinegro tiró de su brazo. - ¿Por qué me has estado tratando como un desconocido desde que regresaste? - Te trato como un desconocido…- Sonrió con ironía.- Porqué eso eres. - ¿Eso es lo que soy?.- Sonrió con enojo. - Así es. - Ese día lo dejé pasar porque puede que yo haya cometido una tonteria.- Tiró de su brazo en dirección hacia uno de los sillones del lugar.- Pero tú y yo tendremos una charla justo ahora. No me parece justo que luego de 2 años… - ¿No te parece justo? ¿Qué ibas a decir? ¿Ibas a decir que no te parece justo que después de haberme largado por 2 años regrese como si nada? - Exacto.- Asintió. - No me hagas reir Marcus Parker.- Se soltó de su agarre.- No pierdas tu tiempo y no me hagas perder el mío.- Apuntó hacía la puerta.- Es tan sencillo como seguir con tu vida y pretender que nada pasó. Yo lo estoy haciendo y me va muy bien. - ¡Pamela!.- Volvió a tirar de su brazo esta vez con más agresividad. - ¿Pam? Ambos se giraron hacia la entrada al escuchar aquella voz. Marcus frunció el ceño confundido al ver al joven de pie en la puerta, luego dirigió su mirada a la chica a su lado. Fue sorprendido por la enorme y repentina sonrisa que se dibujó en sus labios, sonrisa la cual vio por última vez dos años atrás. La mano que sostenía el brazo de la joven se quedó suspendida en el aire en el momento en que esta se soltó de su agarre y corrió hacia aquella persona que repentinamente había interrumpido su discusión. Esa tarde, Marcus Parker vio como Pamela Spencer se colgaba del cuello de otro hombre y como este de forma muy íntima la envolvió entre sus brazos. Fue testigo del repentino cambio de humor de la joven. Apenas unos minutos atrás Pam era inexpresiva y fría pero ahora, con la aparición de este joven parecía una persona nueva. - ¡Danielle!.- Pam lo abrazó con fuerzas y fue debido a ello que se percató como todo el cuerpo de la joven temblaba. - Hola cariño.- La envolvió con más fuerzas entre sus brazos mientras veía al perplejo Marcus.- ¿Me extrañaste? Porque yo sí lo hice.
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