Después de tantas risas y el mal tiempo, Ella lo había invitado para comer al siguiente día. Haberse encontrado de esa forma la había dejado con ganas de seguir en contacto con él, de retomar esa amistad que habían hecho a un lado en cuanto comenzaron sus carreras universitarias.
―Siéntate, estás en tu casa ―comentó la castaña mientras encaminaba a su invitado hacia la sala.
―Gracias Ella, lamento si interrumpo algo.
Los ojos de André se fijaron en la hermana menor de su amiga. La chica estaba recostada en el sillón mientras observaba con atención la pantalla que transmitía lo que parecía una serie.
―No te preocupes, nos ignorará hasta que su programa termine.
―Esta chica dulce de aquí es mi hermana, Ammy. Mucho gusto Ammy, soy el novio de tu hermana ―intervino Ammy a modo de monólogo mientras imitaba erráticamente las voces de las dos personas presentes.
―Ammy el es André, nos conocemos desde hace trece años. Es un A M I G O.
La aludida volteó la cabeza para observar al amigo de su hermana, pero hasta ella podía darse cuenta de que había algo más ahí, jamás había visto a Ella tan alegre con algún invitado.
André avanzó hacia el baño para poder lavarse las manos, pero antes dejó su teléfono celular en un mueble que se encontraba en el exterior. Estaba secando sus manos cuando escuchó su tono de llamada detrás de la puerta.
―¡Alguien te está llamando! ―gritó Ammy mientras seguía derecho por el pasillo hacia su habitación.
André salió corriendo del baño y contestó antes de que su tono de llamada dejara de sonar. Era su madre preguntando por él.
―Oh cariño, dime que la proxima semana sí podrás venir a casa de los abuelos ―fue lo primero que dijo sin siquiera saludar a su hijo.
―Si mamá, por allá estaré la semana que viene. Por desgracia no podré salir antes.
―¿Vas a querer helado? ―preguntó Ella, pero al ver que él estaba al teléfono cubrió su boca y se alejó de ahí.
―¿Estás con una chica?― interrogó su madre con sorpresa.
―Si, bueno no, mamá, es una...
―Debería venir contigo, traela a casa de los abuelos, estarán felices de conocerla.
―No mamá, ella no es...
―No seas tímido, debemos conocerla si es algo serio. Espero que nadie esté haciendo a mi niño perder el tiempo.
―Es Ella y no es...
―¿Ella? La nena de la preparatoria debe ser. Que bellísima pareja hacían los dos. Debes hacer que venga.
―Dios no, Ella y yo no somos nada, por favor no empieces con tus cosas mamá.
―Pásame a Ella, le voy a decir que venga contigo.
Resignado a no convencer a su madre, le hizo señas a su amiga para que atendiera la llamada. Tal vez si ella aclarara las cosas, su madre haría caso.
―Buenas noches señora, espero que se encuentre bien ―saludó la chica con timidez.
―Estoy perfecta hija, emocionada con la noticia de la relación de ustedes.
―Bueno sí tenemos una relación pero es sólo...
―Menos mal que me das la razón, ese hijo mío es tan reservado que no me había dicho que estaban juntos.
―Si, la lluvia arreció ayer y hoy está en mi casa, pero es porque recién nos vemos.
―Es perfecto, por eso debes venir a la fiesta del abuelo. Llevar una relación a distancia puede ser muy duro...
―Señora no, nosotros seguimos igual...
―Eres tan comprensiva Ella, eres perfecta para él. Los esperamos aquí la proxima semana.
La señora concluyó la llamada dejando a Ella con un montón de preguntas sin respuesta.
André sólo observaba la escena sonriente, era tal vez por los nervios o quizá porque realmente le causaba gracia ver cómo su madre no dejaba a nadie de los dos terminar las frases. Sólo esperaba que le quedara claro que la única relación existente entre ambos era la de una amistad.
―¿Y qué te dijo? ―preguntó al ver que Ella terminaba la llamada y comenzó a seguirla hacia el sofá.
―Que la proxima semana tengo que ir a ver a tus abuelos ¡Sorpresa! ―levantó las manos y las sacudió con una sonrisa fingida.
Ahora tenía que salir de ese embrollo aclarando las cosas con su autoproclamada suegra. Por más que Ella fuera una persona que observaba todo el panorama para verle el lado bueno a las cosas, esa situacion simplemente parecía no traer nada bueno consigo.
―No te preocupes, llamaré enseguida e intentaré explicar las cosas― resolvió André al ver la preocupación en el rostro de su amiga.
―¿Aclarar qué? ¿Que pasó? ¿Por qué nadie dice nada? Tengan compasión de las personas informativas como yo ―interrumpió Ammy, quien regreso solamente para ayudar un poco a cocinar algo para el supuesto amigo de su hermana.
―No es nada, mi mamá cree que ella y yo estamos saliendo. La invitó a pasar una semana en casa de mis abuelos. Pero arreglaré esto y explicaré lo sucedido.
El chico se alejó hacia una esquina de la sala mientras buscaba entre sus contactos el número de su mamá. Tal vez ella se molestaría porque pensaría que estaba mintiendo, pero no había necesidad de hacer pasar a todos por un momento tan incómodo como ese.
Ella llevó a su hermana hacia la cocina y la puso a lavar los vegetales para la ensalada que acompañaría la carne empanizada. No era la mejor cocinera del mundo pero al menos nadie se había intoxicado con su comida.
De repente la idea de ir a la casa de los abuelos de André despertó su vena de escritora, sacó su teléfono del bolsillo trasero del pantalón y comenzó a escribir una escena de aquel incidente.
«Celeste abrió la puerta de la casa y su jefe entró angustiado trayendo las malas noticias.
―Espere, señor Miguel ¿Que tu madre te dijo qué cosa? ―preguntó ella mientras le ofrecía asiento a su jefe.
―Que espera verme en la casa de vacaciones con mi prometida.
―¿Qué prometida?
―¡Usted! Ella cree que todo este acto de la secretaria y el jefe es una mentira, piensa que nosotros estamos saliendo.
Ahora el panorama estaba más claro, una confusión había desembocado en una mentira...»
―Ella, Ella, reacciona.
Ammy estaba chasqueando los dedos frente al rostro de su hermana para traerla de vuelta a la realidad, odiaba cuando su mente volaba hacia alguna de sus tantas historias. Necesitaba con urgencia que viviera alguna de esas aventuras por su cuenta en lugar de inventar esa vida para alguien más.
―Perdona, se me acaba de ocurrir una idea para una nueva historia.
―Eso mismo pensaba, ya que te has olvidado de alimentar a tu hermosa hermanita y a tu "no novio mejor amigo" que está angustiado en la sala.
―Si, si. Dile que en media hora comemos.
La castaña guardó el teléfono en el bolsillo del delantal y puso su atención en las verduras dispuestas en el fregadero.
El aroma a hierba de la lechuga inundó la cocina mientras ella pasaba el cuchillo por las hojas para partirlas en cuadros de diferentes tamaños, ahora sólo agregaría unas rebanadas de aguacate, los tomatitos cherry en mitades y los cubitos de queso panela.
Sus piernas la llevaban por todos los rincones de la cocina buscando los ingredientes, el agua hervía a sus espaldas esperando a que vaciara un sobre de fusilli.
Finalmente escurrió la pasta, añadió un cubito de mantequilla y lo revolvió todo para que el calor derritiera la grasa. El aroma que inundaba la casa era delicioso.
―¿Tu hermana sabe cocinar? ―interrogó André mientras observaba a su amiga moverse hábilmente en la cocina.
―Sigo viva, señal suficiente de que la comida no es tóxica.
―Bastará con eso.
La realidad era que nunca había visto a su hermana cocinar con tanta pasión para alguien más. Sus platillos nunca llevaban tanto esfuerzo en ellos, pero no lo diría, no allanaría el camino para ninguno de los dos.
En la cocina las cosas marchaban a la perfeccion, después de haber puesto a calentar el aceite sumergió la carne empanizada y esperó el tiempo suficiente para obtener una corteza crocante.
Cuando reaccionó ante todo lo que estaba haciendo, se vio tentada a escribir esas escenas en su nueva novela. En su mente la protagonista estaba cocinando un banquete para el jefe que había llegado de sorpresa con las malas noticias.
―¡Pon la mesa Ammy, ya voy a servir la comida! ―indicó Ella mientras buscaba los platos extendidos en la alacena.
La comida se veía deliciosa y eso le satisfizo a la castaña, el sabor podría diferir pero al menos el aspecto era bueno. Ahora necesitaba el valor suficiente para preguntarle a su mejor amigo sobre lo que su mamá le había dicho, si tan siquiera esta vez las cosas quedaron claras para todos.