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Es un juego

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Blurb

A veces, la monotonía del día a día y la vida rutinaria nos llevan a tomar decisiones sin pensarlo demasiado. Eso es lo que sucedió con Ella.

Un día la joven escritora toma la decisión de mentir para poder vivir la experiencia de una novela romántica en la vida real, no esperaba que las cosas se pusieran tan complicadas, mucho menos que sus sentimientos se vieran sacudidos por todas las circunstancias en las que se vería envuelta con André.

Unas vacaciones inesperadas y la convivencia con nuevas personas llevarán a Ella a vivir la gran experiencia de su vida.

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Semana - 1: Día -7
Con el fuerte sonido de la puerta cerrándose de golpe Ella sale de casa dispuesta a satisfacer los caprichos de su hermana menor. Un bote de helado para disfrutar de la serie que supuestamente verían juntas. Era una comedia romántica, algo sencillo y divertido que su hermanita había comenzado sin que ella lo supiera y que ahora debería empezar a ver desde el décimo episodio. Pasó sus dedos por su corta cabellera para verificar que ésta no se encontrara enredada. Tener el cabello corto no era sinónimo de evitar los nudos en él. ―Tonta Ammy, si no fueras la menor ya te habría echado de la casa ―refunfuñó la castaña mientras sus curiosos ojos observaban a un montón de niños que jugaban con una pelota en la calle. Ahora mismo debería estar trabajando, tal vez estaría desatascando la copiadora o atendiendo llamadas, no cumpliendo los mandados de su hermana. Sonrió pensando en la vida que había dejado unos meses atrás. ¿Trabajadora de oficina? Eso no era para ella, su curiosidad y creatividad era tanta que su cubículo se convirtió en el espacio donde escribió la primera historia que la había orillado a renunciar. Un claxon sonó y ella regresó a la realidad, se apartó de la carretera y subió a la acera para continuar andando. «Esa sería una buena escena para mi libro» puntualizó sin dejar de caminar. Hace mucho tiempo que su vida diaria se había vuelto en su inspiración para muchas escenas de alguna que otra historia. Al levantar la vista pudo observar la puerta de la tienda, asió la manija y la empujó para poder abrir. Un sonido de campanillas alertó su presencia. ―Buen día señorita ¿En qué le puedo ayudar? ―preguntó con amabilidad el tendero. ―Necesito un bote de helado. ―Al fondo está el refrigerador, debe haber algunos junto a las paletas de hielo. Sin agregar nada más ella dio la vuelta y avanzó hacia el refrigerador donde solamente había un bote de helado de vainilla. No importaba que no fuera el sabor favorito de su hermana, lo llevaría de todas formas. El dependiente de la tienda introdujo el producto en una bolsa plástica y lo entregó mientras recibía el dinero de parte de la chica. ―Gracias por su compra, que tenga lindo día. ―Gracias, igualmente. En su camino hacia la salida observó de reojo un frasco con paletas de colores, meditó si eso se le antojaba y al sentir que su boca comenzaba a salivar no tuvo más opción que regresar con el tendero para pedir uno de esos caramelos. ―Una paleta de... verde ―ordenó al no saber de qué sabor era. ―Es de manzana. ―Perfecto. Muchas gracias. Desenvolvió el dulce del empaque plástico y lo tiró en el bote de basura que se encontraba junto a la puerta. El sabor a manzana inundó sus papilas gustativas y ella suspiró con satisfacción, eso era justo lo que necesitaba. Nuevamente se distrajo con las frituras que se encontraban en los estrechos anaqueles y caminó hacia las bolsitas metálicas. Papas fritas de diferentes sabores, cacahuates con algún adherezo extra y otros chuches con sabores exóticos. Unas papas fritas con sabor a queso se atravesaron en su campo de visión y eso la hizo recordar a su mamá. Recién se había ido de viaje y ya la extrañaba, esas frituras eran sus favoritas. En fin, que lo disfrutara, por el momento tomaría las de sabor limón sólo para no compartirlas con su hermana porque sabía que esas a ella no le gustaban. El sonido de la campanilla de la entrada se escuchó por toda la tienda y la castaña tomó rapidamente las frituras para poder pagarlas. Ya no se distraería, tenía que volver a casa antes de que su helado comenzara a derretirse. Iba caminando a pagar cuando su vista se posó sobre las gomas de mascar y las pastillas mentoladas. Era lo último que la haría detenerse, llevaría un pequeño paquete sólo porque a su padre le gustaban. Se reprendió por volver a hacer un gasto innecesario, pero ahora que sus padres se encontraban de vacaciones necesitaba aferrarse a sus recuerdos para no estar pendiente de ellos llamándolos cada dos horas. ―¿Por qué pone lo tentador a la vista? Es un señor muy astuto ―reclamó juguetonamente mientras sacaba el dinero del bolsillo trasero de sus shorts de mezclilla. ―Es para que no estén buscando por toda la tienda. Que tenga buen día señorita. Volvió a hacer su camino rumbo a la puerta pero se detuvo al ver las gotas de lluvia que estaban cayendo en el exterior. Había estado tan concentrada eligiendo las cosas que ni siquiera se había percatado de que había comenzado a llover, no se trataba de una tormenta pero tampoco era una ligera brisa. Abrió la puerta y el viento frío la envolvió de pies a cabeza haciéndola tiritar de forma involuntaria. Mentalmente contó hasta tres y corrió en dirección a su casa. Un relámpago iluminó las nubes dándoles un color morado que asustó a Ella. De un brinco se colocó debajo del toldo de una peluquería dispuesta a esperar a que la lluvia aligerara su ritmo. Otro rayo cruzó el cielo y ella instintivamente abrazó su cuerpo para regresar al interior de la tienda, por lo menos ahí permanecería seca y un poco menos fría. La campanilla sonó y ella siguió avanzando hasta dejar de sentir el frío que entraba por las orillas de la puerta. ―¿Ella? ―preguntó un chico alto y demasiado delgado. ―Es toda una sorpresa verte aquí. Espera un momento, iré a pagar esto y ya te acompaño a casa. La chica hizo un gran esfuerzo por recordar aquel rostro poco familiar hasta que finalmente dio con el recuerdo de sus años en la escuela media. Era André. El chico pagó y caminó hacia la salida para tomar su paraguas n***o. ―Esperemos aquí hasta que los rayos paren, me da miedo que vaya a caer uno en tu paraguas ―explicó la chica deteniendo a su amigo. ―Creo que has visto demasiados videos en internet ―se burló el chico pero dejó que el paraguas se siguiera escurriendo en el suelo. Los dos chicos permanecieron uno al lado del otro contemplando cómo la lluvia caía a raudales en el exterior. Había sido una increíble coincidencia encontrarse en el interior de una tienda que se encontraba de paso para ambos. ―¿Es tarde de botanas? ―preguntó André para romper el silencio. ―Son para mi hermana, Ammy. Ella quería comer helado mientras veía su serie favorita. ¿Tu viniste a dejar la tienda sin producto? André sonrió ante el comentario y alzó una de las bolsas que sostenía en sus manos. ―Necesito comida para esta semana, iré a festejar el aniversario de mis abuelos y necesito provisiones. Después de esa pequeña charla ambos se quedaron callados esperando a que la tormenta eléctrica parara. Sólo así podrían salir de ahí. Un fuerte trueno retumbó haciendo que el suelo vibrara, instintivamente Ella dio un paso para acercarse a André, gesto que no pasó desapercibido por el chico. ―Si nos damos prisa tal vez podamos llegar a un lugar seguro antes de que otro rayo caiga. ―A la de tres vamos, tienes que correr ―advirtió la castaña mientras observaba con determinación hacia el exterior. André jaló la manija para abrir la puerta y así acostumbrarse al frío. Colocó el paraguas al frente para presionar el boton con el que se abría y así atajar la lluvia. ―Dame una bolsa para que podamos correr―solicitó la chica mientras tiraba de una de las bolsas de plástico.― ¡Tres! ―Gritó antes de salir corriendo entre risas y gritos. ―¡Espera! ―gritó André mientras la seguía e ntentaba cubrir sus cabezas con el paraguas. Le agradaba ver que su amiga de hace años seguía conservando esa personalidad deshinibida y alegre. Esos años sin verse no habían arruinado su amistad, Ella seguía siendo la misma chica de hacia trece años. Pisando los charcos de agua y resbalando con torpeza, ambos iban corriendo uno detrás del otro mientras la lluvia los empapaba. El paraguas era inútil, el viento lo había volteado y André lo había soltado sin querer en algún momento durante su carrera. Las risas eran lo único que interrumpía el sonido de la lluvia golpeando todas las superficies, pero pronto los granizos comenzaron a ser lanzados desde el cielo y sus risas pasaron del regocijo a la burla en cuestión de segundos. Los pequeños trozos de hielo golpearon a los dos chicos por todas partes mientras continuaban su trayecto a la casa de la chica. Lo que marcaría el comienzo de su reencuentro

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