bc

Sombras en Zafiro del Sur

book_age18+
0
FOLLOW
1K
READ
BE
family
HE
kickass heroine
drama
kicking
small town
love at the first sight
like
intro-logo
Blurb

Huyendo de un pasado difícil y en busca de un nuevo comienzo, Abril llega al remoto pueblo costero de Zafiro del Sur. Allí es acogida por la Nana Amanda, una mujer de corazón noble que le abre las puertas de su casa y de su restaurante, brindándole por primera vez un amor sincero, trabajo y un refugio seguro.Sin embargo, la paz dura muy poco. Tras apenas seis semanas, la vida de Abril se desmorona con la repentina y trágica muerte de Amanda por un supuesto infarto. Sola y desamparada, Abril queda a merced de Jacob, el hijo de Amanda, un hombre manipulador e inestable que rápidamente deja al descubierto su verdadera y oscura naturaleza. Entre deudas, maltratos y la perturbadora confesión de que él mismo provocó la ruina de su madre, Jacob intenta someter a Abril, amenazándola con dejarla en la calle si no cede a sus exigencias.En el punto más crítico de esta trampa, interviene Arian Sterling: un hombre ermitaño, temido por el pueblo y envuelto en misterio, que vive en una imponente finca sobre el acantilado. Cubierto de cicatrices y tatuajes, Arian irrumpe para defender a Abril de los abusos de Jacob y sacarla de esa casa, ofreciéndole su protección bajo sus propias reglas.Al resguardo de la imponente finca Sterling, Abril no solo hallará la fuerza para sanar las heridas de su dolor y enfrentar la amenaza latente de Jacob; en los brazos de este temible y enigmático hombre, descubrirá por primera vez el verdadero amor: una pasión tan intensa, visceral y leal que iluminará hasta sus sombras más oscuras.

chap-preview
Free preview
Capítulo 1 - "El eco de una mentira."
El estrépito de las ruedas de mi maleta contra el pavimento de la calle principal resonaba como un tamborilero solitario en medio de la tarde. El aire fresco de la ciudad me dio la bienvenida, o al menos eso quería creer mientras apretaba el asa de la maleta con la palma sudorosa. Mi corazón latía a mil por hora, impulsado por una mezcla eufórica de cansancio y expectación. Tras seis meses eternos al otro lado del océano, finalmente estaba de vuelta. Había adelantado mi vuelo exactamente una semana sin avisar a nadie. Quería que fuera una sorpresa perfecta, una entrada triunfal con el diploma de mi beca internacional guardado en la mochila y mil historias metidas en la cabeza. Lograr esa beca de gastronomía en Italia no había sido una casualidad ni un golpe de suerte; había sido el resultado de noches enteras sin dormir, de manos marcadas por quemaduras leves de horno y de cortes de cuchillo aprendiendo el corte julienne perfecto. La cocina siempre había sido mi refugio, mi lenguaje para expresar lo que con palabras me costaba decir. Durante medio año me empapé de las mejores técnicas de pastelería y alta cocina europea, respirando el aroma de la albahaca fresca y la mantequilla tostada en un entorno académico sumamente exigente. Pero ni la mejor receta ni el paisaje más imponente de Florencia lograban mitigar la nostalgia de mi hogar. A lo largo de esos seis meses, lo único que me mantuvo anclada a mi tierra fue el contacto diario con los míos. Mi padre siempre enviaba mensajes breves pero constantes preguntando por mis calificaciones; Gabriela, a quien siempre había llamado mamá con todo el amor de mi vida, me mandaba audios largos contándome los menús de la semana; y mi hermana Melisa, un año menor que yo, no dejaba de pedirme que le llevara ropa de marca y perfumes de las tiendas libres de impuestos. Y, por supuesto, estaba Jhony. Jhony era mi novio desde hacía tres años. Era ese chico atento y sonriente que prometió esperarme con los brazos abiertos. Aunque en las últimas semanas sus llamadas se habían vuelto extrañamente cortas, justificándose siempre con el exceso de trabajo y compromisos familiares, yo me negaba a sospechar nada malo. Pensaba que la distancia simplemente nos estaba pasando factura y que un abrazo sincero al regresar borraría cualquier frialdad. Doblé la esquina de mi calle, reconociendo las fachadas de las casas, los árboles de la acera y los autos conocidos. Sin embargo, al aproximarme a la entrada de mi casa, una sensación incómoda me oprimió el pecho. Había una hilera de autos estacionados a lo largo de la entrada. Música suave y el murmullo de varias voces risueñas cruzaban las paredes del jardín delantero. ¿Una reunión familiar? Pensé, sonriendo con cierta ingenuidad, que tal vez celebraban el cumpleaños de algún tío o una comida de fin de semana. Caminé a pasos silenciosos por el sendero lateral. La puerta principal estaba entreabierta, dejando ver el vestíbulo decorado con globos blancos, arreglos florales y copas de cristal alineadas en la mesa principal. Entré sin hacer ruido, dejando la maleta junto a la entrada para no interrumpir el ambiente. Avancé unos metros hacia el gran salón, lista para gritar «¡Ya llegué!», pero las palabras se me congelaron en la garganta antes de que pudiera emitir un solo sonido. Al fondo de la sala, bajo un arco de flores recién cortadas, estaba Jhony. Vestía un traje impecable y sonreía de una forma que nunca antes le había visto. A su lado, sosteniendo una copa de champaña y luciendo un vestido deslumbrante, estaba Melisa. En el dedo anular de mi hermana destellaba un anillo de compromiso que captaba los reflejos de las luces del techo. Alrededor de ellos se encontraban mis padres y, para mi absoluto asombro, varios de mis amigos más cercanos de la universidad. Todos reían, aplaudían y brindaban. Mi mente se congeló. Intenté procesar la imagen, buscando desesperadamente una explicación lógica, un malentendido, una broma. —Un brindis por la pareja que finalmente hace oficial su amor —escuché decir a uno de mis supuestos mejores amigos, levantando su copa entre vítores. El choque de las copas sonó como el chasquido de un látigo. El aire dentro de mi pecho desapareció por completo. Dando un paso al frente, la voz me salió rota, chirriante, como si viniera de lo más profundo de un pozo seco. —¿Qué... qué significa todo esto? El silencio cayó sobre el salón de manera fulminante. La música pareció extinguirse en un segundo. Todas las miradas se giraron hacia mí con una mezcla de horror y pánico. Jhony dio un paso atrás, palideciendo drásticamente y dejando la copa sobre la mesa más cercana. Melisa, en cambio, solo apretó los labios con una mueca de molestia antes de cruzarse de brazos. —¿Abril? —balbuceó Gabriela, llevándose una mano a la boca—. Tú... tú no debías llegar hasta la próxima semana. —¿Qué significa esto, Jhony? —repetí, ignorando a Gabriela y caminando directamente hacia el hombre que juraba amarme hasta hace apenas unos días—. ¿Un compromiso? ¿Con mi hermana? —Abril, déjame explicarte... las cosas entre nosotros cambiaron mientras no estabas —murmuró Jhony sin atreverse a sostener mi mirada, cobarde, dando otro paso hacia atrás. —¿Cambiaron? ¡Me enviabas mensajes de amor ayer por la noche! —grité, sintiendo la primera lágrima caliente deslizarse por mi mejilla—. ¿Y ustedes? —miré a mis amigos, quienes bajaron la cabeza uno a uno en un cobarde acto de complicidad—. ¿Todos lo sabían? ¿Todos me estuvieron viendo la cara mientras estaba fuera? —No hagas un drama de esto, Abril —interrumpió Melisa con tono altanero, dando un paso al frente con la barbilla en alto—. Jhony y yo nos enamoramos. Tú te fuiste a perseguir tus sueños a otro país y nos dejaste aquí. Él necesitaba a alguien presente, no a una sombra al otro lado del teléfono. Acepta que perdiste y no arruines mi fiesta. —¡Es mi novio, Melisa! ¡Es mi vida! —le espeté, dando un paso hacia ella, pero la figura imponente de mi padre se interpuso entre ambas. Esperaba que él pusiera orden, que levantara la voz contra la injusticia que se estaba cometiendo bajo su propio techo. Pero la mirada que me dirigió no contenía nada de la calidez paterna que yo tanto añoraba. Era una mirada fría, distante y cargada de un rencor añejo que nunca antes me había atrevido a descifrar. —Basta ya, Abril —dijo él con una voz dura que cortó el aire—. No vas a venir a montar un espectáculo en la fiesta de compromiso de mi hija. —¿De tu hija? —pregunté, atónita—. ¿Y yo qué soy? ¡Yo también soy tu hija! Una sonrisa amarga y despectiva se dibujó en los labios de mi padre. Miró a Gabriela, quien simplemente bajó la mirada con resignación, y luego volvió sus ojos hacia mí con una crueldad helada. —Tú no llevas mi sangre, Abril. Nunca la has llevado. El salón entero pareció contener el aliento. Las palabras retumbaron en mi cabeza como un eco ensordecedor. —¿De qué estás hablando? —susurré, sintiendo que el suelo se desvanecía bajo mis pies. —Tu verdadera madre se llamaba Jesica —soltó él, sin un gramo de compasión en su tono—. Era una mujer inestable que me engañó desde el primer día. Tenías apenas un mes de nacida cuando te abandonó en esta casa y huyó con otro hombre, el miserable que realmente es tu verdadero padre. Jesica no quería saber nada de ti, y tu padre biológico mucho menos. Las lágrimas nublaban por completo mi visión. Todo mi mundo, la estructura misma de mi existencia, se estaba desmoronando en pedazos sobre el piso de madera. —Gabriela te crió por lástima, porque era demasiado blanda para dejarte en un orfanato —continuó él, ignorando los sollozos que ahogaban mi garganta—. Pero tú no eres una Ross. Melisa es mi única hija legítima. Melisa es la única que merece todo en esta casa. Así que no vengas a exigir lealtades ni derechos en una familia a la que ni siquiera perteneces. Miré a Gabriela con desesperación, buscando una negación, una señal de que aquello era una mentira cruel para castigarme. Pero ella simplemente mantuvo la cabeza gacha, apretándose las manos en un gesto de culpa silenciosa. En ese instante, como un rompecabezas trágico que finalmente se completa, entendí todos los detalles de mi infancia. Comprendí por qué los mejores vestidos siempre eran para Melisa, por qué sus caprichos siempre eran órdenes, por qué los abrazos hacia mí siempre venían acompañados de un halo de distancia. Nunca había sido favoritismo; era la fría frontera entre la sangre y la caridad. Miré a Jhony, quien permanecía en silencio al lado de la única heredera legítima de la casa Ross, y luego paseé la mirada por las caras avergonzadas de mis supuestos amigos. No me quedaba nada ahí. La casa en la que había crecido no era mi hogar, la familia que amaba no era la mía y el hombre en el que confiaba se había vendido al mejor postor. Sin pronunciar una sola palabra más, di media vuelta. La humillación y el dolor se transformaron en un fuego helado que recorrió mis venas. Caminé con paso firme hacia la entrada, esquivando las miradas furtivas de los invitados. Tomé el asa de mi maleta, la misma con la que había llegado albergando la ilusión de un reencuentro feliz, y crucé el umbral de la puerta principal. Salí a la calle sin mirar atrás, con el corazón completamente destrozado y la identidad hecha pedazos, dispuesta a caminar hacia un futuro incierto, sin rumbo, sin nombre y sin mirar jamás hacia la vida que acababa de morir a mis espaldas.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

La Venganza de la Exesposa Curvy con el Gigoló

read
166.7K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
66.2K
bc

LA BAILARINA DEL MAFIOSO

read
6.0K
bc

Profesor Roberts

read
1.5M
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
62.7K
bc

DOMESTICANDO AL CORAZÓN

read
125.1K
bc

Daño colateral

read
9.6K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook