Sangre, sangre, mucha sangre, tanta y espesa sangre, su mano, su ropa y todo a su alrededor estaba manchado de sangre.
Estaba corriendo y no sabía el porque lo hacía, todo a cada minuto que pasaba se oscurecía, haciendo su alrededor más estrecho y pesado. Su respiración se cortaba con cada zancada que daban sus piernas, su cuerpo ardía y el sudor recorría su espalda como gotas de lluvia.
Tenía miedo, miedo por ese ser que la persiguia, por una silueta que no podía ver ni sentir, sus lágrimas caían a borbotones.
Sentía que estaba cada vez más cerca. Cerca de su final, él ya la tenía en sus garras. Él se burlaba de su miedo, de sus lágrimas, cada temblor en su cuerpo era una batalla ganada para él.
Ella moriría, lo presentía, él la mataría, eso ella lo sabía. Aún se lamentaba el no haberle hecho caso a esas advertencias, que le decían constantemente que se alejara de él, que hulla y no se deje alcanzar del demonio, de ese ser tan cruel incapaz de sentir remordimiento.
La oscuridad se apoderaba de ella, el lugar se hacía más frío, más vacío.
Era como su mirada, se decía.
La sangre empezaba a llenar el lugar y con ella entre sus manos el la aplastaba como si de un insecto se tratase, incapaz de permitirle respirar. Su final había llegado, su trágico final.
Moriría en sus garras, sin opción alguna, sin permitirle luchar por su propia vida.
¿Por qué? ¿Por qué ella? ¿Por que ellos? ¿Por qué ese sería su final? ¿Por qué tuvo que ser ella la causante de derramar tanta sangre? Ese color carmesí que la seguiría por el resto de su vida.
Tantas preguntas sin contestar, tantas respuestas sin coherencia.
Antes de dar su último suspiro unos ojos negros tan profundos y oscuros como la noche, como esa oscuridad que le arrebataba la vida, la veían con burla y lujuria, lo disfrutaba, gozaba de lo que le estaba causando. Le causaba placer ver cómo la vida se le escapaba del cuerpo a un ángel sin culpa alguna, sin haber imaginado que el monstruo estaba más cerca de ella de lo imaginado.
—Mia, solo mía, por siempre y por toda la eternidad - había dicho el monstruo con una voz profunda, como si había sido un verdadero demonio hablándole y no una persona común y corriente.
Tras escuchar esto y cerrando sus ojos, despertó sobresaltada, con la respiración pesada mirando todo su alrededor buscando aquel monstruo causante de esa horrible pesadilla.
La había sentido tan real, aún se sentía prisionera en las garras de ese ser sin rostro.
Lo que Katrine no imaginaba que aquel ser, estaba más cerca de ella, un movimiento y la tendría justo como quería, solo uno y ese pequeño ángel sería solo para él y si tendría que matar en el proceso así lo haría, sin culpa alguna que lo calcoma. Nadie impediría que su precioso ángel sea arrebatada de sus manos.
[...]
Katrine caminaba por los pasillos del instituto algo distraída, no había podido dormir bien esa noche por aquella horrible pesadilla. Sus ojeras eran notorias y lo que ese día adornaba su rostro aparte de esas bolsas debajo de sus ojos, eran esos simples bostezos, el sueño era tanto que tan solo deseaba llegar a su casa y dormir una profunda siesta.
Pero nada de esto la detuvo en buscar a esa persona que con tanto anhelo deseaba ver »Ezra«
Lo había buscado por todo el gigantesco lugar, pero su búsqueda había sido en bano, ya que cuando se topo con uno, la única persona con la que Ezra se juntaba »Andrei Pavlov«
Un chico risueño, pero extraño, con la mitad de su cabello rojizo y la otra mitad negra, con ojos azules y su mirada era adornada con un delineado que le quedaba de lo más perfecto y hermoso, él lo era.
Andrei y Katrine había cruzado muy pocas palabras, no eran que se llevaban bien ni tampoco mal. Ellos eran de esas personas que se hablaban muy rara vez, pero cuando lo hacían nadie diría que eran simples desconocidos.
—Hola Andrei ¿Has visto a Ezra? - dijo la pequeña chica.
—Hola Katrine, no, no lo he visto hoy. Creo que no ha venido al instituto - dijo de lo más simple con una de sus típicas sonrisas, que causaba agrado en él inmediatamente —¿Por qué? ¿Tienes algo que decirle? Además ¿Desde cuándo hablas con el ogro que tengo como amigo? - cuestiono curioso y algo extrañado. Era raro que Ezra hablara con alguien más aparte de él, bueno Andrei era el único con el cual hablaba.
Y solo lo hacía porque por muy raro que sonará el chico le había caído bien, por su rara forma de ser, Andrei era de esos chico que le caían bien hasta al más aburrido y mal humorada persona del planeta y eso lo había conseguido con Ezra. Aunque esté la mayor parte del tiempo le tratara mal o solo pasaba de él, Andrei aún así soportaba a su amigo y así como Ezra también él pasaba de su absurda actitud.
Ellos dos eran personas completamente distintas, pero que se llevaban bien a su manera y solamente a su manera.
—Bueno, solo tengo que hacer un trabajo con él y entonces... - Katrine hablaba nerviosa como si la hubieran descubierto acabando de cometer un delito —Lo estaba buscando para coordinar el día y la hora, solo eso - sonrió a boca cerrada mirando al chico risueño.
—Ok - río por el nerviosismo de Katrine —Cuando lo vea le diré, adiós tengo clases ahora.
Katrine se despidió de él por igual, agradeciéndole adelantado.
Camino a su próxima clase, pensado en aquel chico de ojos oscuros que por algún motivo llamaba tanto su atención.
Por otro lado Ezra miraba el techo de su habitación, un polvo blanco cubría su nariz, sus ojos estaban totalmente rojos y sus labios le daban una calada al cigarrillo que estaba entre sus dedos, su mente estaba cubierta con solo un nombre »Katrine«
Su ángel, su reina, su tesoro más grande, por la única persona que moriría, a la única persona que amará por sobre todas las cosas.
La necesitaba, la deseaba tanto que ya no aguantaba, no había asistido al instituto solo por no tenerla cerca, por no ver esa hermosa mirada que lo hipnotizaba y lo enloquecia a cada segundo.
Sabía lo tan insistente que podría ser su princesa, la conocía a la perfección y por ese otro motivo no fue, sabía bien que ella estaría detrás de él como una garrapata, como antes lo había sido y que tanto le costó quitársela de encima.
Había sido necesario hacer eso, sabía que tenerla cerca era peligroso para ella, sus demonios podían atacarla en cualquier momento, él podia lastimarla y era lo que menos quería.
Aunque la tan sola idea de ver a su pequeña princesa cubierta de cicatrices causadas por él, lo excitaba de sobremanera. Ver sus dedos marcados en su piel era una idea que lo tentaba y fantaseaba tanto ver sus labios derramar sangre, verla suplicar, verla arrodillarse antes él para pedir su piedad era algo que le quemaba el cuerpo y lo impulsaba en ir en busca de su amada.
Katrine era una droga para él, su droga y la única que consumiría hasta hacerla nada.
Ignalo aquella línea blanca con desdén y se levantó de su asiento saliendo por la puerta de aquella habitación oscura la cuál era testigo de cada crudo pensamiento que tenía aquel chico de mirada vacía.
Se dirigió al hogar de su preciosa amada en busca de satisfacer una mínima parte de su obsesivo deseo hacia a ella.
Escalo un árbol que daba a la ventana de Katrine y lo que vio lo enfureció tanto que deseaba entrar ahí y matarlo a él y castigarla a ella, por dejar que otro hombre tocará lo que a él le pertenecía.
Nikolai besaba a Katrine con pasión y desdén, sus manos tocaban su cuerpo como si con estos toques la proclamara como suya. Ella trababa de que su novio no la tocará más allá de solo besos, pero él tenía otra idea en la cabeza.
Después de que él llegara a su casa con una caja de chocolate, los favoritos de Katrine, y después de haber dado una absurda disculpa por la conversación de aquel día que tuvieron ella y sus amigos, ella lo perdonó gustosa, se decía que había sido algo ilógico a ver dejado de hablarles por una tontería como esa, que en sí ella había tenido totalmente la razón.
Después de hablar un rato con su novio y hacer una que otra cosa habían llegado a esa situación, una sesión de besos, los cuales a ella les fascinaban, pero no pretendía llegar más allá de eso, aún no se sentía lista para ese siguiente paso. Nikolai siempre buscaba la forma de tomar a su novia pero ella en el proceso se lo impedía diciéndole la misma excusa »No estaba lista« algo que lo molestaba y trataba de ocultarselo a su novia, la entendía, sabía bien que no estaba lista pero lo único que le llegaba a la cabeza era que ya tenían un año de relación y Katrine no le sastifacia en ningún sentido. Estaba cansado de los besos, pero eso no quitaba que la amará, lo hacía la quería con su vida, pero él era hombre y eso era lo que Katrine no entendía.
Al menos este era el pensar de Nikolai.
Ezra veía con asco tal escena que le ofrecían los dos jóvenes, tenía que hacer algo para impedir que algo más pasará entre ellos, solo pensaba en que no podía dejar que aquel ser miserable que se hacía llamar Nikolai tocará a su chica, a su mujer.
Aquel chico adentro sus manos por dentro de la blusa de Katrine, ella se estremeció y detuvo la mano de Nikolai que se dirigía a un lugar en específico, lo miro y negó este tendió lo que quiso decir y se retiró de encima de la joven. Ezra al ver tal acción de su princesa sonrió complacido, ella sabía bien a quien tenía que entregarse. Pensaba, mirando la cara de frustración de Nikolai.
Katrine miró a su novio con pena y le dijo la misma excusa a lo que él asintió, sin decir nada salio de la habitación de la chica y se fue de su casa dando un portazo.
Katrine se quedó atónita por aquella reacción que tan solo soltó un par de lágrimas pensado que lo único que quería Nikolai era quitarle su virtud.
Se dirigió a la ventana en busca de un poco de aire fresco y al acercase a ella noto que en un lado de está había una rosa, miró algo asustada a los alrededores buscando algo que le dijese quien había sido que coloco aquella rosa ahí.
La tomo y como aquella vez la miró curiosa, no porque sea una rosa sino porque está rosa era negra, igual a la de ese día.
Salió de su ensoñación cuando su teléfono sonó anunciando un mensaje entrante, lo tomo aún con la rosa en mano y vio de quién se trataba, para su sorpresa era de un número desconocido y lo que hizo que su miedo aumenté fue aquel mensaje que leyó.
“Me gusta que sepas a quien le perteneces, tú cuerpo, tú virtud, son solo para mí, princesa”
Miró la rosa y la tiró al bote de basura y sin responder el mensaje se tumbó en su cama pensando que todo debe de ser una broma de mal gusto de alguien que no tenia nada mejor que hacer, sino que causarle miedo y lo estaba consiguiendo.
[...]
Katrine caminaba somnolienta por la calle, no había descansado bien por estar pensando en aquel mensaje que la dejo inquieta, también pensaba en Nikolai, tenía que buscarlo y hablar con él aunque esté estuviese molesto. Había algo que la tenía inquieta desde que salió de su casa y es que por algún motivo se sentía observada. Había buscando al causante de que se sintiera así pero las calles se encontraban vacías y cuando una persona pasaba por su lado solo pasaba de ella sin prestarle la más mínima atención a su existencia.
—Oye niña - escucho una voz bastante conocida para ella, detuvo su caminata y se volteó viendo al dueño de la voz. Ezra con cara de pocos amigos se acercaba a ella con tranquilidad. Katrine le sonrió de oreja a oreja —Hoy después de clases en la biblioteca - dijo pasando a su lado para seguir su camino.
Ella con cara de sorpresa sonrió, al menos era un paso a su futura amistad y ese paso lo había dado él.
Camino tras él viéndolo alejarse cada segundo, Ezra era una de esas personas que con tan solo un paso ya daban tres gracias a sus piernas largas, pero para pesar de Katrine ella tenía piernas cortas que un paso para ella era solo uno y por esa razón no se esforzaba tanto en alcanzarlo y tampoco quería llegar al instituto toda sudada por a ver corrido.
Katrine buscaba algunos libros en su casillero y al cerrar la puerta de está escucho un grito agudo que la sobresaltado en su lugar, miró con desaprobación a Dasha tocando su pecho por el susto que se llevó de parte de su intrépida amiga.
Dasha se abalanzó sobre Katrine y luego la miró con una sonrisa de oreja a oreja como el gato de Alicia en el país de las maravillas, sonrisa que causó incomodidad hacia Katrine, Dasha parecía una desquiciada mirándola así y añadiéndole esa sonrisa.
—Adivina - dijo ella saltando en su lugar con absurda alegría. Katrine la miró confusa haciendo un ademán de que hablara ya —Hoy habrá una fiesta - chilló, todos en el lugar miraban la escena, algunos con burla y otros mirandolas mal.
Katrine con vergüenza antes tal escena que le estaba brindado su loca amiga empezó a caminar para alejarse de esas miradas.
—¿Y que con eso Dasha? - cuestiono sin importancia alzando los hombros.
—¿Cómo que y que con eso? Pues que iremos a esa fiesta - dijo con emoción abrazándola por los hombros. Katrine negó —Por favor, mi crush estará ahí y necesito ir, tal vez hoy sea el día en que se fije en mí - Dasha la miró con un puchero que la hacía dar pena.
Katrine suspiro rodando los ojos y la miró aceptando, nuevamente Dasha gritó y la abrazo dándole un fuerte apretón.
—Te pasaré a recoger a las nueve - la chica se alejo dando saltitos, llevandose consigo miradas extrañas por las pocas personas que deambulaban por el pasillo.
Katrine negó riendo, quería mucho a su amiga y solo por verla feliz haría lo que sea. A Dasha le gustaba un chico del instituto, pero él ni siquiera sabía de su existencia. Katrine sentía pena por él, se notaba a leguas que era un chico tranquilo, tímido y algo reservado o eso era lo que le daba a demostrar cada vez que lo veía o cada vez que su amiga hablaba de él como si fuera la cosa más tierna en el mundo, por otro lado su amiga era un caso perdido, dos polos opuestos.
Aunque las apariencias engañan, nadie sabía si detrás de esa faceta tranquila había un chico malvado, capaz de dañar a cualquier chica, capaz de lastimar a su amiga, a veces tenía con ese simple pensamiento, no quería ver a Dasha con el corazón roto, con lágrimas en sus bonitos ojos y sin su sonrisa radiante que alegraba sus días, se negaba a verla de esa forma, le rompería la cara a cualquiera que lo hiciera y no le importaría si la que resultará lastimada sería ella, por su familia y por sus amigos haría lo que sea.
[...]
Ezra esperaba con impaciencia a su princesa, trataba de calmar sus pensamientos, no podía permitir que sus demonios lo dominarán, debía estar tranquilo para no causarle ningún daño a ese pequeño ángel.
Katrine llegó algo agitada a la biblioteca, se le había hecho tarde y tuvo que correr para que Ezra no se cansará de esperar y la dejase tirada.
Ella lo saludo al verlo y él con fastidio gruño y se encamino a uno de los asientos de la gigantesca biblioteca.
Ellos empezaron a investigar sobre el trabajo que les había tocado, después de una hora Katrine decidió romper el silencio.
—¿Quisieras ir a una fiesta que habrá esta noche? - preguntó dudosa.
Este sin mirarla se negó, diciendo que no le gustaban las fiestas. Ella decepciona asintió.
Siguió preguntándole cosas como por ejemplo; ¿Que le gustaba hacer? ¿Cuál era su color favorito? ¿Que postre le gustaba? Cosas irrelevantes para Ezra. Que molesto por tantas preguntas y sin contestarle a nada se levantó, yendose del lugar dejando todo por terminado.
Ella tomó sus cosas rápidamente saliendo tras Ezra, camino apresurada llamándolo. Cansado de eso se detuvo y Katrine chocó con su espalda, él se volteó mirándola sobre su cabeza, ella antes tanta cercanía se alejo un poco de él.
—Perdon si dije algo que te molesto - se disculpó avergonzada jugando con sus manos.
—Escuchame bien - se acercó a ella rompiendo los pocos pasos que les quedaban — No quiero ser ni tú amigo ni nada por el estilo, solo estamos haciendo este estúpido trabajo, después de esto no quiero que te acerques más a mí ¿Entendido? - sus rostros estaban bastantes cercas uno del otro, sus respiraciones se mezclaban, Katrine no había escuchado nada de lo que había dicho Ezra. Su mente estaba nublada, y el aliento se le retuvo cuando él miró sus labios lamiendo los de él, como si quisiera saborearla.
Ella cortó la poca distancia que les quedaba y lo besó, ninguno de los dos hacía algo solo estaban ahí con sus boca pegadas. Ambos no podían creen lo que estaba pasando, todo a su alrededor se había desaparecido y solo existían ellos dos. Ezra dio el primer paso moviendo sus labios, dándole un leve mordisco que la hizo jadear y él gruño complacido.
Katrine al darse cuenta de lo que había provocado se alejo de él mirándolo atónita y salió corriendo del instituto, su rostro estaba rojo de vergüenza y la culpa llegó a ella de golpe.
Por otro lado Ezra aún no podía creer que había besado a su ángel que tan solo cerro sus ojos saboreando sus labios, sintiendo el sabor de ella que lo había dejado más que complacido.