"Capítulo 1"
El cielo estaba gris, la lluvia caía como cascada, los truenos hacían saltar de miedo a la pequeña chica que tapada con una manta leía concentradamente un libro de terror, uno de sus géneros favoritos. El miedo que le causaba aquel libro era excitante en algún sentido, el misterio y el suspenso que emanaban cada párrafo, cada palabra eran intrigante, la hacían desear más de ese libro, que por algún motivo llamo tanto su atención en aquella biblioteca y no se resistió a tomarlo, en ese momento supo que no se arrepentiría y mucha razón que había tenido.
Las luces de su habitación estaban totalmente apagadas, solo una linterna la acompañaba en su aterradora pero emocionante aventura entre las palabras del libro, de pronto un estruendo cayo iluminando toda la habitación, la pequeña chica de cabellos corto y color azabache chillo de miedo saltando desde su posición.
Cuando iba a volver a retomar su lectura escucho algo romperse, curiosa y con miedo de que algún ladrón se halla metido a su casa, abrió la puerta de su habitación y se dirigió a los escalones que la iban a dirigir dónde provino aquel ruido, pero no bajo no sin antes tomar un bate de béisbol que le habían regalado sus padres en caso de que alguien quisiera hacerle daño cuando ellos no estuvieran.
Bajo los escalones lentamente y atenta a cualquier movimiento sospechoso. Al llegar a la cocina visualizo una silueta, esta con valentía y sin más, golpeo fuertemente a la persona que irrumpió en su hogar, la persona cayó al suelo soltando sonidos lastimeros, la chica alzo el bate para volver a propinarle un golpe.
—Basta, basta, soy yo estúpida – grito el hombre al ver las intenciones de la chica, ella con pena tiro el objeto al suelo al saber de quien se trataba y luego encendió la luces de la cocina que por el momento solo estaba iluminada por aquel cielo gris.
Corrió donde se hallaba tirado su mejor amigo que tocaba su cabeza adolorido.
— ¿Qué te pasa Katrine? Pudiste haberme matado.
—Mírale el lado bueno, no lo hice – dio una sonrisa exagerada ante la atenta mirada de su amigo, este abrió la boca sorprendido por lo que había dicho Katrine —Lo siento, pensé que eras un ladrón – dijo ya arrepentida y sin ningún signo de broma —Además, es tú culpa por entrar al asecho a la casa donde solo esta una persona y para sumarle leyendo un libro con mucho terror – se encogió de hombros dándole la razón a sus palabras.
— ¡No! Querías matarme, eso querías. Te querías deshacer de esta belleza con cuerpo de Dios – sus gestos fueron exagerados, agregándoles drama en ellos lo que provoco la risa de Katrine.
—Ya deja de lloriquear y ven aquí, déjame ver esa herida – lo tomo suavemente de la cabeza. Por suerte no le había provocado que sangrase, sino hubieran tenido que ir a suturarle la herida que ella misma hizo —No es nada, solo tienes un gran chichón, pero después de ahí todo normal, nada del otro mundo – él la miro con los ojos bien abiertos por lo que ella acababa de decir, a lo que ella le dio una sonrisa inocente mostrando sus dientes.
—No, como crees no es nada, esta todo normal, ¡NO VES PENDEJA, QUE POR TU CULPA TENGO UN GRAN GOLPE, PUEDO MORIR POR ESO! – lloriqueo nuevamente.
—No seas exagerado, no morirás. No por ahora – dijo esto último y en susurro, parándose de inmediato de donde estaba para que su amigo no la matase ahí mismo.
Katrine busco hielo para colocárselo y lo dirigió a la sala para sentarlo en uno de los sofás. Luego de esto decidieron hacer algo para pasar la lluvia ya que no podían salir y no tenían más nada que hacer. Optaron por una maratón de The Walking Dead, una de sus series favoritas y de la que compartían un gusto peculiar mutuamente. Hicieron un mini cine en medio de la sala, con comida chatarra al sus alrededores, se pusieron en posición dándole inicio a su maratón.
Gritos, risas, llanto y suspiros adornaban aquel improvisado mini cine, cuantas veces vieran aquella serie, siempre causa las mismas emociones a los chicos que no despegaban sus ojos de la pantalla. Alrededor de horas el sueño empezó a surgir efecto en los adolescentes que luchaban por no cerrar sus ojos y caer vencidos en los brazos de Morfeo, haciendo este al fin el ganador de aquella ardua batalla.
[…]
Ezra había visto como aquel chico se metía a la casa de la joven. La rabia había surgido en él provocándole unas ganas inmensas de ir allá y hacerlo pedazo, cortar cada extremada de su cuerpo y dejarle en claro que ella le pertenecía. Sabía muy bien que era su mejor amigo y que tenía otros tipos de preferencias, pero aun así n podía impedir sentir celoso hasta de una mosca que se le posase en la cabeza.
Se dirigió a su escritorio y vio atentamente aquellas líneas blancas que se hallaban preparadas para él, se agacho aspirando el polvo blanco, sabía que eso era malo para él, para su cuerpo, pero sentía que era la única forma de controlarse, de calmar a sus demonios que pedían por ella, eso lo hacía olvidar por un momento el monstruo que era, de lo miserable que era su vida y del infierno que pasaba día a día por su mente. Se lanzó a la cama e hizo lo de siempre, pensar en ella y solo en ella.
La había conocido desde los diez años, se había mudado con su padre después de la muerte de su madre. Un día salió a dar un paseo ya que no soportaba estar un minuto más con aquel hombre que lo había engendrado y al llegar a un parque que se encontraba en esa zona la vio a ella, y el tiempo para aquel niño se detuvo en segundos, ella parecía un ángel, con su largo cabello tan n***o como la noche, su sonrisa de oreja a oreja lo hacía olvidar todo lo que había pasado con su madre y su odio hacia su padre, pero lo que lo hizo caer a un pozo sin fondo fue su mirada, tan dulce con tanta inocencia en ellos y se preguntó el cómo una persona tenía tanta inocencia en un cuerpo tan pequeño.
Ella irradiaba tanto, todo lo bueno que habitaba, todo lo bueno que aquel niño de mirada oscura no tenía. Ella se acercó a él con una dulce sonrisa, él nuca aparto su mirada de los movimientos que hacia ese pequeño ángel. Salió de su ensoñación cuando ella lo saludo alegremente.
— ¿Eres nuevo por aquí? –pregunto cuando no vio algún gesto de su parte.
Él sin responderle solo se fue, alejándose cada vez más del peligro que emanaba ella para él, desde ese día nunca más pudo alejarse de su pequeño ángel que lo había cautivado desde que poso su mirada en ella.
—Tú me perteneciste desde ese día, y desde ese día me prometí que serías solo para mí, el que se atreva a meterse en nuestro camino lo pagara caro – declaro recordando la mirada de la chica que lo volvía más loco de lo normal.
[…]
Lunes, el día menos favorito las personas y mucho menos para Katrine, para ella eso significaba tener que ir al instituto odiaba ir, odiaba estudiar y sobre todo odiaba tener que despertar temprano, lo único bueno de ese lugar era que podría ver a sus amigos y a él, Nikolai Stepanov, el amor de su vida desde la infancia y su novio desde la secundaria, cada día pensaba en una vida a su lado, lo quería todo con él, era un chico amable, dulce, bondadoso, inteligente para Katrine, Nikolai era todo lo bueno que habitaba en el mundo, aunque sus amigos no lo vieran así, ellos decían que él no era una persona buena para ella, muchas veces se lo intentaron advertir pero Katrine estaba tan cegada por el amor que le tenia que no les hacía caso a dichas palabras.
Su amor era tanto hacia él que metía las manos al fuego si era necesario, mataría por Nikolai si eso fuese posible. Cualquier persona diría que es algo obsesivo sus palabras y en la manera en que las decía pero para ella solo eran palabras con amor. Un amor toxico que su ceguera no dejaba ver.
Katrine salió de su habitación y bajo los escalones directo a la cocina donde se encontraban sus padres, saludo a ambas parejas que se encontraban cada uno metidos en sus cosas, beso la mejilla de su madre una mujer de cabellos castaños y de ojos azules, luego beso la frente de su padre un hombre imponente y con carácter, de cabello azabaches y ojos iguales a los de su hija, la pareja rondaba por los cuarenta y tantos años, Katrine había sacado los rasgos de su padre pero el carácter de su madre; alegre, introvertida y a la vez extrovertida, bondadosa y tímida, rasgos que hacían que la sociedad la aceptara rápidamente, aunque en algunas situaciones tenía la del hombre, todo lo contrario a su esposa.
Todos empezaron a desayunar tranquilamente hablando de temas irrelevantes como siempre lo hacían todas las mañanas. Katrine amaba esos momentos con ellos, amaba a sus padres aunque ellos casi no tuvieran tiempo para ella pero algo que si tenían era que hacían todo lo posible por tenerlo, aunque sea solo para ir a caminar.
Al terminar se levantó de su lugar, se despidió de ellos tomando sus cosas y dirigiéndose a la salida para luego ir al instituto. La realidad era que no tenía por qué usar un auto, tomar el autobús o utilizar algún tipo de transporte que la llevase al instituto, el lugar le quedaba bastante cerca, además le gustaba caminar y si era sola mucho mejor, para ella era una manera relajante de pensar sobre cosas sin tener que preocuparse por el que la acompañe, ni estar pendiente en escuchar sus conversaciones, solo tenía que estar ella y su momento de tranquilidad.
En el camino se topó con su vecino del frente que caminaba como veinte pasos más adelantados, él siempre le pareció un chico bastante extraño e interesante, siempre había querido acercarse a Ezra pero él en el intento se alejaba ignorándola. Lo único era que no entendía porque su mente le advertía peligro, era como si algo trataba de alejarla de él, algo le decía que Ezra Baranov era un chico peligroso, aunque también las personas en su entorno lo pensaran y lo decían, pero ella solo pasaba e ignoraba esos malos rumores de él, no era quien para juzgar a alguien sin conocerlo.
Pero el problema era que Ezra no era una persona que se dejara conocer fácilmente, es más, él no se dejaba conocer ni mucho menos de su amigo, aunque este ya estaba acostumbrado a él y a su trato así que no le importaba que él sea tan él.
Katrine llego al instituto y visualizo a sus amigos charlando pacíficamente, algo muy extraño en ellos ya que siempre vivían discutiendo hasta por cuantas veces fueron al baño, algo muy divertido para Katrine y a veces fastidioso.
Saludo con muchos ánimos a sus dos mejores amigos, Dasha era una chica de estatura pequeña mucho más que ella, tenía los ojos verdes, usaba antejos muy grandes y que la hacían ver dulce algo absurdo porque ella era todo lo contrario, tenía el cabello rojo como el fuego hasta la cintura, a Katrine le daba jaqueca de tan solo ver su cabello, se decía por qué no le molestaba llevar el cabello tan largo, a ella nunca le gusto el cabello así, siempre lo había llevado corto lo sentía más cómodo y manejable a la hora de peinar y por el otro lado teníamos a Dimitri un joven rubio de ojos verdes y con pecas esparcidas por todo su rostro, algo que lo hacía ver adorable muy favorable para él a la hora de manipular, Dimitri era su amigo desde la infancia lo contrario a Dasha que se habían conocido en un accidente en la cafetería en su primer año de secundaria.
Los tríos eran un grupo inseparable, era muy raro verlos peleados y sin hablarse, pero de inmediato resolvían sus conflictos y volvían a ser los mismo mejore amigos inseparables, se defendía por sobre todas las cosas y su lema era que si caía uno caían todos.
El timbre sonó dando inicio a las clases, el trio fue a su salón correspondiente y entre risas y empujones en bromas entraron a este.
Ya en la última clase de día, donde el desespero abundaba para todos los alumnos que esperaban efusivamente la hora de la salida, Katrine se encontraba en clase de historia una asignatura muy aburrida para ella pero interesante para otro, como por ejemplo para Ezra que se hallaba situado en uno de los asientos de atrás prestando atención a lo que la maestra explicaba.
Tenían que hacer un trabajo había dicho la maestra a lo que todos los alumnos se quejaron incluida ella, a Ezra le había dado lo mismo era bueno en esa asignatura así que en un parpadear lo terminaría, pero lo que no se espero fuera que el trabajo tendría que hacerlo con un compañero y más lo impacto que ese compañero fuese Katrine que al igual que él estaba sorprendida y aunque lo negara emocionada, sentía que esa era una oportunidad para establecer una amistad con él.
Ezra se negaba rotundamente a tener que trabajar con ella, de tan solo imaginar tenerla a su lado se le cortaba la respiración, de tan solo pensar eso su locura despertaba e imágenes no aptas para un cuerdo llegaban a su mente, cosas perversa del como tenerla y lastimarla llegaban a él. No, no quería que ella ni nadie fuese su compañero, podría trabajar solo, se negaba a toda esa mierda que había ideado la maldita de la maestra.
Al sonar el timbre todos salieron corriendo como si fuese el fin del mundo, Ezra se acercó a la mujer de unos cincuenta años, exigiéndole que le quitase el tener un compañero y diciéndole que podría hacer el trabajo solo. La mujer sin duda no negó que podía hacerlo solo pero eso no era impedimento a que ella le obedeciera y le quitase a Katrine como su compañera, él volvió a pedírselo a lo que ella también volvió a negárselo y que si así lo hacía tendrían que reprobarle la materia ya que esa era una nota que definía todo el año y aunque Ezra era el mejor en su clase lastimosamente por no cumplir con lo pedido reprobaría. Él salió furioso del lugar dando un portazo que dejo a la señora sorprendida por su actitud.
Katrine que había visto todo desde su lugar no hizo más que sentirse mal por el hecho que Ezra no quería trabajar con ella, pero de repente dio una sonrisa de oreja a oreja y se propuso que si o si él sería su amigo haría lo que fuese porque Ezra la aceptase, al menos trataría que así fuera. Y lo que caracterizaba a Katrine era que podía ser una chica bastante fastidiosa cuando de algo que quería se tratase.
Se dirigió a la salida, se acercó a sus amigos que miraban con molestia a Nikolai que igual que ellos esperaban a Katrine, ese día habían planeado ir a tomar un helado y como en cada salida que hacían ella había invitado a su novio que aceptó gustoso, algo que la dejo más que sorprendida, Nikolai siempre rechazaba sus invitaciones ya que siempre tenía algo que hacer y porque también él compartía el mismo odio de sus amigos hacia él.
Caminaron hasta la heladería, sus amigos decían una que otras indirectas hacia el joven de ojos grises y cabellos castaños y él no se quedaba atrás.
Entraron al lugar y tomaron asiento cada uno eligió su sabor preferido, cuando llego su pedido empezaron a degustarlo mientras la pareja hablaba de algún otro tema. Cuando Katrine menciono sobre que tenía que hacer un trabajo con Ezra todos en la mesa se quedaron callados y el primero en romper el silencio fue Nikolai que se negaba a que su novia viera a un chico del que todos tachaban como raro, las palabras del joven fueron crudas y eso a Katrine le molesto, él ni otros tenían que hablar así de una persona al cual no conocían ni de lo más mínimo. Dasha y Dimitri le dieron la razón a Nikolai a su pesar, ella, más que molesta y con el ceño fruncido se levantó de su asiento no sin antes decirle que no deben de juzgar a un libro por su portada y que además no le quedaba de otra tener que hacer el trabajo con él y sin más se largó de aquel lugar aunque ellos trataron de impedírselo.
Pobre Katrine no sabía bien que al que ella trataba de defender estaba peor de como la sociedad lo tachaba, no sabía en que se estaba metiendo, el monstruo bajo su cama pronto la atraparía y sería muy difícil de salir de sus garras. Su cazador estaba más cerca de lo pensado y pronto su vida daría un cambio jamás imaginado.
Todo lo que ella creía todo en lo que ella confiaba, todo absolutamente todo cambiaria para mal y se iba arrepentir toda su vida hasta en la muerte de a ver confiado en su verdugo, del demonio que era y siempre será Ezra Baranov.
Cuando había llegado a su casa entro en esta todavía molesta, subió a su habitación y tiro sus cosas al suelo empezando a despojarse de su ropa, entro al baño abriendo la regadera dejando que la lluvia artificial cayera por toda su complexión relajándola al instante y dejando atrás toda su molestia, cuando termino el baño se envolvió en una toalla dirigiéndose al armario por algo cómodo pero algo la detuvo.
La ventana estaba abierta y podría a ver jurado que la tenía cerrada, sin pensarlo más y algo dudosa la cerró, al voltear se asustó por lo que se encontraba en su cama, una rosa negra, pero no se había asustado por eso, sino porque alguien había irrumpido en su morada. Se acercó a tomarla y la miro expectante, se dirigió al bote de basura y la lanzo en esta, con el cuerpo tembloroso se colocó ropa y cerro todo las ventas y puertas de su casa revisando con su bate en mano el lugar, por si aún estaba el causante de su miedo.
Al estar nuevamente en su habitación se acostó y antes de cerras los ojos por el cansancio pensó que seguro fue uno de sus amigo o Dimitri que era el que más entraba a su casa, dejando la rosa como disculpa por lo sucedido ese día, con ese pensamiento se durmió, sin imaginar que el lobo estaba cada minuto más cerca y que pronto la devoraría.