Jeremy SALIMOS AFUERA, el cálido aire de verano de Boston, golpeándonos con su aroma rancio, de fin de día. Estamos en el South End y el sol ha estado horneando las calles de la ciudad todo el día. No es del todo apetitoso, en verdad. Pero Hadley sí lo es. En el siguiente segundo, la tengo presionada contra la pared de un edificio vecino, mis labios chocando contra los suyos. Gime en mi boca, besándome de vuelta con igual ardor. Sus labios son suaves y cálidos y maleables. Entrelazando nuestros dedos, levanto sus brazos justo por encima de su cabeza. Ella sonríe en mi boca, balanceándose sobre las puntas de sus pies. —¿Matará esto nuestro sexy subidón si te digo que este beso ya es mejor que cualquier sexo que he tenido en años? Me río, bajando mi boca a su cuello expuesto y pasando la

