Un nuevo día llegó, despertó con la caricia del sol en su rostro, cuando acabó de parpadear, notó que la habitación estaba más iluminada. Y es que habían sido corridas las cortinas de seda dejando ver un enorme ventanal que no recordaba. Se sentó sobre la cama y lo contempló un rato mientras esperaba la ida de una pereza terrible sacudiendo su cuerpo. Ahora más que nunca se sentía cansada y con lentitud respecto al accionar. Aún así se esforzó en ponerse en pie y caminar hasta el baño. Pudo avistar ahí un cepillo de dientes nuevo, por lo que ató que Burak se lo había comprando. ¿En qué momento? Se duchó, pero al terminar maldijo porque no tenía ropa. Tomó una toalla seca y la envolvió alrededor de su cuerpo. Volvió a la habitación, dio un respingo la encontrarse a Burak ahí, dejaba ropa

