Milenka Romanov, estaba ansiosa de empezar el nuevo año de preparatoria. Estaba segura de que le iría mejor. A diferencia de otros chicos, no importa cuanto se esforzara por dar lo mejor de sí en la clase del profesor Raymond, siempre le iba mal y no lograba sacar la nota perfecta.
Cansada de lo mismo y a sabiendas de que ya sería su último curso en “Bradford” aprovechó de estudiar durante el verano.
Pero…
El señor Price había firmado su carta de renuncia. Aquello significó un gran alivio, de todos modos no se había esforzado en vano porque lo aprendido lo aprovecharía para elevar su promedio flojo.
Todo volvió a dar un giro cuando vio por primera vez a su profesor de física. Y sí que tenía físico el hombre, no parecía real, tenía que ser una broma.
Él estaba ahí, no era su profesor gruñón, no el tipo que dirigía la clase parecía ser de esos posaban para una revista. La verdad es que sí le causó mucha impresión, y tuvo esa espinita en el pecho de que nada estaría bien, todo lo contrario, ese sujeto destilaba mucho al punto de volverse una amenaza para su sistema.