Desperté ya que escuchaba ciertas voces. Estar fuera de la habitación a la cual ya estoy casi acostumbrada, tampoco ayuda. Escuché risas y asumí inmediatamente de quienes eran. James y Jacob. Estire mis brazos y quité la sabana. Tener una ventana del tamaño de la pared no es muy agradable; el sol llega a ser molesto aveces. Fui a la maleta por mi cepillo de dientes, me cepille y en un par de minutos ya estoy bajando las escaleras. Pasos cortos y silenciosos. No quiero interrumpir la alegre conversación entre James y Jacob. Hoy es... ¡El cumpleaños de James! Por poco lo olvido. Me acerqué al comedor y estos dos estaban desayunando, James más alegre que nunca. Una sonrisa plasmada en su arruga cara de abuelo. —Buenos días, lamento interrumpir.—Digo apenada. Jacob lleva un

