Sin palabras

1217 Words

Abro la puerta de la habitación y veo que él camina directo al clóset, cosa que me sorprende; lo sigo y veo a mi niña llorando en una esquina y eso me parte el alma. —¡Príncipe! ¡príncipe! —Princesa, ya estoy aquí, ¡nadie te llevará! Me siento en el piso y abrazo a la niña; ella se aferra a mi cuello y llora. —No puedo creer que este hombre tan frío y arrogante esté sentado en el piso con mi hija en sus brazos, consolándola; es algo tan irreal y absurdo… Yo no pude evitar derramar un par de lágrimas; me dolía mucho ver a mi hija en ese estado. Él susurraba palabras para que ella se calmara; ¿será que tiene hijos y por eso sabe qué hacer? —¿Quieres ir por un helado? Siento que la niña poco a poco se va calmando, luego me observa con sus ojos hinchados de tanto llorar. Joder, me dan ga

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