005.

2014 Words
Sunmi se remolineó en los brazos de Yoongi, despertando. De poco en poco fue abriendo sus ojos, se estiró como pudo y salió de la cama. Yoongi estaba más que dormido, no se había movido ni un centímetro. Anduvo por toda el departamento sin estar completamente en sus cinco sentidos, hasta que dio con el baño del corredor, se lavó la cara y dientes. Había puesto Love On The Brain desde el equipo de sonido, a un volumen muy bajo pero debido al silencio del lugar, se escuchaba delicadamente por todas partes. Sunmi cantaba en susurros. Pasó por la habitación, Yoongi ya no estaba en la cama y al mismo tiempo se escuchó una puerta cerrarse. El baño de su habitación. Sunmi siguió de largo, entró a la cocina y abrió la nevera para buscar unos cuantos ingredientes para un buen desayuno. Entonces se dio cuenta, gracias al reloj digital de la cocina, que pasaban de las 3:00 p.m. Diablos. Cerró la nevera y salió de la cocina. Le preguntaría a Yoongi si quería comer fuera o encargar algo a domicilio. Se quedó sin aliento al dar un paso dentro de la habitación y toparse con Yoongi sentado en el borde de la cama, viéndola. Con temblorosos pasos se acercó, se sentó a su lado y recostó su cabeza en el brazo de él, Yoongi ladeó su cabeza para juntarla con la de ella y buscó la mano de Sunmi con la suya, la entrelazó y apretó, soltando un leve suspiro. — Hey...— Sunmi dijo, sin poder hablar más. Vamos, Sun. Sólo dile que es demasiado tarde para desayunar. — Creí que al despertar, ya no estarías. — Yoongi — Y técnicamente no estabas. Pero me refiero a que te marcharías para siempre... — Yoongi — Por eso mismo, no quería despertar. — Detente, aquí estoy.— Pidió y prometió a la vez. Queriendo convencer a su mente que lo último que había dicho Yoongi no era con doble sentido. Yoongi se alejó un poco de Sunmi, sólo para poder verla. Hicieron contacto visual. El contacto visual más doloroso y sincero en todo ese tiempo que habían estado juntos. El pelinegro se inclinó, capturó los labios de ella y Sunmi empezó a besarlo lentamente, Yoongi le siguió el ritmo, siendo el que lideraba segundos después. Se separaron y juntaron sus frentes. — Sí, pero eso no durará mucho. Ella se irá. Se apuñaló a sí mismo. Y tengo que dejarla. Un relámpago del cielo alumbró la habitación y seguido un trueno retumbó el cielo, Yoongi y Sunmi miraron por el ventanal de la pieza y presenciaron como la lluvia caía a cantaros desde el primer momento. Sus manos aún estaban juntas y cada que el cielo volvía a soltar un trueno, ella apretaba el agarre. No sabían qué hacer en ese momento ni cómo actuar. Ni siquiera tenían certeza que al terminar el día ellos seguirían juntos. Había sido demasiado dolor y sufrimiento recíproco en todo ese tiempo y no se habían dado cuenta. Tal como un jugador de soccer, quien está con toda la adrenalina en el campo y no siente los empujones o golpes que le dan o él da, pero pasados los minutos el dolor que la emoción y adrenalina bloquearon, llega de golpe. Los minutos de Yoongi y Sunmi se habían convertido en dos años. Estaban sufriendo, no podían negarlo. Quédate con él. — No sé qué decirte, no sé qué decirme a mí misma. Yoongi, de verdad estoy cansada. Quiero que todo acabe, pero a la vez que sea infinito. Yo, yo... — Entonces no lo hagas. — ¿A qué te refieres? — No digas nada. Sólo olvídate de todo, ¿sí?— Yoongi se puso de pie, cargó a Sunmi y con ella en brazos fue hasta el respaldo de la cama. La tuvo sentada arriba de él un largo rato, sólo se miraban.— Hay que hacer que hasta el último segundo sea genial. — Yoongi...— Ella intentó detenerlo. No quería escucharlo hablar así, no quería afrontar la realidad. Quédate con él. El pelinegro se acercó a ella y volvió a besarla, tan delicadamente y bajando por el cuello.— Sabes que esto sólo significa una cosa, Yoongi por favor... — Cariño, sólo sigue tu corazón. Sunmi cerró los ojos con fuerza y asintió. Entonces eso haré. Tomó el rostro de Yoongi y lo acercó al de ella para besarlo con fuerza. Yoongi sonrió por su intensidad. Él fue directo a su trasero. Sí, estos chicos no eran del todo calmados y tranquilos. Sunmi delineó la quijada de Yoongi con besos húmedos y ligeros mordiscos, pero se separó para que él le quitara su blusa. Yoongi estaba sonriendo, realmente lo hacía con sinceridad. — ¿Por qué sonríes?— Preguntó ella, sonriendo también. — Porque me haces feliz, Park Sunmi. Sin importar que él tuviera el peor día de todos, que tuviera un problema o que estuviera a punto de terminar lo más cercano a una relación, lo más cercano a la verdadera paz, alegría y peligro que tanto le encantaba... Esa pelinegra rebelde realmente lo hacía feliz. Y siempre iba a estar agradecido. La tomó de las caderas y de un movimiento la tuvo bajo su merced. Sunmi comenzaba a respirar pesadamente. Y antes de cualquier movimiento, ella despojó a Yoongi de su camiseta y con sus manos le acariciaba la espalda, consiguiendo que él respire de la misma manera. Yoongi besó su clavícula, se bajó a los pechos, dejó ahí sus manos, sus dedos siendo traviesos y sus labios haciendo un camino por todo el abdomen. Ahora Sunmi encajando la yema de sus dedos, después las uñas cuando Yoongi fue más abajo. — Maldición, Min Yoongi... — ¿Qué pasa, cariño?— Preguntó inocente mientras la molestaba sobre la tela. La lluvia no paraba y el sonido de ésta se acoplaba perfectamente. Sunmi como pudo se reincorporó, tomó a Yoongi de la costura de su pantalón de chándal y lo hizo sentarse, lo besaba mientras bajaba de estos sólo un poco. Se separó, Yoongi cazándola con los ojos desde el primer instante. Ella se deshizo de su short también, se sentó sobre su duro m*****o, Yoongi sintiendo la humedad. Sunmi sonreía, Yoongi se mordía el labio, queriendo sonreír también, pero luchando con el placentero dolor de su amigo. La pelinegra se quitó el sostén y lo echó a volar, la boca de Yoongi babeando. Él amaba que hiciera eso. Lo rodeó con sus brazos, escondió su cara en el cuello de Yoongi, empezó a besarlo y a moverse al mismo tiempo. Sus torsos juntos, sintiendo el calor el uno del otro. Yoongi quien la tomaba de las caderas, la apretó tanto que dejó sus dedos marcados. — ¿Qué pasa, cariño?— Soltó Sunmi en burla. Su aliento chocando con la piel sensible de Yoongi. — Ahh, mierdaaa... — No seas tan malhablado, Yoongi.— Siguió ella, sus movimientos siendo más profundos. — Oh, Sunmi— Le dio una nalgada, pasó sus brazos tras las rodillas de ella, la giró, estampando su espalda con el colchón y abriendo sus piernas.— Voy a ser el jodido más malhablado por tu culpa. Sunmi se emocionó. Yoongi tenía los ojos sobre ella, ya con sus manos en acción. Sunmi lo tomó de los hombros, lo acercó a ella y lo besó de nuevo. Los fuegos artificiales volaron por todo su cuerpo, estaba convencida que ningún otro había causado ese brote de emociones como Yoongi lo hacía, tampoco nadie lo iba hacer. Era sólo Min Yoongi, siempre sería Yoongi. Quédate con él. Quédate con él. Quédate con él. Se repetía una y otra vez. Casi lo gritaba. Y estaba a nada de ceder, Yoongi no lo decía, pero sus acciones, sus ojos, todo gritaba por Sunmi. Y aunque ninguno lo aceptaba verbalmente aún, su corazón expresaba todo el amor sin vergüenza alguna. Joder, Sunmi. Quédate con el amor de tu vida. * La lluvia no se había detenido. Sunmi miraba las gotas caer con fuerza por la ventana, Yoongi hacía lo mismo. Ella estaba con la sabana cubriendo su cuerpo, sentada recargada en el respaldo, Yoongi recostado en su abdomen. Ambos tranquilos. Sin decir nada. Sin querer hacerlo. Lo que había pasado hace rato había sido asombroso en todos los sentidos, probablemente la vez que los dos pusieron todo de sí. Pero todo se había esfumado, incluyendo los pensamientos optimistas que ambos tuvieron por sus cabezas. Estaban convencidos que sólo había una forma de que todo esto terminara bien. — La chica cursi de mi interior trató de idear e imaginar una alternativa para que nosotros siguiéramos juntos...— Sunmi sonrió para no llorar.— Pero al final, nada iba a resultar. — Lo sé. Mi chiquillo interior intentó convencerme de mandar todo a la mierda y pedirte que seas mi novia, pero... — ¿Qué pasaría después? A pesar de tener buenos momentos, habría celos, discusiones, problemas de confianza tal vez... Nos hartaríamos el uno al otro, y conociéndonos — Terminaríamos odiándonos.— Yoongi suspiró. — Así es.— La voz de Sunmi comenzaba a temblar.— Por eso es que... Me rindo. Yoongi estaba aturdido por lo que acababa de escuchar de la voz de Sunmi, sentía su corazón palpitar tan fuerte que el pum pum retumbaba en sus oídos y un nudo se formó en su garganta. Ella lo miró, sus ojos llenos de lágrimas. Yoongi queriendo golpear algo. ¿Se rinde? ¿En qué? ¿Acaso se puede rendir? Sunmi salió de la cama y empezó a vestirse. Yoongi imitó sus acciones. Aún sintiendo como si todo fuera irreal. Sabía que se aproximaba ese momento, pero no tenía idea de lo doloroso que sería. Ella realmente se está yendo. — ¿Cómo que te rindes? ¡¿Cómo?! — ¡En este juego de mierda, Yoongi!— Ella alzó la voz también.— Perdía la persona que se enamoraba, ¿no es cierto? Esa es la regla principal.— Yoongi la miraba, ella se ponía su blusa ahora y era lo único que le faltaba.— Estoy perdiendo, pero no de la forma principal, así que creo que estoy ganando. — Yo soy el único jodido ganador entonces.— Yoongi se acercó a ella, tomándola de los brazos.— Pero no quiero ganar Sunmi, tampoco quiero perder, ¡mierda! Sunmi lloraba, lloraba tanto que tuvo que refugiarse en los brazos de Yoongi una última vez. Iban a ser infelices después de los primeros meses de la vida de color de rosa. Estaban seguros de esos. Y lo que menos quería Yoongi es que el futuro de Sunmi saliera afectado, ella tenía que triunfar, iba a hacerlo. Además, Sunmi no quería ser un freno en la vida de Yoongi, él iba a lograr éxito como productor, iba a tener muchos eventos y muchas prioridades. Estaban jugando con fuego, era hora de terminarlo. Era hora de extinguir esa llama. Lo mejor era dar el siguiente y último paso. — Prefiero rendirme antes de que me quemes. Entonces Sunmi se alejó de él y salió de su habitación, posteriormente del apartamento. Yoongi miraba perdido por la puerta, incapaz de correr tras ella. No quería hacerlo. Que se vaya. Que se largue. No la quiero aquí. Y como si el monstruo dentro de él lo controlara, empezó a destruir todo a su paso. Arrancó las sabanas que aún tenían el aroma de Sunmi, tiró algunos cuadros de la pared y pateó varios muebles. Tomó su cabeza, retrocedió hasta la pared y se deslizó por esta hasta caer al piso. Por primera vez en muchos años, Min Yoongi estaba partido en lágrimas. Se puso de pie otra vez, a paso lento fue a la ventana y desde ésta pudo presenciar el momento en el que Sunmi corría a un taxi y subía a él. El vehículo estuvo ahí un momento, entonces avanzó y algo dentro de Yoongi se desgarró. Felicidades Yoongi, has ganando el juego... Pero perdiste al amor de tu vida.
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