La sala de observación quedó en silencio apenas la pequeña Karina salió de la mano de su madre. Alina le dedicó una última sonrisa a la niña, que llevaba una trenza algo despeinada y una curita en el brazo izquierdo. La pequeña había sido valiente con la extracción de sangre y le había pedido a Alina que la atendiera otra vez si volvía al hospital. Cosas así, le recordaban por qué amaba lo que hacía… a pesar de todo. Alina suspiró, girando sobre sus talones para quitarse los guantes. El reloj marcaba las 2:15 p.m. Una sonrisa se amplió en sus labios, sabía que Damien iría a recoger a Dante y lo llevaría a comer algo. Soltó su cabello y sintió como su estómago comenzaba a quejarse como si no hubiera probado bocado en días. El turno había sido menos caótico que otras veces, sin casos graves

