El sonido del cráneo del primero estallando aún lo escuchaba en sueños. El cuello del segundo, desgarrado, fue lo último que vio antes de ser arrastrada. Evelyn luchó. Claro que lo hizo. Gritó. Pataleó. Rasgó la carne del hijo de puta que la tomó por el cabello con las uñas. Pidió ayuda hasta quedarse sin voz. Nadie fue a ayudarla. Montgomery esperaba tranquilo. Y cuando la puerta del auto se cerró. Los brazos de aquel degenerado fueron como cadenas. Y el vehículo se convirtió en su prisión. Evelyn sollozó, mientras su pecho subía y bajaba, sintiendo como cada vez era más alejada de la ciudad. Se preguntó dónde estaría su hermano. Rezó porque él siguiera con vida. Pidió a dios que la estuviera buscando y que lo hiciera pronto. El vehículo se detuvo en una casa vacía. Con paredes frí

