68| Un jardín de rosas negras-3

1439 Words

El silencio se instaló un momento. Un silencio respetuoso, lleno de un dolor viejo y sereno. —Lo siento mucho —dijo Alina—. Debiste amarla profundamente —expresó. Lo veía en los ojos de Damien. Y él asintió con lentitud. —La amé —confirmó, sin añadir nada más. Luego, con esa forma tan suya de pasar del dolor al propósito, añadió—: Pero no te traje aquí para hablar de ella. Y extendió una mano, señalando con elegancia una pequeña mesa redonda que se encontraba en medio de ese lugar hermoso. Alina giró la cabeza y la vio. La escena era casi surrealista. La mesa arreglada de forma romántica, con una botella de champagne ya abierta, dos copas de cristal fino, y platos cubiertos que aún esperaban ser descubiertos. Pero lo que rompía con la solemnidad de todo eso era el tiburón de peluche d

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