Erika estaba sentada frente a Alina en su pequeño pero acogedor departamento. Las dos habían terminado de comer algo simple —pasta y vino tinto—, y ahora compartían el postre entre risas suaves, como lo hacían desde que se conocieron un par de años atrás. Alina había pensado como decirle a su amiga que estaba comprometida con Damien. Pero cada que intentaba decir algo, de su boca simplemente no salía nada. Había hablado con Erika sobre Damien, sobre sus sentimientos, incluso sobre el cariño genuino que sentía por Dante, pero el matrimonio era algo que ni siquiera había pasado por su cabeza. Aunque si pensaba a profundidad en su interior, era lo que más deseaba. Era solo que se había negado a decirlo en voz alta. Después de dar un trago más a su copa de vino. Alina levantó su mano de mane

