En la radio se escuchó la voz de Cathal: —Tenemos coordenadas. El evento se celebra en la mansión Ardara. Un sitio antiguo, rodeado de viñedos, cercado por todos lados. Solo hay dos entradas formales… y muchos campos abiertos para que nos acribillen si no lo hacemos bien. —¿Están seguros de que Keegan está ahí? —preguntó Leonardo, desde su camioneta. —Totalmente —respondió Brennan—. Seamus quiere que vayamos. Está preparado. Esto es una emboscada. —Entonces le daremos la guerra —dijo Damien, mirando hacia el horizonte—. Y no saldrá vivo. La tensión se volvió un nudo invisible entre todos. Las ruedas mordían el asfalto con furia, y el rugido de los motores era como una bestia conteniéndose. Faltaban minutos para llegar. Minutos para desatar el infierno. —Prepárense —ordenó Damien, mi

