Mansión Brown – Nueva York La luz del mediodía caía suavemente sobre el ventanal del comedor. Evelyn había abierto las cortinas para dejar pasar el sol, y ahora la casa estaba llena de ese resplandor cálido y acogedor que solo se logra cuando hay niños riendo dentro. Gabriella, con sus cabellos rubios despeinados, estaba sentada en una silla alta que un empleado de la mansión se encargó de conseguir esa mañana, la pequeña golpeaba suavemente la mesa con una cucharita de plástico, mientras Dante, con su cabello oscuro y ojos llenos de curiosidad, jugaba con su tiburón de peluche y una figura de acción. Evelyn los miraba desde la cocina, donde preparaba el almuerzo: pasta corta con salsa de tomate y albóndigas. Un clásico infalible que aunque pudo preparar la cocinera. Prefirió hacerlo el

