El disparo retumbó como una sentencia final. El cuerpo cayó a los pies de Alina, salpicándola de sangre otra vez. Su cuerpo comenzó a temblar, todo era tan irreal, tan sangriento, que parecía una película tétrica. Sin embargo, respiró hondo y alzó la mirada, encontrándose con los ojos grises de Damien. Él la miró con todo lo que era. Mostrándole al hombre que mataba por ella. Enseñándole el monstruo que jamás permitiría que le hicieran daño. Porque si algo tenía claro el mafioso, es que Alina debía presenciar cada parte de su ser, porque si ella lo amaba, tenía que ser por completo, tenía que amar al Damien que era padre y cuidaba de su familia, como también al mafioso hijo de puta que no temblaba para arrebatar la vida de quien se pusiera en su camino. Y entonces, la batalla se encendió

