Después de que Keegan y Selene abordaron la parte trasera de uno de los autos de Damien, el camino transcurrió bajo el cobijo de la noche, y aunque el silencio reinaba dentro del vehículo, era todo menos tranquilo. Selene Valliant mantenía la mirada fija en la ventana, siguiendo con los ojos el paso de los árboles y los reflejos de los faros. Su rostro permanecía impasible, pero su mente era un campo de batalla. No sabía exactamente en qué punto dejó de sentirse prisionera para comenzar a sentirse... algo más. Algo distinto. Algo que ni siquiera sabía cómo llamar. Keegan Donovan, por su parte, mantenía los ojos cerrados, recostado contra el respaldo del asiento. No estaba dormido, no podía. La herida en su costado ardía como si el fuego le lamiera la piel, pero ese dolor no era lo que lo

