—Pensamos que, quizás... —hizo una pausa con intención y una sonrisa que lo decía todo—. Querrías compartir… la cena con tus hermanos. Selene ladeó la cabeza, sin comprender del todo. —Claro. Podemos compartir —dijo ella con naturalidad, viendo la sonrisa de Cathal expandirse. Keegan apretó los dientes, cada vez más molesto. —No. —Su voz fue tajante, filosa—. Nosotros tres no vamos a compartir nada. —La cena, hermano —intervino Brennan con sorna, aunque ya estaba batiendo huevos y cocinando panceta con una tranquilidad que solo podía tener un mafioso acostumbrado al caos. El olor a comida caliente llenó el aire en cuestión de minutos. Brennan cocinaba como si estuviera en la cocina de un restaurante, moviéndose con una precisión casi profesional. Pan tostado, huevos revueltos con ceb

