—Es más… —susurró, sin poder evitarlo, con la voz quebrada por la sorpresa—. Es más grande de lo que creí… Él sonrió. No con arrogancia. Sino con un dejo de algo más salvaje. De algo que solo le mostraba a ella. —Me alegra que te guste —dijo, y sacó de su pantalón un pequeño sobre plateado—. Porque ya lo has tocado. Keegan nunca tenía sexo sin protección. Ni una sola vez. Era un hombre meticuloso, cuidadoso, conocedor de los riesgos. Siempre llevaba un preservativo consigo. Siempre. Pero cuando se inclinó entre sus piernas otra vez, dispuesto a colocárselo, Selene se lo quitó suavemente de las manos. Él alzó la mirada, confundido. Ella lo evitó al principio. Bajó los ojos. —¿Has estado con alguien más últimamente? —preguntó, apenas audible. Keegan no dudó. —Sí. No mentía. No sabía

