Damien Brown le debía respuestas. Y esta vez, no se iría sin obtenerlas. Porque había visto el verdadero rostro de Damien… y lo que era peor, no podía sacarlo de su cabeza. El ascensor se detuvo con un suave pitido en el último piso. Las puertas se deslizaron en silencio, revelando un espacio amplio y elegante que desprendía poder desde cada detalle. Alina dio un paso fuera, sintiendo cómo la tensión se aferraba a su pecho con cada respiración. El pasillo estaba iluminado con una luz tenue, y al fondo, un escritorio imponente de madera oscura ocupaba el espacio. Detrás de él, un hombre alto, con el cabello corto y una expresión fría, levantó la mirada al verla. Sabía quién era. Claro que lo sabía. —¿Alina? —Su voz firme y monocorde cortó el silencio. Ella asintió lentamente. Mientras

