. Al llegar, las puertas de la mansión Bellamont se abrieron con un sonido pesado, dejando al descubierto la imponente arquitectura de la propiedad. Antigua, elegante, con un aire de historia grabado en cada detalle de la estructura. Damien caminaba con paso seguro, aunque su mirada analítica evaluaba cada rincón del lugar. A su lado, Gaspard Bellamont, el patriarca de la familia y padre de la difunta Constance, lo guiaba al interior. El viejo mafioso mantenía el porte recto, con la expresión impenetrable, pero Damien conocía ese tipo de mirada: Esa que le decía que no debía confiarse. Que nadie en ese lugar era de fiar. Varios hombres de la mafia parisina se encontraban dispersos en la mansión. Damien reconoció algunos rostros. No pertenecían a la misma orden, pero había resp

