Antoine ladeó la cabeza, una sonrisa casi imperceptible en sus labios. —La muerte ronda la mafia todo el tiempo. Es parte de nuestro día a día —respondió con una voz más grave, pero tranquila—. Si me sentara a llorar a cada muerto, hace tiempo habría enloquecido —agregó con naturalidad. Su tono no era indiferente. Sonaba resignado. Alina sintió un escalofrío recorrer su piel. Por un momento, entendió mejor a Damien. La mafia no daba respiros. No les permitía un duelo real. Había mucho que ella desconocía de ese mundo, pero cada vez se sentía más sumergida en él. Antoine la observó con una intensidad calculada, esperando su reacción. No sonreía, no intentaba seducirla. Pero el peso de sus palabras se quedó flotando entre ellos, demasiado real, demasiado cercano. —Disculpa

