Su pecho se apretó con fuerza, sus dedos buscaron desesperados los botones de la camisa de Damien, desabrochándolos con rapidez, sintiendo la dureza de sus músculos bajo sus palmas. Lo recorrieron con desesperación, con una urgencia latente. El sonido de la tela cayendo al suelo resonó en el despacho, sofocado por la intensidad del deseo que los envolvía. Alina observó el torso desnudo de Damien. Cada línea tallada en piedra, cada músculo tensado por la expectación El fuego en sus venas no se apagaba. Damien se inclinó sobre ella. —Levanta los brazos —murmuró, su tono profundo y lleno de posesión cuando tomó el borde de su blusa que seguía elevada sobre sus pechos. Alina obedeció sin apartar su mirada de la suya, sintiendo cómo el aire se volvía más pesado cuando él le quitó la prenda

