El placer y el dolor se mezclaron en una combinación exquisita, en un tirón agónico que la hizo morderse el labio con fuerza. Damien gruñó, sintiendo la tensión de su cuerpo, la forma en la que lo apretaba con un calor abrasador, con una humedad que lo envolvía como si lo reclamara. Se detuvo a medio camino, respirando hondo, tratando de controlar el impulso de hundirse de golpe en su calidez envolvente, como un puto animal salvaje. Era un maldito infierno, uno del que no quería salir jamás. —Más… —Alina susurró contra su oído, con la voz temblorosa, necesitada. Damien sonrió contra su piel. Esa era la palabra que había estado esperando. Con un movimiento lento y firme, avanzó más profundo, sintiendo cómo su cuerpo lo recibía, cómo sus uñas se clavaban en su piel, cómo sus piernas se a

