Las luces fluorescentes iluminaban los pasillos abarrotados de camillas con niños enfermos, habían llegado tantos que fue imposible colocarlos en las habitaciones aisladas, el equipo médico tuvo que improvisar y colocar camillas en los pasillos, alojando a los niños que no estaban contagiados en otro piso para evitar más riesgos. El murmullo inquieto de los médicos creaba un ambiente de tensión constante. Alina había perdido la noción del tiempo. No sabía cuántas horas llevaba en pie, cuántos pacientes había atendido ni cuántas veces había sentido que su estómago se apretaba con la incertidumbre. Tampoco supo cuántas veces tuvo que contener el aliento para no derrumbarse ante el recuerdo del niño que habían perdido. Sabía que había perdido la cuenta cuando su reloj marcó las tres de l

