El virus estaba atacando más fuerte. Y no tenían ni puta idea de cómo detenerlo. Alina sintió que el peso del hospital entero caía sobre ella. Dante no estaba mejorando. Los niños seguían ingresando. Los medicamentos estaban fallando. No tenían una cura. Y lo peor era que… No sabían quién había creado este virus ni qué tan letal podía llegar a ser. Alina logró estabilizar al pequeño, ordenó que se le dieran medicamentos. Cuando Alina volvió a la habitación de Dante, Erika la miró con una expresión oscura. —Dante… —murmuró—. No está reaccionando a la medicación. El estómago de Alina se hundió en el suelo. Y entonces lo supo. Esto estaba fuera de control. Y si no encontraban respuestas pronto… Podrían perderlo. —Vamos, campeón —susurró, con la voz rota, sosteniendo su pequeña mano

