Damien sintió un ardor recorrer su pecho. Si era un irlandés, no podía ser otro que O’Connor el líder de la mafia irlandesa. —Hijo de puta —murmuró con los dientes apretados. Aunque no tenían aún la certeza, Damien no tenía dudas, tenía que ser ese irlandés. Jamás habían sido aliados, y Damien sabía que no le perdonaría que los Donovan hubieran abandonado su mafia para unirse a la mafia neoyorquina, —. Busquen a cualquiera en Nueva York con quien pueda estar aliado. Maten a quien sea necesario —gruñó Damien al teléfono. No tenía tiempo para hacer una investigación más exhaustiva y con Dante en el hospital, tampoco podía enviar ahora a investigar a la mafia irlandesa, de alguna forma estaba atado de manos. —Ya estamos en eso —afirmó Leonardo con determinación—. La cacería comienza ahora

