Su mente se nubló, su cuerpo se entregó. Sus uñas se hundieron en los brazos de Brennan, aferrándose a él. Su aliento se volvió errático, mezclándose con el suyo, mientras Brennan la besaba en aquel club. Pero no estaba sola en esa maldita burbuja de deseo. Detrás de ella, sintió otra presencia. Otro calor. Manos grandes, fuertes, seguras, se deslizaron por sus muslos, subieron por sus caderas y apretaron sus pechos. El aliento de Keegan acarició la piel expuesta de su cuello. No tenía que girarse para saber que era él. No necesitaba verlo para reconocer su tacto calculado, su cercanía arrolladora. Keegan deslizó los dedos bajo la tela de su falda, subiéndola lentamente, quemando cada centímetro de su piel con su roce. Mientras sus labios se hundían en su cuello, mientras su lengua r

