Este Damien parecía… jodidamente molesto. Alina se irguió un poco en su asiento, sintiendo que su corazón comenzaba a martillear con fuerza. Damien se detuvo frente a ella, sin decir nada. Solo se inclinó, apoyando ambas manos en el respaldo de la banca, acercándose tanto que Alina sintió su aliento cálido en su rostro. —¿Por qué demonios le dijiste a Dante que no somos novios? Su voz fue baja, pero afilada como una cuchilla. Alina parpadeó rápidamente, desconcertada. —¿Qué? —preguntó, aunque había escuchado bien. —Lo que escuchaste. Damien no se movió. Sus ojos estaban clavados en ella, esperando su respuesta con una paciencia peligrosa. Alina se humedeció los labios, sintiendo su rostro arder. —Porque… es la verdad. No somos novios —dijo Alina con certeza. Damien entrecerró los o

