—¿No puedes estar hablando en serio? —inquirió Mateo mirando con incredulidad a Gael. Sabía que su hermano era un ser frío pero no sabía que esa frialdad llegaba al punto de poner en riesgo los interés de su único hermano con tal de no ver trastocada su tranquilidad y lograr sus objetivos. —¿Acaso me ves riendo?—cuestionó Gael más serio que nunca—. Sabes bien que no soy hombre de bromas, y menos en estas situaciones. —Es que no puedes esperar que otro haga el sacrificio que te corresponde —adujo Moises preocupado por lo que le está exigiendo. Sucumbió la primera vez por no poder contradecir a su madre, pero en esa segunda oportunidad la fría amenaza de Gael lo pone en jaque. Sabe bien que es un riesgo tremendo volver a caer en las trampas del demonio. No es de piedra y todo lo que sint

