Exactamente a las diez de la noche se empezó a escuchar la música a todo volumen por la casa. La fiesta que había preparado Harry iba cobrando cada vez más ritmo y público mientras el tiempo pasaba, al igual que mi tic del ojo, el cual se iba haciendo notar cada vez más. Música, gritos de emoción, voces coreando las canciones, exclamaciones estúpidas. En resumen, una fiesta de Haroldo el simio Styles, también reconocida como «escándalo total» o «mañana estaré con resaca». Ya podía imaginar el desastre que habría a la mañana siguiente. —¡Ugh, cállense!— exclamé desde mi habitación mientras tapaba mis oídos con las palmas de mis manos. Mis palabras eran como un susurro inaudible comparando el ruido de allá afuera. Tenía sueño, quería dormir, y no podía por la simple

