Quería morir de la vergüenza. ¿Cómo explicarme? Me sentía humillada, patética, estúpida, tonta, inepta, ingenua. Además llegaría tarde a clase y todo por culpa de haberlo esperado.
James nunca se presentó a nuestro almuerzo, ni siquiera se dignó a hacerse presente en el casino. Supongo que, quizás, sólo había jugado conmigo al proponerme lo del almuerzo. Sin embargo, lucía ser un chico tan sincero, agradable y simpático, que era difícil pensar cosas malas sobre él.
Cuánto odiaba algunas veces amar tanto a ese chico.
La campana llamó mi atención. El profesor había llegado y yo seguía caminando como zombie con la esperanza de llegar a mi siguiente clase. De todos modos, ¿cuál era el punto de asistir? ¿Para ver a todos mis compañeros? ¿Para que mi historial no quedara manchado por una bobería como hacer la comarca interna? ¿Para anotar lo que probablemente pasarían de materia en esas horas de clase?
Pensándolo bien, debía apresurarme para alcanzar a entrar al salón.
Al entrar a la sala noté que el profesor no llegaba aún y que la mayoría de mis compañeros estaban charlando entretenidos, cada uno con su respectivo grupo de amistades.
Y el profesor no llegaba aún.
Me sentía excluida olímpicamente, como siempre.
Me senté en mi respectivo lugar y esperé a que llegara el profesor, entre maldiciones que le mandaba psíquicamente a James por no haberme acompañado en el almuerzo como me lo había prometido. Estaba enojada. Aunque quizás no tanto. Pero igual un poco.
Me estaba volviendo bipolar.
—Buenas tardes, alumnos— dijo el profesor entrando al aula.
Ya quería que nos hiciera escribir y hacer tarea, al menos que nos entregara suficiente trabajo como para distraerme de haber sido plantada por James en el casino de la escuela.
Aquello me había marcado más que nada, y es que le había dado la oportunidad de entrar a mi burbuja. Y ahora él, al tener acceso a mi parte más vulnerable, me hacía daño. Creo que me estaba deprimiendo cada vez más.
***
Llegué a casa, lancé mi mochila en el sofá del salón de estar y me adentré a la cocina para beber un poco de agua.
Supongo que el hecho de que James me haya dejado ahí, tirada en el casino, sola, sin cumplir su promesa, y provocando que mi estado anímico rozara los suelos por todo lo que restó del día, no había sido tan terrible.
Él tenía su vida, yo tenía la mía, y… todavía no podía comprender por qué me había invitado a almorzar con él.
Y menos podía entender por qué me había dejado plantada.
Quizás le estaba dando mucha importancia al asunto.
—Hola, ñoña— me saludó "agradable" como "siempre" Harry entrando a la cocina.
—Hola, Haroldo— lo saludé mientras le daba otro sorbo a mi agua.
—¿Ahora cambiaste mi nombre?— preguntó él escuchándose ofendido mientras buscaba algo en el refrigerador.
—Lo mismo digo— respondí de regreso y volví a llenar el vaso con agua.
Haroldo el simio sacó del refrigerador un pedazo de pastel y se lo empezó a comer enfrente de mí, provocando que las ganas de algo dulce recorrieran mis venas.
Quería galletas. Mi estómago me lo pedía.
—¿Hay galletas?— cuestioné sobando mi estómago por encima de la ropa.
—Nop, te las comiste todas hoy en la mañana— respondió él sin despegar su mirada del pedazo de pastel.
—Es que te demorabas mucho y me dio hambre…— me quejé.
Un silencio invadió nuestro alrededor.
Quería galletas… y chocolate.
—¿Y qué tal tu almuerzo con James?— preguntó Haroldo sin verme. Claro, ahora era el pastel lo más importante.
Me encogí de hombros a pesar de que no me viera.
—Da igual. Nunca se presentó en el casino— suspiré derrotada.
Y es que James me gustaba en serio. Me había dado esperanzas con lo del almuerzo y luego me las había arrebatado todas al momento de no asistir. Sinceramente me había afectado.
—Quizás estaba con su novia.
HARRY'S POV:
—Quizás estaba con su novia— solté de repente y al ver a Jade reojo pude sentir su tristeza y decepción.
«Oh, genial, magnífico, ¡ahora hazla llorar!» me gritó con sarcasmo mi conciencia. Sacudí mi cabeza para sacar esa voz inquietante e irritante de mi mente. No tenía tiempo para escuchar estúpidas palabras de una estúpida voz que se suponía que era mi "yo" interno.
—Tienes razón— murmuró Jade—. Tiene novia… Por poco se me olvida— dijo desnimada y fingió una sonrisa.
Tomó otro sorbo de su agua y se fue a su habitación, dejándome sólo en la cocina.
Maldición, creo que había metido la pata, y hasta el fondo.
Salí de la cocina y me dirigí a la sala de estar. Busqué alguna película que fuera de comedia y, con una sonrisa inconsciente en el rostro, la puse en el DVD.
JADE'S POV:
Y ahí estaba yo, recostada en mi cama, mientras veía a la nada, y respiraba profundamente cada vez que me acordaba de él; del estúpido de James Blair.
Un toc-toc proveniente de la puerta llamó mi atención. ¿Ahora qué rayos quería el idiota de Haroldo? Me levanté de mi cama a duras penas, luciendo como un desgraciado y triste zombie abandonado, y abrí la puerta de mi habitación, tras la cual apareció un simio alegre y sonriente.
De seguro debía de estar disfrutando de mi tristeza.
El muy… simio.
—¿Qué quieres?— pregunté, muy triste para enfadarme por su actitud alegre y su nula capacidad de empatía.
—¿Me acompañas a ver una película?— preguntó simpático extendiendo su mano en señal de que la tomara.
La miré por medio segundo y, aún con mi expresión neutramente depresiva, me negué cortante. ¿Cómo? Pues diciendo sencillamente:
—No.
El simio suspiró profundamente y cambió su expresión a una un tanto enojada.
—¿No podrías dejar tu orgullo a un lado y ver la película conmigo? Ya vimos una película antes, y juntos. ¿Y qué te parece? El mundo no explotó— dijo él haciendo referencia a la vez anterior que vimos una película aquel día de lluvia.
Un fuerte sonrojo se posó en mi rostro de tan sólo recordar la escena.
—Se ha puesto colorada, se ha puesto colorada…— canturreaba Harold estivalmente y yo le pegué un manotazo en la cabeza con la poca dignidad que me quedaba.
—Cállate— dije frunciendo el ceño y luego suspiré—. De acuerdo, iré a ver la película, pero que no sea romántica, no estoy de ánimos— demandé yo y Harry asintió alegre y satisfecho.
—No pensaba en ver una romántica, de hecho— sonrió de medio lado y extendió su mano nuevamente en señal de que la tomara, insistiendo.
Terminé rechazándola y me encaminé hacia la sala de estar con la cabeza en alto, fingiendo no estar un tanto triste por lo de James. Un suspiró salió de mis labios al recordarlo.
Sólo quería ver la película, irme a mi habitación, y ahogarme en helado de chocolate.