Capítulo 17

1678 Words
JADE'S POV:   Tenía que estar soñando. Estaba hablando con el mismísimo James Blair, mi amor platónico, el único chico que no me insultó durante todos aquellos años de burlas y humillaciones, aquel hermoso y guapo alumno de mi escuela que tenía esos perfectos ojos azules. Era demasiado bueno para ser verdad. De seguro tenía esa tonta cara de enamorada en el rostro, luciendo como una reverenda boba. Pero ni modo, eso era lo que provocaba él en mí.   —Oye, sé que tal vez digas que no pero… ¿te gustaría que almorzáramos juntos?— dijo James rascando su nuca tiernamente y mirándome con esa sonrisa que era dulce y galante a la vez; una combinación única que sólo él lograba crear.   Me pellizqué disimuladamente el brazo izquierdo al escuchar esas palabras provenir de sus labios. He de admitir que me dolió un poco, pero fue lo suficiente como para demostrar que no estaba soñando. Era real. James Blair, uno de los chicos más codiciados por las chicas de la escuela, me estaba invitando a salir.   —Me encantaría— respondí tratando de no tartamudear como idiota.   —Genial— sonrió abiertamente—. Nos vemos— y dicho esto de su parte, con su sexy voz de telenovela, se fue por el pasillo, perdiéndose de mi vista a lo lejos, como una pequeña flor entre la nieve de la montaña.   Esto de estar enamorada me ponía tan poética que hasta me daba miedo.   Un escalofrío me recorrió la columna vertebral y luego, como una estúpida total, brinqué alegremente hasta llegar a mi casillero. ¿Felicidad? ¿Costumbre? ¡No sabía! Pero lo que sí sabía era que estaba flotando en las nubes al tan sólo recordar que aquel día almorzaría con James.   Un chillido ahogado de la emoción salió en mi garganta, mientras daba saltitos estúpidos frente a mi casillero, y agitaba las manos como si estas se trataran de pompones de animadora. Tomé una bocanada de aire intentando calmarme y abrí mi casillero para tomar el libro de mi próxima clase.   Todo se derrumbó ante mí.   Biología. Tenía mi cuaderno de biología ante mis ojos, el libro lo tenía en la mochila, y la prueba la tenía luego de las primeras horas.   ¡Demonios! No había estudiado para la prueba. Sí, es verdad, todos los días anteriores había estudiado un poco de la materia, pero el día anterior al examen era el momento perfecto para refrescar la memoria.   Y yo no había estudiado.   Y todo por culpa del simio idiota que tenía como compañero para las primeras horas de clases. Harry Styles se iba a enterar. Por su culpa había sido que no pude estudiar para la prueba, por haberme echado prácticamente a patadas de la casa para no perder su “popularidad”. Gruñí, furiosa.   Tan increíblemente egoísta.   Tomé bruscamente mi cuaderno, sacándolo del casillero como si me tratara del mismo Hulk, y cerré su puerta tan fuerte que el sonido espantó a la mayoría que había cerca.   Estaba enojada. Y mucho.   Me dirigí con la cabeza en alto por los pasillos, como nunca había hecho y nunca más lo haría, y entré a mi siguiente clase. Al entrar al salón, moví lentamente mis ojos en busca del simio, y ahí fue a parar mi vista, justo en el lugar donde estaba sentado tranquilamente mientras jugaba con un lápiz entre sus manos.   Perfecto. No había ninguno de sus amigos cerca, era el momento perfecto para echarle todo a la cara.   —Harold— dije furiosa al llegar frente a él.   Él me miró por medio segundo, antes de desviar su mirada, frunciendo el ceño y con una mueca que no entendía muy bien qué significaba. Él refunfuñó algo que no entendí porque lo dijo en voz baja y un leve gruñido de sus labios se escuchó en queja.   —¿Qué quieres?— se atrevió a preguntas, el bobo, sin siquiera mirarme.   —Por tu culpa, no pude estudiar ayer para la prueba de hoy.   Me acerqué un poco más a él, para que absolutamente nadie me escuchara, y le espeté furiosa:   —Me echaste de la casa para que James no se enterara de que vivía contigo y por eso no pude estudiar biología por la tarde.   Él resopló.   —¿Qué interesa? Si tanto quieres estudiar biología, vete y dile a tu preciado James que te ayude— respondió, nuevamente sin dignarse a mirarme y con un tono burlón al nombrar a James.   ¿Ahora qué tenía contra James? Ugh, a este chico no había quién lo entendiera. Solté un bufido con molestia y me alejé de Harold, para luego dirigirme a mi asiento y dejarme caer en mi silla. Bien, si Harry no iba a dar la cara, mejor estudiar el poco tiempo que me quedaba. Tomé mi mochila y de allí saqué mi libro de biología para estudiar. De algo serviría repasar, supongo.   Sin embargo, la llegada del profesor no me dejó mucho tiempo, lamentablemente.   ***   Mátenme.   Quería morir. Quería que un zombie se atragantara con los pedazos de mi carne. Quería que un loco con un hacha me destruyera con su herramienta. Quería que el profesor aplazara la prueba. Pero, a pesar de todos mis deseos, estaba casi segura de que ninguno sería posible.   El profesor de biología nos entregó la prueba y rogué al cielo que me fuera bien en este examen. Sí, había repasado en la hora de recreo y de tiempo libre la materia que entraba en la prueba de la asignatura, pero no era lo mismo que estudiar tranquilamente en casa. Ya podían preparar mi funeral, porque sería la primera nota mala de todo mi historial.   —Empiecen— demandó el profesor sentado en su escritorio.   Todos los alumnos voltearon la prueba para comenzar. Estaba nerviosa. Bastante. Y no era de las chicas que se ponían así por todo, pero sinceramente cuando llegaba el momento, no podía evitar estarlo. ¡Hasta se me había olvidado cuál era mi nombre! Suspiré profundo, determinada a calmarme, tomé mi lápiz y empecé la prueba. Oh, Dios.   Empecé a sentir calor, mucho. Mi mano, fría, la dirigí a mi frente, con la esperanza de que el calor se fuera. Mi frente estaba sudando. Estaba mal, muy mal, esto no era normal. Mis piernas comenzaron a temblar y mi respiración ya no era regular. ¡Demonios! Mi tic se hizo presente también y mis ganas de irme corriendo de ahí estaban aumentando. Miré al profesor. Me dijo “mantenga la calma” con los labios. ¿Pero cómo rayos mantener la calma? ¿Cómo quería que yo, que me sentía pésimo, estuviera tranquilo? Y, luego de darme cuenta de que jamás podría calmarme de esa manera, decidí mandar a la mierda la prueba, mi historial y el profesor, levantándome de mi asiento y dirigiéndome casi corriendo hasta la salida.   Quería ir a la enfermería. No, al hospital. Qué va, quería que un zombie viniera y se atragantara con mi carne.   Lamentablemente, no pude salir del salón, ya que me tropecé a la mitad del camino, por sentirme tan horriblemente mal. Ya daba igual. Si me desmayaba, de todas formas mi pésimo estado se dormiría por un rato. Pero, no sabía si fue mala o buena suerte, al momento de tropezar, unos brazos me tomaron desprevenida, evitando mi caída y probable golpiza contra el suelo.   Mis sentidos estaban casi totalmente apagados, por lo que pude presenciar quién era mi “salvador” o qué ocurría a mi alrededor. Sólo sabía que, después de unos minutos, estaba recostada cómodamente en una cama, sobre un colchón cómodo. Un suspiro salió de mi boca. Ahora ya me sentía mejor, mucho mejor.   No supe en qué momento, pero me quedé dormida. Y al despertar, lo primero que vi fue un blanco cielo. Ah, no, era la parte alta de la sala de enfermería. Un gruñido se escuchó de mi garganta, y al intentar moverme para levantarme, una mano me lo impidió.   ¡Un zombie!   No, alto, qué tontería más grande.   Le busqué la lógica al segundo después y al bajar la mirada, me di cuenta de que era el simio. ¡El simio idiota me había llevado a la enfermería! Maldición, debía admitir que era dulce de su parte, pero… ¿por qué se había dormido? Odiaba cuando dormía. Para empezar no me soltaba la mano por nada del mundo porque prácticamente le había enroscado con la suya, después estaba el hecho de que roncaba de una manera muy molesta, y por último el pequeño detalle que no se despertaba ni con un terremoto.   Suspiré. ¿Ahora qué haría para despertarlo?   Lo miré cuidadosamente a la cara y otro suspiro salió de mi boca. Por desgracia, y aunque me costara admitirlo, Harry era guapo, muy guapo. Podía ser un simio idiota, roncar más fuerte que una orquesta y ser un tonto de primera completamente insoportable la mayoría de las veces, pero eso no quitaba el hecho de que su pelo era hermoso y perfecto, que sus ojos color vómito eran los ojos color más lindos que había visto, y que su risa era… adorable. Tan sólo era su actitud de mierda lo que arruinaba todo.   —Eh, Harold— le dije suavemente, mientras picaba su brazo con mi dedo.   Él se removió notablemente incómodo.   —Jade— balbuceó en queja y escondió su rostro en sus brazos, renuente a despertar. Ni modo. Me encogí de hombros y lo tiré de la silla en la que estaba sentado, cayendo al suelo—. ¡Auch!— se quejó haciendo una mueca de dolor y se levantó del suelo.   ¡Y esa era la mejor manera de despertar a un simio, damas y caballeros!   —¿Sabes? Una forma más linda de despertarme sería dándome un beso, digo yo— dijo él, jugando. Volqué los ojos.   —Ya quisieras. Bueno, hay que irnos.   —Podrías darme las gracias— dijo en voz alta al momento en que dejaba el box de enfermería.   —¡Ni loca!—  exclamé cerrándole la puerta en la cara.   —¡Qué dulce!— escuché desde adentro en un tono sarcástico. Harry abrió la puerta para salir igualmente, y la preocupación me embargó de nuevo, sólo que por un motivo diferente.  —¿Qué hora es?— cuestioné. Le echó un vistazo a su celular, el cual guardaba en el bolsillo de su pantalón. —En unos pocos minutos tocará la campana de almuerzo— respondió él volviendo a guardar su teléfono. Me relajé. —Gracias al cielo— murmuré, poniendo una mano sobre mi pecho. —¿Por? —Almorzaré con James— dije tímidamente, sintiendo mis mejillas arder. Harry desvió la mirada y se limitó a decir “Ah” secamente, antes de irse por el pasillo y dejarme sola. ¿Y ahora qué bicho le había picado?
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