Capítulo 6

1095 Words
—Oh, sí, Harry…— gimió una voz femenina subida de tono en la habitación de al lado.   Le di otro mordisco a mi chocolate.   Había transcurrido aproximadamente una hora desde que había perdido a Dusty. La tal Amanda había llegado y estaban en la habitación de Harry haciendo “la tarea”.   Bajé al primer piso para distraerme y ver de paso si encontraba a Dusty. Además de no haberlo encontrado, no había mucho de comer. Terminé regresando a mi dormitorio y comiendo una barra de chocolate que tenía en mi bolso.   Y nuevamente a la actualidad.   Era asqueroso escuchar todo lo que ocurría al otro lado de la pared, sinceramente. Palabras que desconocía, términos que hubiera preferido no conocer, gemidos subido de tono y el incómodo sonido de la cama crujiendo.   Menos quería imaginar la imagen mental. Intenté distraerme estudiando, pero en realidad nadie se podía concentrar con tanto grito en la habitación continua. Los chillidos de Amanda eran irritantes. Pff, tarea… Tarea sus bragas.   Terminé mi chocolate, me levanté de mi cama y fui al baño para botar el paquete. Desde el baño no se oía nada, gracias a Dios (o a la gruesa pared, como prefieran). Tras botar el papel de chocolate al basurero, me quedé en el baño un rato más, esperando que eventualmente los gritos cesaran. Luego de haber pasado quince minutos encerrada en el baño, salí esperando encontrar silencio. Sin embargo, mis pobres oídos encontraron lo contrario: más sonidos incómodos que quería borrar de mi memoria.   ¿Era en serio? No podía creer que se demoraran tanto. Reprobarían laboratorio si continuaban así.   No obstante, al agudizar el oído, me percaté de que no eran gritos de “tarea”, eran gritos de… ¡Dusty!   Amanda no estaba gritando de gusto, sino de miedo. Estaba segura de que era obra del gato; siempre las mascotas eran las que causaban el desastre. Eso o tal vez Amanda por fin se había dado cuenta de lo simio que era Harry y estaba pidiendo auxilio.   Salí de mi cuarto rápidamente y me apresuré hacia la habitación contigua. Sin pensar —como hacía Harry la mayoría del tiempo—, abrí la puerta sin permiso.   Tapé mi boca para reprimir una carcajada.   Imagínense:   Amanda recostada en la cama con la camisa de Harry sobrepuesta para cubrirla, mientras luchaba con Dusty, intentando alejarlo de ella y de su rostro.   ¡Era tan gracioso!   Solté una carcajada inevitablemente al ver que Harry estaba intentando sacar a Dusty también. Dios, definitivamente ese gato parecía haber nacido para atacar a Amanda y hacer la vida de Harry imposible. Reí nuevamente, pero lo suficientemente alto para que la mirada del simio pronto se clavara en mí.   —¿Qué te sucede? ¿No estabas pendiente de Dusty? ¡Te dije que te encargaras de él!— me regañó acercándose a mí.   —¿Qué me sucede a mí? ¡Será qué te sucede a ti! ¡Tú estabas aquí haciendo “la tarea” a plena luz del día! Además, Dusty desapareció y no pude encontrarlo… hasta ahora.   Harry me observó enojado, bastante enojado. Su ceño fruncido no era una buena señal, menos el que su cuerpo se hubiera tensado tan pronto abrí mi gran bocota. Esto no acabaría bien.   —Vete. Ahora— demandó molesto. A veces su comportamiento me hacía cuestionarme si no tenía problemas en lo del control de ira.   Me di media vuelta para regresar a mi habitación, sabiendo que necesitaría mi ayuda para sacar a Dusty de su habitación. Me encerré y me senté en la cama, perfecto lugar desde el cual podía escuchar absolutamente todo lo que ocurría en la otra habitación. Solté una risotada gigantesca cuando escuché a Amanda gritar que el bicho —según ella— le había arañado toda la cara.   Minutos después, la situación se calmó. Los gritos cesaron, ya no se escuchaba el típico “Harry, ayúdame!”, o el “tranquila, bonita” de parte de esos bobos. Ahora todo era paz y tranquilidad. Al menos para ellos, ya que luego de que todo volviera a la normalidad, el simio idiota no encontró nada mejor que hacer que entrar a mi dormitorio sin permiso y dejar a Dusty sobre mi alfombra.   —¿Puedes cuidar a Dusty? Gracias— dijo Harry sin darme tiempo para contestar, saliendo del cuarto rápidamente.   Miré al gato seriamente y él me respondió con un “miau”, provocando que mis labios soltaran un “aww” inconscientemente.   Oficialmente estaba enamorada de un gato destructor de Amandas. Me quedé acariciando las orejas de Dusty mientras escuchaba cómo Amanda se vestía en la habitación de Harry y cómo luego se iba de la casa. Pobre Amanda, probablemente estaba traumatizada de por vida, ya podía imaginarla en el futuro siendo una loca con fobia a los gatos.   Percibí los pasos de Harry subiendo las escaleras, dirigiéndose nuevamente a su cuarto, y luego el ruido de su puerta cerrándose.   Pobre Harold, no había podido terminar “la tarea”.   Me volví hacia Dusty, quien descansaba relajadamente en mi regazo. Era un gatito tan tierno, no podía comprender por qué Harry no lo mantenía a su lado todo el tiempo. Acaricié sus suaves orejitas y ronroneó. Qué dulzura, ¿cómo no amarlo?   —Te llevas bien con Dusty ¿eh?— preguntó una voz familiar.   Alcé la mirada y vi a Harry frente a mí, apoyando su espalda contra el marco de la puerta y sonriendo nostálgicamente mientras observaba con ternura a su gato. Vaya, ¿tan concentrada había estado con Dusty que me distraje del mundo exterior? Ni siquiera había escuchado a Harry abrir la puerta.   —Síp. Es un amor de gato, no entiendo por qué no lo quieres tener cerca todo el tiempo— dije abrazando a Dusty suavemente, provocando un adorable ronroneo por parte del gato.   —Me encanta estar con él— refutó Harry cruzando los brazos.   —¿Y por qué nunca te veo con él?   —Eso es lo que no entiendo— murmuró el simio más para sí mismo que para mí.   Un signo de pregunta se plantó sobre mi cabeza. ¿Me estaba tratando de decir que él no sabía por qué no pasaba tiempo con su propio gato? Hay que ver, esto no tenía lógica.   —Por cierto— dijo Harry tras un momento—, mi mamá me mandó a hacer las compras. Así que vamos.   —¿Por qué debería ir? ¿Te mandó a ti, o no?— susurré renuente a alejarme del gatito. Harry alzó una ceja, sin humor.   —Vamos.   Pero qué pesado…   Dejé a Dusty sobre mi cama y me levanté, haciendo un ademán para que saliéramos de mi cuarto para ir a comprar. Harry no se movió, dándome una mirada extraña de pies a cabeza.   —¿Qué?— dije sin entender. ¿Tenía un moco o algo?   —¿Vas a ir vestida así?— dijo señalando mis pantalones. Asentí, un tanto confundida sobre por qué Harry parecía estar en contra de la idea—. No.   —¿Por qué no?   —Porque me avergüenzas— dijo con obviedad. Parpadeé, sin poder creer que él de verdad había dicho eso en voz alta.   Aquí vamos de nuevo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD