Capítulo 6: Los tres.

4450 Words
Capítulo 6: Los tres. Sebastián organizó rápidamente las compras en las alacenas, no le comenté nada sobre la visita de Anabel y Ulises, pero supongo que me escucho decir algo ya que me informó que había comprado algunas botanas por si quería recibir visitas esta noche. Me sentía bastante avergonzada con él, tener que encargarse de los dos diablillos de mi amiga yo estaría aquí divirtiéndome con ella y su esposo, supongo que mi cara me delató por lo que se me acercó y me dijo. - no se preocupe por nada señorita, estaré bien, esos pequeños me hacen feliz, además, es una forma de entrenamiento mental para un pobre viejo como yo – se sentó en su cama mientras guardaba algunas de sus cosas en una pequeña maleta, al parecer Anabel le había dicho que no regresaría a casa, por lo que él tendría que quedarse toda la noche con los mocosos. - te prometo que te compensaré, piensa en algo que quieras que no tenga que ver con alcohol y te lo conseguiré – le respondí con seriedad mientras me apoyaba en el marco de la puerta de su cuarto. - hummm… no se me ocurre nada señorita – responde dubitativo, cerrando la maleta y levantándose – solo… que no vuelva con el idiota del señor Leonel – alzo la vista a sus ojos marrones, me miran con preocupación, internamente sonrió enternecida. - no creo que sea posible… porque lo dices? – me parto de la puerta y busco su chaqueta, en la sala, trato de que mi tono sea indiferente, no quiero que se dé cuenta de la tristeza que me embarga, no por Leonel, si no por lo mucho que me gustaría tener un padre como él. - estoy seguro que anda tramando algo, al señor Leonel no le gusta perder, temo que pueda hacerle daño –aprieto la chaqueta y respiro profundo – gracias – dice mientras le entrego la chaqueta y nos encaminamos a la puerta. - no soy tan débil, ni tan estúpida como para creer que todo esto de la película no es alguna artimaña suya, pero hasta que no muestre sus cartas no podremos saber que trama… - le respondo con los brazos cruzados y una ceja alzada llegando al umbral, Sebastián me da la espalda y pienso que no me dirá nada más, se gira con una sonrisa dulce en los labios. - lo sé, eso es lo que más me preocupa…– aprieta los labios debajo de su bigote perfectamente peinado, sé que quiere decirme algo más, pero se limita a sonreír de nuevo – que tenga buenas noches señorita Aurora.  - llamame si necesitas que te rescate – respondo sonriendo, suelta una carcajada y se despide de mi con la mano mientras se aleja. “realmente me hubiese gustado tener un padre así…” pienso mientras entro nuevamente a casa, dejando una solitaria lagrima rodar por mi cara, la limpio con el dorso de mi mano, encaminándome de nuevo al despacho, tengo que preparar todo, empezando por terminar el diseño del traje que vi en mis sueños, por alguna razón siento que debo colocar el dibujo que vi tatuado en esa mano masculina en alguna parte del traje, así que lo coloco en una de las mangas del vestido en forma de bordado, un circulo con la triada dentro y una pequeña cruz invertida en el centro. Luego de terminar tomo una ducha, al salir decido colocarme un vestido rosa, de un solo hombro, ajustado, de falda a mitad de muslo. Una hora después escucho el timbre y me apresuro a abrir, Anabel y Ulises se veían realmente atractivos, ella, con una mini falda roja y una camisa blanca escotada y él con un pantalón de vestir a la medida de color gris plomo y una camisa manga larga de color blanco, su sonrisa era la más ancha que había visto jamás en su cara. Entraron y en seguida le ofrecí bebidas y comida, charlamos un poco los tres en el sofá en forma de L que se encuentra en la sala, ella parecía cohibida mientras que él parecía desesperado, este par realmente me divertía muchísimo, termino mi bebida y le pido a mi asistente virtual que ponga algo de música para bailar, coloco el vaso sobre la mesita de centro, tomo la mano de Anabel y la llevo al centro de la sala mientras Ulises nos mira. Le sonrío de forma picara y él entiende de inmediato  cambia de lado en el sofá para estar frente a nosotras sus ojos negros se clavan en cada uno de nuestros movimientos. Anabel me sigue los pasos, pero sus movimientos son rígidos al bailar por lo que la tomo por la cintura haciendo que me mire de inmediato. - no pareces tú – le comento mirándola a los ojos mientras nos movemos lentamente, ella pone sus manos sobre mis hombros y baja la mirada – que te preocupa? – - bueno… es que… yo… - balbucea. - no te parece buena idea tener sexo con tu mejor amiga y tu marido al mismo tiempo… - corto sus balbuceos con una sonrisa maliciosa, levanta la cara y me mira con preocupación. - que va a pasar después de esto? Es decir, tu eres mi mejor amiga y no quiero que eso cambie, al igual que mi relación con Ulises, y los… - la callo besándola de repente, ella se congela en mis brazos por unos segundos, la aprieto más hacia mí en cuanto empieza a responder a mi contacto lentamente, me encanta su suave olor a coco. Nos separamos un poco y la miro a los ojos, sus ojos azules son un poco más oscuros, profundos, cargados de deseo, sin pensarlo nos unimos en un beso mucho más apasionado, sus manos acarician mis hombros, nuestras lenguas juegan mientras que mis manos bajan y aprietan sus nalgas, ella suelta un gemido contra mis labios lo que aprovecho para acercarme a su oreja. - que va a pasar? Que vamos a disfrutar como los tres amigos que somos, nada tiene que cambiar, a menos que queramos repetir- le digo en un susurro, mis manos comienzan a descender hasta el borde de su falda que subo lentamente hasta llegar a su cintura, dejando su culo al aire, bajo las manos nuevamente y me consigo con la suave piel de sus glúteos, no trae ropa interior, lo que me hace sonreír y a ella jadear suavemente. Me alejo un poco y me fijo en que Anabel tiene la vista fija en Ulises que nos mira con atención desde el sofá, sin quitar la vista de él giro un poco a Anabel para que sus nalgas sean perfectamente visibles desde el sofá, al igual que su cara, comienzo a acariciar con fuerza las nalgas de mi amiga sin quitar mis ojos de Ulises, ella suelta gemidos entrecortados mientras mis dedos se marcan en su perfecta piel blanca, mientras tanto los ojos de Ulises viajan de la cara de su amada esposa a sus nalgas y luego a mí, su mirada me atrapa de inmediato, sus ojos negros parecían más profundos y oscuros, su sonrisa de lado lo hacía ver excesivamente sexy, levantó las manos y comenzó a desabotonarse las mangas de la camisa, con la mano derecha me indicó que me acercara. Le di a Anabel una nalgada y me separé de ella, la tomé de la mano y nos acercamos al sofá, sentándonos un poco alejadas de él. - debemos tener reglas antes de comenzar con nuestro juego – declaro haciendo que los dos me miren, Ulises se acerca y se sienta al lado de Anabel, la toma de la cintura y la sienta sobre sus piernas. - en primer lugar, los celos quedan excluidos de este lugar hoy y para siempre – les digo pasando la mirada de uno al otro, los dos susurran un “si, de acuerdo” al unísono. - en segundo lugar, no voy a interferir en su relación de pareja de ninguna forma luego de esto, espero que, si en algún momento consigo a alguien para mí, me apoyen como mis amigos que son - se miran entre ellos y fruncen el ceño. - siempre que no quieras volver con el idiota de Leonel te apoyare en todo – suelta Ulises sorprendiéndome - cierto – responde Anabel seria. - no sabía que odiabas a Leonel, Ulises – esperaba una declaración de ese tipo de Anabel, pero, de Ulises? ¿Porqué? - tengo cuentas pendientes con ese idiota – responde mirando la espalda de Anabel con molestia, me intriga mucho la hostilidad que emana su postura, estoy segura de que yo no tengo nada que ver con eso que le molesta, frunzo el ceño y me cruzo de brazos. - tranquilos, no voy a volver con él – respondo con un gesto de superioridad que hace que los dos rueden los ojos. - solo dos reglas? Eso será fácil de manejar – dice Ulises abrazando a Anabel, atrayéndola de tal forma que quede acostada sobre su pecho – te ha dicho mi exquisita mujer que una de sus fantasías es el voyerismo? – mientras habla acaricia uno de su muslo con una mano mientras la otra aprieta su seno sobre la ropa – o no es así mi pequeña fetichista? – Anabel asiente mientras suspira pegada a su espalda. - la tercera regla – carraspeo, mis ojos no logran apartarse de la deliciosa imagen frente a mí, mi mejor amiga se mueve con sensualidad sus caderas sobre su esposo, su rostro está tan rojo como una fresa, mientras las grandes y oscuras manos de él se mueven con rudeza sobre la tela de su camisa, sus ojos negros como pozos me miran con lujuria en cuanto me quedo cayada, sus labios se me regalan una sonrisa lobuna, que golpea con fuerza en el centro mismo de mi excitación, haciendo que apriete las piernas para evitar mojar mis bragas – es… que deben bañarse, los espero en la habitación. Aparto mi mirada de esa excitante imagen y me levanto, camino en dirección a las escaleras y comienzo a subirlas, por el rabillo del ojo veo como Ulises alza a Anabel, la coloca de pie en el primer escalón, abro la puerta de mi cuarto y les permito entrar primero, Anabel se dirige directamente al baño con Ulises pisándole los talones, ingreso y observo con detenimiento mi habitación. Las paredes lila claro contrastan con los muebles y puertas de madera de roble que le adornan mientras que el piso es de cerámica oscura y lisa, frente a la puerta de entrada se encuentra una ventana que cubre casi toda la pared, las cortinas blancas están corridas, a la izquierda de la entrada esta la puerta que da al vestidor y al baño, en esa misma pared está instalado un televisor pantalla plana enorme, debajo del tv un mueble con varios aparatos conectados, en la pared frente a la ventana esta mi peinadora, con un gran espejo sobre ella y un banquito mullido debajo de esta, en el medio de la amplia habitación, pegada a la pared esta la cama tamaño King, con sabanas de seda beige y un edredón de algodón blanco, frente a la cama, un diván de madera, de tela lisa del mismo color de las paredes, con un único y feo cojín. Entro cerrando la puerta camino directamente a la cama, quitando el montón de almohadas y lanzándolas al diván, otras al piso, dejo solo dos sobre la cama, luego voy a la peinadora y abro uno de los cajones, saco una bata de dormir de seda negra, al estirarla escucho que algo cae al piso, miro alrededor y me doy cuenta de un plástico que sobresale de una de las patas del diván, al acercarme lo veo con claridad y sonrío con malicia, hace unos días había comprado un vibrador pero no lo había usado, ni siquiera lo había sacado de su envoltorio. Lo levanto y lo dejo sobre la mesita de noche al lado de la cama, me quito el vestido y quedo solo en ropa interior, me coloco la bata cruzando una tela sobre la otra y una cinta del mismo material atándolas apenas un poco, me siento en medio del diván cruzando una pierna sobre la otra justo en el momento que Anabel cruza la puerta del vestidor, cubriendo su cuerpo con una toalla. Avanza con pasos cortos y temblorosos, su piel está ligeramente enrojecida, excepto en su cara, que es casi del mismo tono que su cabello, el cual esta humedecido, sus ojos miran al piso al avanzar dejando huellas húmedas, sus labios están ligeramente entre abiertos e hinchados, se detiene frente a mí a un paso de distancia, la miro con detenimiento a la cara, parece preocupada por algo, de repente suelta la toalla que envuelve su cuerpo dejándola completamente desnuda, a pesar de eso no quito los ojos de su rostro, luego de unos segundos sus hermosos ojos hacen contacto con los míos, en ellos solo puedo notar la lujuria y algo de preocupación. - Ulises… no… m-mi señor quiere ver tu cuerpo de-desnudo – tartamudea en un susurro que logro escuchar ya que estoy bastante cerca de ella. Alzo una ceja con incredulidad, ruedo un poco mi cuerpo a izquierda y me asomo detrás de Anabel para mirar la puerta del vestidor, Ulises esta recostado en el marco con los brazos cruzados y una sonrisa suficiente lo que hace que mi gesto se acentúe, decido deleitarme con su fisionomía luego, mirando a los ojos a mi preciosa pelirroja le respondo. - él no es mi dueño, si no el tuyo y sé mejor que tú lo que él realmente quiere, así que ponte en cuatro y dale la cara a tu señor – su expresión desencajada y sorprendida me hace sonreír por dentro por fuera mantengo mi tono serio y cara de póker. - pe-pero si no lo haces me castigaran, o a ti – responde luchando por que no se le escape la sonrisa, mi querida y hermosa amiga desea ser castigada y se le nota. -yo te castigaré en su lugar, si él cree que puede castigarme, se va a llevar una gran sorpresa… ahora ponte en cuatro y démosle un espectáculo a TÚ señor – le respondo con seriedad y un tono autoritario que no admite replicas. Mueve sus manos nerviosamente y me mira a la cara, me cruzo de brazos, con una mueca de disgusto en mi cara le señalo el piso. Temblando como si estuviera nevando resuelve ponerse de rodillas sin quitar los ojos de mi cara, le sonrió triunfante, cuando finalmente se pone en cuatro me acerco y le doy un suave beso en los labios. Subo la vista al hombre que nos mira estupefacto al otro lado de la habitación, mi sonrisa de superioridad se ensancha, Ulises aprieta los labios y se acerca a paso decidido. La luz de la habitación, que estaba encendida cuando entramos, hace brillar su piel oscura a medida que avanza, detallo entonces sus desordenados rulos negros que gotean al caminar, sus ojos negros están encendidos con algo más que lujuria, por su alargado cuello ruedan algunas gotas de agua, al igual que por sus fuertes brazos, quiero convertirme en gota para rodar por sus pectorales marcados y duros, seguir bajando por sus cuadritos de chocolate, hasta llegar a sus oblicuos, líneas que marcan la llegas a una toalla. Bufo molesta, al darme cuenta que no me puedo seguir deleitando con su cuerpo por la estúpida toalla, Anabel se encuentra en cuatro dándole la cara a Ulises el se para justo a un paso de ella, llevo mis manos a sus nalgas y las masajeo con fuerza, dándole palmadas que rozan con sus labios vaginales lo que hace que suelte un gemido, me concentro en seguir castigando sus hermosos nalgas blancas, cuando de repente siento una mano grande y fuerte que me sujeta del cuello y me obliga a alzar la cara. Sin tacto ni delicadeza alguna estampa sus labios contra los míos, respondo de inmediato a su beso exigente, lleno de dominio, pasión y lujuria, muerdo su labio inferior y un sonido ronco sale de sus labios, ese sonido hace que de inmediato me sienta húmeda, se acerca a mi oído y besa la unión de este con la mandíbula. - desnúdate - su voz ronca, masculina y suave desata una ola de éxtasis que aprieta mi vientre con fuerza. - no me des órdenes - le respondo sin titubear, mientras sigue besando mi cuello, una risa baja y masculina sale de sus labios, se separa de mí y me mira a los ojos, sus ojos, oscuros como el abismo, me encantan. - me gusta que digas eso - dice con una sonrisa - será más divertido cuando me obedezcas por voluntad propia - se acerca rápidamente a mis labios pero no los toca, se queda a solo a unos milímetros. - en tus sueños… me permites? Quiero comerme el coño de tu mujer - le respondí colocando una mano en su pecho y empujándolo con suavidad. Su piel caliente, suave, deliciosa, me hace desear seguir tocándolo, pero se endereza y le tiende la mano a Anabel, ella la toma y se pone en pie. - escuchaste eso mi gatita? ¡Tu amiga quiere comerte el coño!  -dice Ulises alegremente mientras la acompaña a la cama - recueste en la cama y abre bien tus piernas, quiero verlas bien - me mira y luego a Anabel, ella hace lo que le ordenaron mientras que me levanto y me quito la bata de seda, quedando solo en ropa interior, lo miro de soslayo mientras me acomodo entre las piernas de la pelirroja, él se limita a sonreír, cruzando sus brazos. No me fío de que se quedará viendo solamente, pero quiero disfrutar de la mujer que tengo delante, por lo que la beso suavemente haciendo que nuestros labios bailen casa vez más rápido y apasionadamente.   Bajo besando, chupando, lamiendo cada trozo de piel en mi camino hasta que llegó a su monte de venus, acaricio la parte interna de sus muslos con suavidad, ver su v****a humedecida me excita muchísimo, hace que la mía también se moje, mis pezones erguidos duelen un poco por el roce con el sostén, pero lo ignoro, abro sus labios superiores y de un solo movimiento paso mi lengua por todo su sexo a lo que ella responde con un jadeo, el sabor de su v****a inunda todas mis papilas gustativas, me excita mucho más, con hambre desmedida me dedico a chupar y lamer cada parte de su piel rosada, sus gemidos se hacen más intensos, introduzco dos dedos de un solo golpe y ella suelta un grito de sorpresa y placer.   Muevo mis dedos a medida que chupo con fuerza su clítoris, ella mueve sus caderas tratando de sentir más adentro mis dedos, de repente siento una fuerte bofetada en mis nalgas que me hace detenerme y soltar un gritito de sorpresa.   - n-no te de-detengas po-por favor - dice Anabel tartamudeando de placer.   - como no quisiste desnudarte tendré que comerme tu coño con todo y bragas - dice Ulises antes de empujar mi pelvis hacia arriba para colocarme en cuatro. Con molestia me separo un poco del cuerpo de Anabel, pero Ulises toma mi cabeza evitando que me levanté.   - complace a mi mujer, mientras intentas no venirte con mis caricias - me susurra al oído haciéndome cosquillas con su aliento, una de sus manos está en mi nuca y la otra recorre mi sexo haciéndome sentir lo húmeda que estoy - estás tan, tan malditamente mojada, me encantaría saber qué es lo que te excita tanto - apoya su cabeza en mi hombro y respira lentamente. - tu esposa es lo que me excita tanto, mira su cara - le respondo tratando de no gemir, mordiéndome el labio inferior con fuerza, continúo penetrando a Anabel con mis dedos - mira esa cara y dime qué no te excita - Anabel nos mira apoyada en sus codos, su cara refleja el más auténtico éxtasis, sus ojos jamás fueron más oscuros, como mar tormentoso, sus pechos perlados en sudor suben y bajan con rapidez, muevo mis dedos más rápido haciendo que lance su cabeza hacia atrás. De repente veo mi sostén volar al suelo, una mano grande y varonil aprieta mis senos sin piedad mientras que la otra se deshace de un tirón de mis bragas, luego un dedo se entierra dentro de mí lo que me hace gemir con fuerza, su lengua comienza a recorrer mi v****a lentamente, vuelvo a chupar con fuerza el clítoris de mi amiga y penetrarla con fuerza y rapidez, ella grita, se mueve con violencia contra mis dedos, siento como sus paredes vaginales se contraen haciéndome saber que llegó al orgasmo. No paro hasta que siento sus músculos relajarse, ella se aparta de mi lentamente.   Ulises chupa con fuerza mi clítoris logrando arrancarme un grito de placer, entierro la cabeza en la cama y arqueo más la espalda, presa del placer que me provoca su lengua juguetona, de repente se detiene haciendo que me levante, toma mis caderas y me gira con un solo movimiento, caigo con fuerza sobre la cama, sin perder tiempo Ulises me penetra de una sola estocada haciéndome arquear la espalda y gritar, se queda inmóvil con todo su pene dentro de mí. - Dios estas tan... Mo-mojada... Tan apretada... Siento que tú v****a comprime mi pene... Es delicioso... Tú… tú como lo sientes?- su voz ronca acaricia mis oídos mientras sus manos se clavan en mi cadera. Su pene es grande, mucho más grueso que el de Leonel, lo que me hace sentir llena y duele, mis músculos se adaptan poco a poco a su magnitud, haciendo que el dolor de reduzca un poco. - tú pene es muy grueso Ulises, me siento llena y mojada - le respondo suspirando, su nuez de Adán se mueve y muerde su labio inferior. Empiezo a acariciar mi clítoris para aminorar el dolor más rápido cuando escucho el sonido de un plástico rompiéndose. Miro hacia un lado, Anabel estaba sacando el vibrador Del envoltorio y nos mira alternadamente. - amor, muévete, no dejarás que Aurora haga todo el trabajo o sí? Ya sé que mi v****a no es como antes, ¡me encanta que disfrutes de una v****a pequeña y apretada!... oh! Si pudieras ver tu cara... - dice acercándose a Ulises y besándolo. Mientras se besan empieza a mover con lentitud sus caderas, sus movimientos me hacen gemir, el ritmo se acelera, Anabel se separa, alejándose de nosotros, Ulises toma una de mis piernas y la pone sobre su hombro haciendo que mi cuerpo quede de lado. Sus movimientos son aún más profundos, me llena de una forma que no había probado nunca, mi vientre se contrae deliciosamente, mis gemidos suben de volumen, no quiero acabar todavía, quiero sentir su pene mucho, mucho más, baja mi pierna cruzándola sobre la otra, se inclina sobre mi haciendo aún más profunda su penetración si es que se puede.   - Dios Aurora... - suspira en mi oído, mordiéndome el hombro - me fascina, me encanta, pero no puedo volverme adicto a ti... - susurra ronco, su voz envía más olas de éxtasis por mi sistema nervioso, apoya su cabeza en mi hombre nuevamente deteniendo sus movimientos – no puedo, tu calor es un infierno del que nunca me quiero ir, tan caliente, tan húmeda...-   - mira hacia tu derecha – lo corto en un susurro, mirando justo a ese lado, luego giro un poco para cerciorarme que cumpla mi orden, cuando lo hace continuo en voz baja – tu esposa, la madre de tus hijos está disfrutando verte penetrar a su mejor amiga, sin culpas ni remordimientos, ella está disfrutándolo porque tú lo disfrutas – sonrío- si ya no quieres o no disfrutas conmigo entonces nada te retiene, puedes hacer lo que quieras, la idea es que te sientas tan complacido como ella.   Anabel sonreía como desquiciada viendo la unión de nuestros sexos, su cuerpo temblaba ligeramente, estaba en cuclillas, apretando con una mano sus pezones mientras que con la otra colocaba el dildo entre sus piernas, sin llegar a penetrarse, su sonrisa, y todo su cuerpo expresaba que estaba enormemente excitada, sin tocarla si quiera estaba a punto de venirse en cualquier momento.   - ya lo habías dicho, ella quería esto, no te sientas mal por algo que realmente ella quiere que tu hagas – le sonrío cuando me mira.   - pero y tú? – su mirada es de auténtica preocupación.   - yo? Simple, con buscarme a otro que no se detenga a mitad de la acción me basta – me burlo con malicia.   - me preocupo por ti – responde enojado.   - preocúpate por lograr hacerme acabar, con lo lento que lo llevas dudo que lo logres… - me muerdo la lengua para no reírme de su cara, está molesto, muy molesto.   Se levanta con un gruñido enojado, toma mi cadera con fuerza y me obliga a ponerme en cuatro, toma mi cabello y comienza a embestirme con fuerza. Sus movimientos son cada vez más rápidos, mis gemidos van en aumento mientras siento cada vez más apretadas mis entrañas, como si su pene se volviera más grande cada segundo, llenándome más y más, siento que voy a explotar en cualquier momento, sus gruñidos y jadeos aumentan hasta que, con un grito liberador llegamos al orgasmo al mismo tiempo, mis contracciones se detienen luego de unos segundos.   Ruedo en la cama y le dejo espacio a la pareja, Anabel se acuesta a mi lado y Ulises con el vibrador y su lengua hace que ella tenga su segundo orgasmo del día. Estamos cansados y agitados, él se acuesta entre nosotras, en ese momento me doy cuenta de que tenía un preservativo puesto, ya que se lo estaba quitando, lleno de su semilla, lo anuda, lo lanza lejos y se estira, ella de inmediato se acuesta su hombro enredando una pierna con la de él, me aparto un poco, pero la mano de Ulises se cuela en mi cadera tirando para que me acueste en su pecho, miro a mi amiga, ella sonríe y asiente, por lo que me acomodo sobre su pecho.   - soy el hombre más feliz de la tierra – grita Ulises y tanto Anabel como yo nos reímos y le damos mordisquito en las costillas.  
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