Capítulo 1.
—¡Vamos, Thaisa!
—Que ya.
¿Es que acaso no puedo dormir solo cinco minutos más? ¿Qué son cinco minutos? ¡Nada!, no son nada.
—¡Thaisa!
—Que ya voy— suspiro pesadamente quitándome la cobija de encima.
Esto es realmente horrible, ya hasta me olvidé que es tener unas vacaciones. Espera ¿he tenido vacaciones?, uhm, creo que no.
¡Eso es aún peor!
Me siento agotada y desanimada, llámenme exagerada pero no sé que se siente poder dormir pasadas las siete de la mañana. Aunque bueno, puede ser peor.
Un chico pelirrojo con pecas entra a mi habitación sin siquiera tocar.
Bufo— ¿Conoces la palabra privacidad si quiera?
—¿Y tú la palabra responsabilidad?
Abro ligeramente ofendida, agarro uno de los cojines lanzandolo hacia él, pero lamentablemente, sí, lamentablemente, logra esquivarlo.
—¡Ya estaba saliendo!— me defendí.
Iba saliendo, bueno...estaba pensando en salir, pero Adriel decidió entrar antes.
Puso los ojos en blanco.
—Claro— me inspeccionó y enarcó una ceja—. Ve a ducharte.
—Pero me duché ayer.
—El avión sale en unas horas, luego tienes una entrevista a la cual iremos apenas aterricemos, sin contar que después tienes que ir a desayunar.
—Voy a ducharme— gruñí.
—Así me gusta.
Entré en la bañera todavía adormilada y me duché rápidamente. Sequé mi cabello apenas terminé de ducharme, realmente hacía frío afuera por lo que salir con el cabello húmedo no era una buena opción.
Pero aún así mi estación favorita siempre será el invierno.
—¿Lo ves?. Ahora sí pareces gente— comentó divertido Adriel cuando llegué hasta la sala.
Lo inspeccioné, también se había duchado, tenía el cabello ordenado como siempre, y ya tenía las maletas a su lado.
—¿Nos vamos?
— Síp— pero antes de que de un paso más puso su brazo impidiéndome el paso— ¿Qué pasó?
—¿No se te olvida algo?
—¿No?— respondí dudosa— ¡Ay! ¿no me quite bien el shampoo del cabello?, esta vez lo hice bien, incluso me percaté en el espejo— murmuré —, aunque quizá no me fijé bien.
Soltó una ligera risa.
—Me refiero a que te estás olvidando ponerte tu abrigo— me recordó.
¡Ah! ¿Cómo no me acordé?, incluso Adriel tenía un abrigo largo. Negó divertido extendiéndome un abrigo igual al de él.
Sí, los compramos juntos.
—¡Oh, estamos vestidos iguales!
—¡Hey!— se quejó —. ¿Por qué te has copiado de mi outfit?
—¡Yo no me copié!
—Yo salí antes, por ende llevaba esto puesto antes que tú — me acusó —, ya decía de porque me gustaba mucho lo que llevabas puesto, ¡porque te robaste mi idea!
Quise replicar muchas veces pero el pelirrojo se negaba a escucharme diciendo que no escucharía las mentiras que salieran de mi boca, agarró las maletas dejándome sola en el departamento.
—¡Thaisa!— salté en mi lugar al escuchar su voz, se acercó a grandes pasos tomando mi mano y sacándome del lugar—. Te estuve esperando abajo por más de tres minutos, ¿qué es lo que hacías?
—Dijiste que no me escucharías— le recordé —. ¿Yo por qué tendría que escucharte?
Salimos del ascensor y voltea a mirarme con el ceño fruncido.
—¿Lo dices en serio?— asentí, bufó—. Tenemos que ir al aeropuerto, Martin. Acelera el paso.
Y sin más me volvió a dejar sola en lobby agarrando las maletas y saliendo.
Aceleré el paso siguiéndole hasta que me paré a su costado, fue justo a tiempo ya que el taxi había llegado y ya había guardado las maletas en la cajuela. Él parecía seguir estando enojado pero aún así me abrió la puerta y entró después.
El transcurso parecía ir en silencio, Adriel se dedicaba a estar en la tableta, algunas veces fruncía más el ceño otras solo murmuraba cosas inaudibles.
—¿Es que acaso no saben hacer bien las cosas?— susurró — ¿Piensan que las personas no se cansan?. Vaya cosa, eh.
Así era convivir la mayoría del tiempo con él, lo conozco hace más de diez años, aparte de ser mi manager también es mi mejor amigo, un tanto complicado poder llevar las cosas pero así se basa nuestra relación.
—He arreglado tu horario nuevamente— habló dejando la tablet a un lado y mirándome—. Mañana ya comenzarás con las grabaciones, ya no serán hoy ya que tienes la agenda toda copada, apenas y te dará para comer.
Hice una mueca.
—Genial, más trabajo —respondí con sarcasmo mientras cruzábamos el tráfico hacia el aeropuerto.
Adriel suspiró.
—Lo sé, Thaisa. Sé que has estado trabajando mucho últimamente, pero recuerda que esto es parte de tu carrera. Las oportunidades no siempre llegan cuando queremos, y a veces tenemos que hacer sacrificios.
Asentí, entendiendo sus palabras. Sabía que ser actriz implicaba compromiso y dedicación, pero a veces me resultaba agotador. Pero todo esfuerzo tiene sus frutos.
Pensé en todas las veces que había audicionado, ensayado y trabajado duro para llegar a donde estaba. Cada proyecto exitoso, cada personaje que había interpretado, eran logros que me recordaban por qué había elegido esta profesión.
Por el dinero.
Bueno no, el dinero es lo de menos, desde siempre me apasionó el arte, el hecho de poder estar bajo la piel de otra persona, poder sentir tantas emociones a la vez, es espectacular, me pierdo en la magia del momento.
Cada nuevo proyecto era un reto para explorar diferentes aspectos de mi ser y expandir mis habilidades como actriz. Había experimentado la alegría, la tristeza, el amor, el miedo y muchas otras emociones a través de los personajes que había dado vida.
No importaba si interpretaba a una heroína valiente o a una villana, cada personaje tenía su propia historia y su propia voz. Era un privilegio poder darles vida y compartir sus experiencias con el público.
Pero si me preguntaran, ¿Qué personaje te gustaría interpretar?, sin duda diría que alguno de Marvel.
Lo siento, siempre he sido fan.
¡Y más aún sin me tocara con el Capitán América!
El sonido de mi celular hace que preste atención al aparato, ¿quién puede estar llamando a las cinco de la mañana?
—¿Bueno?
Adriel me mira alzando una ceja— ¿Es que acaso no ves quién te llama antes de contestar?— me recriminó.
Iba a defenderme, no tenía con qué pero lo iba hacer.
—Isa, ¿Cómo estás, cariño?
—¡Papá!— exclamé feliz—. Ahora mucho mejor porque llamaste.
El pelirrojo me mira burlón.
—Si es que reniegas por todo.
Se oyó una risa a través de la linea— Adri, tiene razón.
—¿Verdad que si, señor Martin?— respondió tomando mi celular, fruncí el ceño ¡yo estaba hablando con él!—. Uhm, sí— asintió —. No se preocupe por el desayuno, en el avión nos lo estarán dando.
Le quité el celular sacándole la lengua, poniendo la llamada en altavoz.
—No te preocupes, papá. Sé que el desayuno es la comida más importante del día.
Se oyó un sepulcral silencio por unos segundos.
—Yo se lo decía a Adri— murmuró —. Me preocupaba de que no haya comido algo.
Me sentía ofendida, Adriel soltó una carcajada y el conductor trataba de reprimir una risa, pero yo sabía que quería reírse.
—¡Papá!— me quejé—. Yo soy tu hija, no ese chico con cabello color cucaracha.
—¡Oye!— exclamó —. Mi cabello no es de ese color, el mío es unos tonos más claros, ya quisieras tener un cabello como el mío.
—Contigo no estoy hablando, se lo estoy diciendo a MI papá.
—Que el señor Martin me quiera más a mí no es mi culpa— sonrió burlón —. ¿Verdad, Nil?
Mi papá río — Ya, ya. No peleen, tengo amor suficiente para los dos y Thaisa, el cabello de Adri no es color cucaracha.
—¡Lo ves!
Lo miré mal— Cállate.
Este solo puso los ojos en blanco y siguió con la tablet.
—Sabes que te amo, Isa. Y le decía por los dos, sabes que le encanta molestarte— me recordó, eso tiene sentido—. Los documentos de la empresa ya se te fueron enviados.
Solté un suspiro, es por eso que no tenía vacaciones, tenía que encargarme de la empresa familiar también.
—No es necesario que los leas ahora— continuó —. Puedes hacerlo cuando tu horario sea más flexible.
—Si es que puedo darme un tiempo lo iré haciendo— observé por la ventana que ya nos encontrábamos en el aeropuerto —. Papá, te llamo luego ¿si?, acabo de llegar.
Mientras terminaba de despedirme de mi papá, Adriel sacaba las maletas y le pagaba al conductor.
Vamos hacia el counter para poder darle nuestras maletas.
—Hola.— sonríe— ¿Vuelo hacia Estados Unidos?
—Buenos días, sí.
—Pongan aquí las maletas, por favor.
La señorita teclea la pantalla repetidas veces.
—Su vuelo saldrá en media hora.— nos avisa.
Circulamos entre la personas y llegamos hasta los detectores de rayos x. Pongo mis cosas sobre la bandeja y paso por el escáner de personas.
Los hombres de seguridad me miran y les regaló una sonrisa.
—Todo perfecto, que tengan buen viaje.
—Gracias.
Tomamos nuestras maletas y esta vez apresuramos nuestro paso para llegar.
—Llegamos justo a tiempo.
Adri me inspeccionó unos segundos para seguido suspirar y negar.
—Que no se te haga costumbre llegar a las justas.
—¿Por qué siempre andas renegando?
Frunce más el ceño.
—Yo no reniego.
—Clarooo— hablé—, tú te la vives renegando.
—Claro que no— contratacó—. Solo soy responsable y me encargo de que cumplas con el horario. Vayamos abordando, ya no falta nada para el vuelo.
Suelto un suspiro cuando encontramos el número de los asientos.
—Ve abrochándote el cinturón — me dijo—. Luego te quedarás dormida y yo no te abrocharé.
—¿No harías eso por mí?
—No.
Iba a replicar pero una voz sonó por todo el avión.
—Bienvenidos a bordo al vuelo 501 a Estados Unidos, tiempo de vuelo siete horas con treinta y cinco minutos, gracias, disfrute su vuelo.
Dieron las indicaciones de lo que deberías hacer si en caso pasara algo.
¿Algo curioso?, que pese a que volemos a las
seis y cuarenta y cinco de la mañana, estaremos llegando a las diez y veinte, todo por la diferencia de horario es algo realmente impresionante.
—¿Es necesario que sigas trabajando?— inquirí observando a Adriel.
Él pasó sus manos por su rostro algo frustrado, me dió una mirada cansada asintiendo lentamente.
—Lo es, Isa— murmuró con la vista fija en la laptop.
Hice una mueca, creo que él trabajaba más que yo.
—¿Ya no estás enojado?
—Solo estaba algo estresado, perdón.
—Debí apurarme cuando me lo dijiste, así que me disculpo por eso también.
Levantó el rostro regalándome una sonrisa.
—Ya, ya. No nos pongamos sentimentales— me miró divertido —, puedes descansar yo me quedaré terminando esto.
Negué —. Primero necesito ir al baño y luego aprovecharé para dormir un poco.
Adri asintió.
—Estás de suerte, ya puedes quitarte el cinturón de seguridad.
Y tenía razón ya aparecía la imagen verde, con cuidado de no levantar a nadie me dirigí al baño más cerca, lo bueno de haber comprado los boletos de una clase más alta es que no había tanta gente por ende no tenía que hacer cola para poder entrar.
Sonreí satisfecha cuando el lugar se encontraba libre, justo cuando mi mano estaba por tocar la puerta para poder finalmente abrirla, mi mano se topó con otra haciéndome fruncir el ceño.
¿Eh?
Levanté la mirada observando a la otra persona, era un hombre vestido con un traje n***o sin corbata con la chaqueta abierta sobre su tórax.
Sus ojos eran grises con espesas y largas pestañas. Su mandíbula bien marcada, un rostro muy lindo.
Pero nada del otro mundo, estoy todo el tiempo rodeada de hombres realmente guapos.
Adriel es uno de ellos, muchas veces las chicas me han mirada mal solo por caminar a su lado y más situaciones parecidas y no eran solo chicas las que me miraban mal.
—Uhm, creo que yo llegué antes— murmuré observando que efectivamente mi mano estaba debajo de la suya.
Él me observó durante unos largos segundos.
—De hecho yo llegué antes— afirmó muy seguro—. El hecho que hayas puesto tu mano es diferente.
—Sea el caso que sea, mi mano está antes que la tuya, así que si me permites entraré.
Cuando estaba por dar un paso más me obstaculizó la puerta poniendo su brazo impidiéndome el paso.
—No.
—¿No?
—Que no te permito— lo miré sin entender—. "Así que si me permites entraré"— repitió —. Dije que no.
—¿Perdón?— fruncí el ceño, cruzándome de brazos— ¿Y quién eres tú para concederme el permiso, eh?
—Pues que tú lo has dicho sola, ¿o acaso te obligué a decirlo?
Enarqué una ceja.
—Era solo un decir, no necesito tu permiso para entrar al baño — le respondí — ¿o es que tú pides permiso para eso?
El hombre sostuvo mi mirada con una expresión desafiante.
—No, no pido permiso. Pero eso no significa que tú puedas simplemente entrar cuando yo he llegado antes.
Sus palabras me desconcertaron, y mi frustración comenzó a transformarse en un "aléjate o te golpeo" . ¿Quién era este hombre para comportarse de esa manera?
—Mira, no tengo tiempo para esto. Solo deme permiso para poder entrar al baño—dije, tratando de mantener la compostura.
Realmente necesitaba entrar al baño.
El hombre sonrió.
Ag, comenzaba a fastidiarme su mera existencia.
No solo tenía que compartir aire con él, sino también este vuelo, y muchos minutos antes compartimos el mismo aeropuerto.
Es tan frustrante.
—No, no me importa si pusiste tu mano antes o si realmente necesitas usar el baño. Tendrás que esperar.
La paciencia comenzaba a agotarse dentro de mí. Estaba cansada, necesito usar el baño, ¿ya lo dije?
—Mira, no sé quién te crees que eres, pero no tienes ningún derecho para decidir si puedo o no puedo entrar al baño. Déjame pasar ahora mismo o voy a gritar.
Enarcó una ceja—. No lo harías.
Sonreí.
—¿Quieres probarlo?
El hombre frunció el ceño ante mi desafiante respuesta. Parecía estar evaluando sus opciones mientras nos manteníamos en un tenso silencio frente a la puerta del baño.
Finalmente, suspiró y retrocedió, apartando su brazo y permitiéndome el acceso.
—Está bien, entra. Pero no olvides que yo estuve aquí primero.
"No olvides que yo estuve aquí primero", lo imité en mi mente poniendo los ojos en blanco.
No le respondí y simplemente pasé junto a él, sintiendo una mezcla de triunfo y alivio al finalmente poder usar el baño. Cerré la puerta detrás de mí y me tomé un momento para calmarme antes de ocuparme de mis necesidades.
Mientras lavaba mis manos, no podía evitar preguntarme qué mosquito le había picado, obviamente yo llegué antes que él.
Una vez que terminé en el baño, salí decidida a ignorar al hombre y retomar mi viaje con normalidad, no quería malograr mi día. Sin embargo, al regresar a mi asiento, me sorprendió descubrir que él se encontraba sentado adelante de donde estaba.
El hombre me miró con una sonrisa, mientras acomodaba su chaqueta y se acomodaba en su asiento. Parecía estar disfrutando de mi reacción y eso solo me hizo fruncir el ceño.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté, tratando de contener mi frustración.
Él se encogió de hombros con indiferencia.
—Simplemente compré un boleto de avión en esta clase y me dirijo a Estados Unidos . No veo ningún problema, ¿o sí?
Cerré los ojos por un momento, respirando profundamente para controlar mi ira. No quería arruinar mi viaje por un desconocido arrogante.
—Solo espero que podamos mantenernos alejados el uno del otro durante el resto del vuelo —dije con voz firme.
Él asintió con una sonrisa burlona.
—Como desees.
Ay, me caí tan mal.
Bufé yendo a mi lugar donde se encontraba Adriel con la cabeza apoyada en la ventanilla.
—¿Qué pasó?, ¿por qué tienes esa cara?— preguntó —. ¿Te molestó algo?
Traté de acercarme más a él llamándolo para que se acercara cosa que hizo algo confundido.
—Ese chico de ahí — susurré moviendo la cabeza dándole a entender que me refería al asiento de adelante.
—¿Qué tiene?— respondió de la misma manera ladeando la cabeza.
—Es un pesado.
Adriel frunció el ceño, mostrando su preocupación.
—¿Qué hizo? ¿Pasó algo malo?
Asentí con frustración.
—Sí, tuvimos un encontronazo en el baño. Me bloqueó el paso para poder entrar, ¿puedes creerlo?, ¿y sabes por qué?— no dejé que respondiera así que continúe rápidamente —. Porque dijo que él había llegado antes por lo que daba a entender que él debía usar el baño antes, ¡pero mi mano estaba debajo de la suya!, yo llegué antes, pero él se negaba a darme el pase, ¿qué le pasa?
Bufé.
—Hasta que le dije que gritaría y me dió el pase.
Adriel parecía procesar lo que le contaba hasta que frunció más el ceño.
—¿Se estuvieron peleando?— asentí obvia— ¿por un baño?— volví asentir — ¿sabiendo que hay varios acá?
Iba a asentir pero hice una mueca.
—Uhm, bueno, no me puse a pensar en eso.
—Ay, parece que no te puedo dejar ni un rato sola porque ya estás en algo que puede involucrar a una persona golpeada y contigo en las noticias.
—¡Oye!— me quejé.
—¿Qué?, solo digo la verdad —contestó— ¿Qué hubiera pasado si las cosas hubieran terminado mal?
—¿A mal te refieres a que si lo hubiera golpeado?
—Me refiero a que si te hubieran reconocido, lo golpeabas y todo eso quedaba con una evidencia ya que lo hubieran grabado— puntualizó —, que esté circulando por todo el internet, en las noticias y contigo presa por agredir a una persona.
—Odio que siempre tengas razón.
Él sonríe —. Yo soy el inteligente de los dos.
—¿Me has llamado tonta?
—Uhm— pareció pensarlo —. Tómalo como quieras.
Entrecerré los ojos.
—Me llamaste tonta— aseguré.
Soltó una risita inocente.
—Ahora soy yo el que debe ir al baño— me informó, saliendo—. ¡No hagas nada imprudente!
Y sin más se fue.
Pf, como si fuera hacer algo indebido, que poca fe me tiene.
Viva la amistad.
Solo llevábamos cuatro horas de vuelo, por lo que tengo la espalda y el cuello adolorido, los asientos son muy cómodos pero realmente había pasado una mala noche. Había dormido pocas horas, y ayer había salido con unos amigos a tomar unas copas con Adriel, ya que no nos veríamos en un largo tiempo.
Algo de lo que me he acostumbrado en todo esto de la actuación es que siempre nos paramos moviendo de lugar en lugar, aunque claro, siempre termino volviendo a Estados Unidos, más que nada porque la empresa de la familia está ahí.
Los Martin eran fundadores de una marca de ropa reconocida internacionalmente, mi padre era el CEO, por lo que no tenía tantas responsabilidades aún, yo era la directora ejecutiva, ¿algo joven para mi edad?, algunos lo decían, pero desde que tengo memoria siempre he estado metida en los asuntos de la empresa, desde hace unos tres años subí al cargo de directora ejecutiva.
La familia de Adriel, los Harper, son fundadores de los vehículos eléctricos más comprados en el mundo.
Nos conocimos en una reunión de negocios, aún no estábamos involucrados del todo en los asuntos de nuestras familias, pero aún así asistimos.
Al principio solo nos habíamos saludado y ya, cada quien por su lado, pero puede que en más de una ocasión lo haya volteado a ver con "disimulo".
Y en una de las tantas veces, levantó el rostro y nuestras miradas se encontraron. Me miró alzando una ceja.
Rompí la conexión rápidamente.
Sentía mi cara arder, por lo que tuve que disculparme con mis padres y algunos socios con los que compartíamos la mesa y quise dirigirme al tocador.
Y digo quise porque me perdí.
Terminé a las afueras del salón, había un pequeño lago con un puente. Adriel estaba de espaldas pero notó mi presencia por lo que volteó.
—Quiero creer que no eres una acosadora y no me seguiste — fue lo primero que dijo—. Eso sería escalofriante.
—¿Por qué te seguiría?
—Porque me estuviste mirando por más de una hora — contestó con simpleza metiéndose las manos en los bolsillos.
Sentía que el rubor nuevamente se esparcía.
No fui tan discreta.
—¿Disculpa?
Sí, fue lo que se me ocurrió decir en momento.
Me inspeccionó viéndome con una cara de ¿realmente dijiste eso?
—Me mirabas, te ví más de una vez— habló seguro—. Me gusta que me miren, pero no de una forma tan acosadora.
—¡Oye!— me quejé —. No era de una forma acosadora.
Él sonrió por primera vez.
—Acabas de admitir que me mirabas— dijo sin rodeos, quise golpearme en ese instante—. Y lo hacías, créeme que sí.
Solté un bufido.
—Yo...
—No es necesario que hables— me tranquilizó—. Pero desde ya te digo que no estoy interesado en salir contigo.
—¿Qué?, ¿quién dice que quiero algo contigo?
—¿Y no es así?
—No— contesté no muy segura.
Y él pareció notarlo ya que sonrió.
—¿Me estás preguntando o contestando?— inquirió —, sea la forma que sea, solo te digo que no estoy interesado.
Eso me hizo fruncir el ceño.
—¿Por qué?
—¿No que no?
Inflé los cachetes.
—Está bien, puede que te haya estado viendo por lo guapo que eres— murmuré con la cabeza hacia abajo.
Y no mentía, era el chico más guapo que ví.
Él se sonrojo y fue algo que me sorprendió.
—Oh, gracias.
—¿Pero por qué no estás interesado?— en ese momento quise morderme la lengua— ¿Es porque no soy lo suficientemente bonita para tí?
Eso pareció confundirlo ya que frunció el ceño de más.
—¿Qué?— negó repetidas veces—. No, ¿pero qué dices?, tú eres muy guapa— aseguró muy seguro—. Eres más que suficiente para cualquier persona, no digas eso.
Le di una sonrisa sincera, no me habían dicho algo tan lindo.
—Es porque me gusta alguien más — continuó — . Aunque ella parece no notarlo. Quizá lo sepa pero no le gusto.
—Pues si ese es el caso ella parece ser alguien muy ciega.
Me dió una cálida sonrisa.
—Aún así no estoy interesado en salir contigo — habló divertido.
Lo empujé levemente.
—Basta con eso— mascullé— pero...
—¿Pero?
—Si no funciona con la chica— comencé, siguiéndole el juego— ¿Saldrías conmigo?
Pareció pensarlo.
—No, no lo haría— quise preguntarle pero siguió — No en el momento — puntualizó—. Eso sería como si fueras mi segunda opción, y nadie debe ser la segunda opción de nadie.
Ese día me fui con una sonrisa a casa, había conseguido la amistad más importante que tendría en mi vida.
Y puede de que haya tenido un crush con él por algo de tiempo pero luego nuestra amistad se volvió muy fuerte.
Luego nos mudamos a Canadá donde casualmente vivían a tan solo unas casas de la nuestra y es ahí donde comenzamos a ser más unidos.
Si se preguntan si las cosas funcionaron con aquella chica, pues tuvieron una relación de bastante tiempo la verdad, pero no acabó bien, para nada bien.
Ahora, ¿Cómo es que Adriel terminó siendo mi manager?, la carrera que estudió estaba ligada a eso, los contactos y todo eso. Pero esto lo hace más para pasar tiempo juntos, ya que él tiene responsabilidades en la empresa también. Hubo un tiempo donde alguien más era mi manager pero las cosas no terminaron muy bien, por lo que Adriel quiso hacerse cargo y así terminamos trabajando juntos.
Algo que realmente admiro es que siempre tiene tiempo para todo, organiza todo tan bien y aunque muchas veces se sienta cansado siempre logra cumplir con sus responsabilidades. Si lo mío era cansado lo de él es aún más ya que Adriel tenía más responsabilidades en la empresa de su familia.
Y hasta ahora creo que la única que se queja de algunas responsabilidades, por eso Adriel decía que era muy chillona, pero claro, exageraba.
No me quejaba tanto.
Uhm, bueno, no mucho.
—Vaya, veo que hiciste caso y no hiciste nada que no debías— me felicitó el pelirrojo llegando a su lugar—. Cada vez me enorgulleces más. ¡Bien hecho, Isa!
Negué divertida.
—No soy una niña pequeña, ¿sabes?
—A veces actúas como una— me dió dos palmaditas en la cabeza—. Prefiero prevenir.
—No es cierto— lo acusé—. Soy muy madura.
Él trato de disimular una sonrisa.
—Debo admitir que has madurado más — habló —, solo mantienes un perfil serio cuando estás trabajando, como debe de ser. Conmigo no actúas así, ni con tus padres.
—Pero admitiste que soy madura— lo interrumpí.
Asintió —. Claro, pero ahora no estás trabajando por lo que debo cuidar tu imagen, ¿o quieres aparecer por todo internet por un escándalo?
Negué.
—No, pero no haría ningún escándalo.
Enarcó una ceja.
—¿Por qué mientes?, tú y yo sabemos muy bien que si el chico no te daba el pase estarías gritando quién sabe que cosa. Sin contar que posiblemente se hubiera llevado un pequeño golpe.
Lo miré ofendida.
—¿Por quién me tomas?— interrogué—. Yo no haría eso, pero ¿pequeño golpe?
—Sí. Tú no sabes golpear.
—¿Quieres verlo?, puedo golpearte muy fuerte si quiero.
—Ujuhm. No sabes golpear— repitió, me estuve acercando a lo que él lo notó y envolvió mi puño con su mano delicadamente —. Tranquila, fiera.
Me crucé de brazos.
—Debes enseñarme.
—¿Para qué?. No puedes ir golpeando a la gente solo porque sí.
—¿Qué?. Yo no haría eso— negué — ¡Solo lo golpearía a él!— hablé llevando mi dedo al asiento delantero.
—Señalar es de mala educación — me regañó—. Y no puedes hacerlo.
—¿Por qué no?
—Porque literalmente tuvieron una pelea tonta— quise hablar diciendo que era culpa del otro sujeto—. No, ambos tuvieron un mal comportamiento, no interesa quien haya empezado. Pudiste irte— dijo simple.
—No hablemos de ese horrible ser — le dije cortando el tema —. Hablemos de otra cosa, ¿si?
Asintió.
—Claro, pero creo que deberías descansar un poco, en un rato traerán la comida.
—¿También descansarás?
Negó—. No, debo terminar de leer unos papeles, también debo estar alerta a cualquier tipo de fotos que puedan tomar.
—Entonces me quedaré despierta. No quiero cargarte con más trabajo.
—Si estás cansada solo duerme, sabes que no es molestia para mí.
—No estoy cansada— mentí, no se me hacía justo que durmiera cuando Adriel estaba igual o peor que yo—, usaré el tiempo para poder leer lo que papá me envió.
Y los siguientes minutos restantes las pasamos en silencio, cada quien leyendo los documentos de cada empresa. Se habían hecho algunos cambios que necesitaban mi aprobación, también debía ver unos nuevos diseños para la nueva colección que sería en unos meses. Había estado trabajando mucho en esos diseños, no todo el trabajo me correspondía también habían otras personas detrás todo eso.
Suelto un suspiro cuando por fin acabo, mi vista dolía.
Adriel aún no había acabado, pero ya iba en la última de las páginas.
Aproveché el espacio para poderme estirar, agradecía que los asientos tengan más lugar, también me cambié los zapatos por unas pantuflas de la misma aerolínea.
Adriel tronó su cuello cuando acabó soltando un bostezo.
—Me da miedo que se te salga el cuello por tantas veces que lo tronas.
—Tranquila.
—Leí que eso puede causarte hasta la muerte.
—No moriré, aún no te librarás de mí.
—Puedes dañarte un nervio. Cuando tengamos tiempo tú y yo iremos al spa para que nos den unos buenos masajes.
—¿Es una cita?— bromeó —. Nunca había tenido una cita en un Spa, suena bien.
Reí— ¡No es una cita!
—Está bien, acepto la cita.