10. «Está tranquilo, Igor, sólo quiere jugar» os tranquiliza un anciano en español, cuando el perro con una correa levanta las patas a la altura de los hombros y ladra. «Yo tengo dos de ellos; el otro, Chico, blanco y pequeño, está en casa.» Hace un gesto hacia su casa. «No puedo llevarlos a caminar juntos, no me harían caminar. Son como perros y gatos. ¡Ah! Los encontré a los dos en el campo, estaban abandonados y maltratados y ahora llevan tres años viviendo conmigo.» St y yo nos animamos y comenzamos a acariciar a Igor que, de vez en cuando, logra lamernos las manos. «¿Vais a Estella?» nos pregunta. «Sì» respondo. Y mientras estoy a punto de preguntarle cuánto más falta, dice: «Lo tienes para una hora más, está a cinco o seis kilómetros de aquí". Pero creo que puedes hacerlas inclu

