—Dios, necesito unas vacaciones. En un lugar caliente... o no, mejor uno frío. Ash, no sé, solo quiero vacaciones —bufó, acomodándose el cabello alborotado. Sonreí. —Tú siempre andas con prisas. Descansa un poco. —Lo dice la persona que lleva un bebé adentro y aún quiere trabajar el doble —replicó con ese tono mandón suyo— No, querida, mientras la tía Élo esté presente, tú descansas hasta que mi sobrina salga al mundo. Luego haces lo que quieras. Negué con una sonrisa, divertida. —Por cierto... —sus ojos recorrieron el local—. ¡Ahí está! ¡Tío! ¿Tío? El hombre del fondo se levantó. Caminó hacia ella con paso seguro, sonriéndole con afecto. Élodie corrió a abrazarlo, y luego lo arrastró hasta mí. —Llegaste hace mucho? Ven, ven —dijo, entusiasmada— Nath, él es mi tío, el señor Elliot

