El timbre del celular me despertó en lo mejor de mis sueños. Como era sábado, no habían clases, y estaba tan cansada que pensaba dormirme hasta mediodía, o más, por eso renegué mucho, pero igual contesté sin fijarme quién llamaba. -Me separé de mi esposa, estoy libre, ahora soy solo tuyo-, me dijo una voz efusiva, festiva, incluso gritando, hecho una fiesta tanto que por poquito no me revienta el tímpano. -Bien por ti-, dije aún noctámbula, parpadeando con dificultad, queriendo tumbarme, otra vez, en las almohadas, queriendo recuperar el sueño que había perdido cuando estaba en lo mejor, je je je. -Debemos celebrarlo, quiero tenerte entre mis brazos, besarte, acariciarte, volver hacerte mía, llevarte a las estrellas, estremecerte como ningún hombre lo ha hecho, volverte una fiera en la

