-¡¡¡¡Taaaannnnnnn!!!!- Cuando sonó la campana anunciando el inicio de la pelea, me aterré, sentí mucho miedo, clave mis uñas en el cuero de la butaca y empecé a tragar saliva. Mi corazón rebotaba como una pelota en las paredes de mi busto y temblé igualita a si tuviera terciana. Parpadeaba y sudaba, tenía la cara duchada y sentía mi sangre en plena ebullición en las venas y un friecito muy horrible se me trepó por la espalda. Dentro de mi cabeza rebotaban los relámpagos y estallaban montones de truenos. El bullicio del público, enardecido, eufórico y festivo, también me turbaba y me tenía confundida, sumida en el desconcierto. Sentía que todo era un gran espectro que amenazaba con engullirme. Los dos contrincantes fueron al centro del cuadrilátero y el público rugía en las graderías. Bro

