Me preocupaban los nervios de Fabricio. Mientras se acercaba la hora de la pelea del título, se acentuaba la presión de la prensa y eso lo tenía a él demasiado tenso, bastante inquieto, muy parlanchín y se rascaba constantemente la cabeza. No venía seguido a clases, tampoco. Me explicó que debía habituarse a la hora de la pelea, que sería a las 10 de la noche y por eso tenía que estar entrenando, haciendo guantes, pera loca o golpeando el saco para que su mente esté cronometrada con la hora del esperado combate por el título mundial.. -Mi entrenador dice que debo manejar bien el horario, dosificar mis fuerzas, saber manejar el reloj, habituarme al momento en que estaré peleando-, me contó una de las pocas veces que llegó al colegio. -Pero te estás atrasando mucho-, le dije sorbiendo mi

