Mientras estoy en mi cama, pensando en todo lo que pasó, en la manera en que Ian, me hizo el amor.
Sonrío como tonta, mientras doy vueltas en la cama, como una niña pequeña.
Estoy tan feliz, sobre todo porque Ian, vendrá hoy, a pedirle a mis padres permiso para casarnos, ya no queremos esperar más.
Siento un poco de miedo, pues no sé que reacción tendrá mi papá, puesto que aún no termino la universidad.
Pero es una decisión que ya tomamos.
Termino de levantarme, y sin perder mi tan buen humor, camino a alistarme para la cena.
Estoy ansiosa, se que mis padres no se lo tomarán tan bien. A veces deseara tener hermanos así la atención no sería solo conmigo.
El hecho de ser hija única es una ventaja para algunas cosas, y una tremenda desventaja para la mayoría... Pues creo que es por eso que mis papitos me cuidan tanto.
....
La hora llega... Y siento mis manos sudar, las piernas me tiemblan como gelatina.
— Sam, llegó Ian. – Escucho a mi madre llamarme.
Bajo las escaleras con torpeza, y ahí los veo a todos esperarme en la sala.
Mi madre me ve de una manera extraña, como, entre; feliz y triste.
Pero mi padre está con su seño fruncido... Oh, oh.
— Hola. – Salido a mi novio.
— Hola, hermosa. – Me responde, y lo veo tan tranquilo, ¡Dios! quisiera ser como Ian, pues él, está tan fresco.
Ian toma mis manos, y así caminamos hacia el sillón frente a mis papás.
— Señor, Sebastián, señora Juliet... Saben que desde hace un tiempo Sam, y yo, venimos planeando casarnos así que... Queremos hacelo yá.
Estoy atenta a la relación de ellos pero no logro descifra sus gestos.
Mi papá suspiro, mientras le da una calada a su cigarrillo. Algo que el hace solo cuando está molesto, triste, o ansioso.
¿Cuál será el motivo?
— ¿Por qué tan pronto? Todavía no terminan sus estudios... ¿Hay algún motivo para que no quieran esperar más?
— No, señor, la única razón es que nos amamos, somos novios desde hace mucho. Y por los estudios no se preocupen ambos los terminaremos.
— ¿Como lo harás? ¿Podrás trabajar y estudiar a la vez? Porque les recuerdo que el amor no se come.
Yo estoy muda al igual que mi mamá, solo los escuchamos a ellos hablar, y hablar, y lo más sorprendente es que Ian en ningún momento duda en responder todas las preguntas de papá.
Y por fin puedo respirar bien cuando oigo a mi papito decir; tienen mi bendición... Serás un buen esposo.
Escuchar aquellas palabras de mi papá me dieron tantas ganas de llorar.
— También tienen la mía. Se que harás muy feliz a mi niña.
Sonrío feliz, pues pronto seré una mujer casada, y lo mejor de todo es enamorada.
.....
Y por fin mi gran día llegó, sonrío viendo mi reflejo en el espejo frente a mí.
Tengo un vestido blanco, de mangas, en corte sirena, con pedrería desde el cuello hasta las mangas, es tan hermoso, justo el de mis sueños.
No somos personas adineradas así que el vestido es rentado, y la boda será sencilla pero eso es todo lo que Ian, y yo, necesitamos.
— Estás presiosa, hija, deseo que seas muy feliz, y recuerda que esta siempre será tu casa... Tienes que venir a vernos todos los días, y alimentarte...
— Yá, mamá, no empieces o terminarás llorando de nuevo.
— Lo lamento, pero como no llorar si mi única bebé se me va.
— Me tendrás aquí todos los días. Prometo venir siempre.
Mi madre sonríe mientras se limpia un par de lágrimas.
— Ya basta de llorar, tenemos que irnos yá, o el novio pensará que te arrepentiste.
Oigo a Rachel, y decido salir rápido pues no quiero hacerlo esperar mucho.
— Vamos, ya quiero llegar hasta mi prometido.
Mi madre y Rachel me toman cada una de un brazo y así caminamos juntas hasta el auto que me llevara.
Todo es perfecto, hasta tengo un chófer. Mis padres se adelantaron, yo sé los pedí, porque verlos solo me podían nerviosa.
Quise que mi mejor amiga viniera en el auto, pero ella se negó... No sé porque. Pero últimamente la e visto muy extraña.
En fin... Deje de divagar en mi mente y enfocarme en lo importante.
Siento una mirada puesta en mi y alzó la vista viendo al hombre que conduce.
Y algo en mi se activa, no se porque, de pronto tengo miedo.
— Imagino que debes estar feliz... Cuánto creciste. – Escucho la voz del padre de Rachel. No entiendo porque no sabía que el sería el chófer.
— Trabajo de chófer para este tipo de eventos... Y que buena ventaja, así puedo verte vestida así. – El me da una mirada que me da escalofríos... ¡Dios! presiento que algo malo sucederá.
— Sí estoy muy feliz señor. – Es todo lo que digo pues prácticamente estoy temblando, y es que el padre de mi amiga siempre me a causado una sensación extraña.
Por eso siempre que visitaba a Rachel me aseguraba que el no estubiera pues siempre me miraba de maneras extraña.
— Lo imagino... – Dice el luego murmura cosas que no entiendo.
Observo el camino por dónde vamos y me doy cuenta que nos emos desviado.
— Ah... Señor, este no es el camino.
— No te preocupes, por aquí llegarás más rápido a tu destino... Te lo aseguro.
Sus palabras me ponen aún mas nerviosa y pronto empiezo a pedirle a Dios, y no se porque.
Pero al ver que nos estamos alejando de la cuidad, comienzo a querer abrir la puerta.
— ¿Que piensas hacer? aventarte con el auto en marcha. No seas estúpida.
Y sí, es hay donde me doy cuenta que nunca podré llegar con él... Internamente pido; porque alguien me salve de lo que sea que me vaya a pasar.