**Aitana**
Ya estaba decidida a aprovechar mi permanencia en esa clínica para sumar a mi hoja de vida y vengarme de André. Sonó el télefono.
—Buenas tardes, oficina del doctor André Graú, habla con su asistente Aitana ¿En qué puedo ayudarle? —dije seria a través de la línea telefónica.
No respondían del otro lado y había silencio, de pronto, oí unas risas de mujer.
—Ya estás trabajando allí para André —dijo una mujer, debía ser Dora.
¿Por qué está mujer adulta se comporta tan ridícula? André se movía con un aire de superioridad, como si él fuera muy inteligente, pero se iba a casar con esa estúpida.
—Señorita Dora ¿En qué la puedo ayudar? —respondí amable.
—No mucho, quería saber si André estaba ahí —dijo cortante.
—No ha venido en dos días, creo que está visitando unos hospitales, mañana estará aquí según su agenda —respondí.
—¿Crees que está visitando unos hospitales? Menuda inútil —dijo riendo.
—Si no desea nada más, hasta luego —le colgué, conteniendo las ganas de insultarla.
—¿A quién le tiraste el teléfono así? ¡Cuidado! —dijo André que entró de pronto.
—¡Tú novia! Ya había colgado, no te esperaba hasta mañana. ¿Todo bien? —pregunté.
—Si, se suspendió una reunión que tenía. ¿Y por acá que tal todo?
—Bien, solo quería preguntarte algo.
—Adelante —dijo haciendo un gesto con la mano.
—Una vez que termine con Damián ¿Puedo irme? —pregunté.
—Inmediatamente, sí puedes si quieres, pero deberías aprovechar esta oportunidad, será buena para ti, míralo como una compensación —dijo sin levantar la mirada del móvil.
Ya yo había entendido que no iba a seducir a ese hombre, ¿Cómo podría? Me despreciaba, y no tenía energías para pelear, solo quería dejar atrás todo cuando antes.
—Trataré de hacer algo por mi sin influencias, sinceramente no estoy cómoda aquí, no tengo porqué soportarlo —confesé.
André levantó la cara y me lanzó una mirada confundida, casi podría jurar que sintió pena.
—Lamento que te sientas así, fui honesto y directo, siempre es lo mejor —dijo.
—Deberías serlo también con Damián, él no sabrá porque lo dejo —le rete.
—Dile que estabas loca por coger conmigo, y él entenderá —dijo riendo y volvió a su móvil.
—Eres horrible. No puedes olvidar que dije que te deseé, fui estúpida al decirlo —le grité.
—Pero uno aprende de sus errores. Aprenderás —dijo.
—Sé que soy medio inmadura aún, que me falta aprender cosas, pero no soy mala persona, lo sé —afirmé.
—Yo diría que si eres mala persona. Pero es mi opinión, solo mi opinión —dijo—. Y cuéntame qué tanto te apetecía hacerlo conmigo.
Vi mi oportunidad de molestarlo un poco y ver si podía hacer tambalear su trono.
—Si hubiese grabado está conversación ya tendría un sólido caso de acoso s****l en tu contra de tanto que has mencionado el asunto, totalmente inapropiado, oh importante y reputado doctor —dije irónica.
Su sonrisa burlona desapareció.
—Coincido en que deberías irte de una vez. Hazlo ahora, pero cumple con tu palabra —indicó.
Pasé saliva.
—¡Por favor! ¿Puedo venir hasta mañana?, los resúmenes de los organizadores de boda llegarán mañana, dejaré eso hecho, cobraré mi semana si no te importa, gaste algo de dinero para venir y con lo que cobraría, pudiera recuperar algo y cubrirlo, si me voy hoy, pierdo todos los días —le pedí.
Se echó hacia atrás, se quedó mirándome.
—Sí, no hay problema. Puedes esperar también unas semanas más, disculpa lo de ahora, tampoco debía tratarte así, no es justo y no te lo mereces —dijo visiblemente avergonzado.
—Gracias, no más mención a cosas personales, por favor —solicite.
—Es justo, tienes razón —dijo serio.
Creo que por fin le había ganado, nunca lo acusaría falsamente de nada, a nadie, pero él merecía que lo pusiera en su lugar, se había dedicado a lanzarme toda su batería de ataques y como dijo, no era justo.
El resto de la tarde no me habló. Le serví café y me agradeció con la mano, mientras hablaba por teléfono, si no hubiese tenido la experiencia que tuve con él por Damián, hubiese pensado que si era un hombre agradable.
Recibió a dos proveedores en su oficina, luego a dos empleadas, una primero y a la otra después, las mujeres iban exageradamente arregladas y maquilladas, dejando ver sus atributos, pensé en lo ridícula que fui el día que yo también lo hice, me arregle toda para impresionarlo, ¡Qué idiota! Me veía como ellas seguro. Le coqueteaban descaradamente, él no conseguía librarse de ellas.
Decidí que esa sería mi pequeña venganza, lo dejaría ahí sufriendo con esas mujeres, no lo iba a ayudar, él me lanzaba miradas suplicantes y yo me hacía la que no lo notaba y sonreía discretamente.
Su teléfono sonó, él fingió que era algo importante y así logró deshacerse de las mujeres.
—¿Lo disfrutaste? —preguntó divertido frente a mi escritorio, con una media sonrisa y una ceja levantada.
—¿Qué cosa? —pregunté haciéndome la tonta.
—Parte de tu trabajo como asistente, es salvarme de esas situaciones, pero supongo que lo merecía —se respondió él mismo mirándome amablemente.
—Suerte para ti, que ya no seré más tu asistente y podrás tener una competente —respondí.
Su sonrisa se borró, y mi diversión interna también, me dolía no verlo más, a ese maldito infeliz ególatra. Era definitivamente lo mejor, la próxima vez que lo viera después del día siguiente estaría anunciando su casamiento.
—Por cierto, yo puedo cubrir tus gastos de transporte y comida de estos días —ofreció cauteloso mientras me dedicaba una mirada expectante.
—Gracias, no hace falta, si me alcanza, solo que si no llegaba a cobrar lo de mañana si iba a quedar en déficit, porque claro gastar y no cobrar, pero cuando cobre mañana estaré bien, gracias —dije, me di cuenta que se preocupó sinceramente de haberme hecho perder plata con su juego maquiavélico.
—¡Déficit! Que palabrota para una futura bioanalista —dijo sonriendo.
—¿Si? ¿Te parece? Es una palabra común, bueno mi mamá es economista y la usaba con frecuencia en casa —expliqué.
—¡Ya ves! Alguna explicación tenía —dijo y reímos los dos, por un momento olvide que lo odiaba y lo que me estaba haciendo y me puse sería de nuevo. Él lo notó.
—Seguro piensas que soy un loco o controlador, solo me importa mi hermano —dijo como si hubiese adivinado mi pensamiento.
Me encogí de hombros y lo miré para responderle, me levanté de mi silla.
—Asumes que soy mala o algo, por una impresión que tienes de mí por un hecho concreto que no define mi vida. Quizás tienes razón y no soy buena para él. Ya lo estaba pensando antes de que me lo exigieran —confesé.
Él me miró con ternura, se sentó en la silla detrás de su escritorio y colocó las manos frente a sí entrelazadas.
—Lo siento. Pero imagino que en retrospectiva, si analizaste todo, coincidirás conmigo, en que es lo mejor —me dijo.
—¡No tenía con quién hablarlo, pero sí, porque ¿Qué opciones tenía, pelear contigo, decirle todo a Damián y que se peleara contigo?, y eso no lo iba a hacer, o hacerte caso y ya, lo quiero mucho, sin embargo no lo amo como para soportar intrigas y conspiraciones. Solo tenemos cinco meses, solo tenemos veintidós años.
—Lamento todo, pero veo que lo analizaste sobradamente —dijo pensativo.
—Y la final resulté tan tonta, terminé cediendo a tu petición sin discutir, Damián se merecía que luchará más por él, que lo intentará al menos —dije mientras las lágrimas comenzaron a salir.
—Y si te dijera que olvidarás lo que te pedí, que sigas con él y no me hagas caso, no te perseguiré para dañar tu carrera o reputación, solo sigue con él y olvida todo —dijo.
—Ya no puedo. Ya el daño está hecho.
Me miró y chasqueó la lengua, suspiró y miró hacia la ventana.