Capitulo 6 - Zedd

1077 Words
Tenía 18 años. Y Sara y yo, nos hallábamos cursando el ultimo año de bachillerato, en distintas escuelas. Sin embargo, aquellos últimos tres años, desde que nos habíamos conocido, habían sido como dar un paseo en el cyclon, la famosa montaña rusa, en Coney Island. Una montaña rusa, por todas las emociones experimentadas. Aquellos últimos tres años, habían estado llenos de emociones. Emociones que no siempre me permitía sentir. Sin embargo, estaba consiente, de qué, Sara y yo, éramos dominados bajo aquella conexión, que nos entrelazaba desde siempre. Para aquel entonces, habíamos pasado por mucho. Por un sin fin de recuerdos. En donde sea lo que fuera que teníamos, se intensificaba cada vez más y más. Mi relación con Sara era extraña. Estábamos en un termino medio de relación amistosa y relación amorosa. Era complicado. Mas, no podíamos evitar estar juntos. Sara solía ir a mi departamento, en donde junto con mi amigo de toda la vida, James, nos reuníamos a ver películas, tomar un par de cervezas, escuchar música o simplemente hablar de la vida. No puedo negar que aquella época, fue la más feliz de mi vida. Y no precisamente por Sara, si no porque, de alguna manera, la vida era mucho mucho más fácil en la preparatoria. Estábamos en una edad invencible. En donde el tiempo era nuestro. En donde las obligaciones no asechaban tanto como en la universidad. En donde podíamos comernos el mundo, conocer, vivir, experimentar, equivocarnos, y estaba bien. ¿Por qué? Por el simple hecho de ser jóvenes de preparatoria. En esa época, Sara, James y yo, éramos como una especie de mejores amigos. Aquellos eran buenos momentos. Pues disfrutábamos la compañía del uno del otro. Hacíamos un buen balance, al ser tan distintos, entre nosotros tres. En esa época, podía considerar a Sara, en voz audible, como mi mejor amiga. Una mejor amiga, con la cual compartía una especie de conexión. Una conexión, de la cual nunca llegamos a hablar. —Ustedes son el uno para el otro—me decía James—solo atrévete a dar el paso.. —¿De qué hablas? —Si, he visto como se miran—replicaba James—he notado la conexión que hay entre ustedes.. —James, tu mejor que nadie sabe lo que pienso respecto a las relaciones amorosas.. Seguía en la misma postura respecto al amor y a las relaciones amorosas. Seguía evitando terminar con un corazón roto. —Eres mi mejor amiga, Sara. Siempre estaré para ti—le decía, seguido a Sara. Eran las palabras más reales y profundas que podían salir de mí. Aquello era verdad. Su amistad me hacia bien y no podía evitar expresarle aquella frase que la gente solía decir para expresar incondicionalidad. Ella solo me miraba, logrando trasmitirme tanto. Su mirada era de aquellas que expresaban que hablaban, que se comunicaban.. Y era inevitable no comunicarnos por medio de miradas. A veces solamente nos mirábamos, en medio de la vida pasar, dejando que las ventanas de nuestras almas se abrieran, mostrando lo que había dentro de sí. Sara y yo compartimos momentos tan profundos, que preferíamos no expresar en voz audible. Solo dejábamos que pasaran y ya. Como mirarnos con aquella mirada especial. O hacer pequeños gestos que expresaban algo más. Gestos como vernos repentinamente y pasar tardes juntos, llenas de platicas y silencios confortantes. Los silencios con Sara no eran incomodos, y eso me gustaba. Me gustaba la forma que teníamos de hablarnos, a otra vez de las palabras inaudibles. —Me gusta estar contigo—me decía Sara, cada vez que nos veíamos. Cada vez que iba a mi departamento, veíamos una película, salíamos a pasear, o simplemente nos comunicábamos a través de las miradas y el silencio. Sara y yo compartimos momentos tan profundos, que preferíamos no expresar en voz audible. Solo dejábamos que pasaran y ya. Sin embargo, nuestras pieles nunca se habían tocado antes. Nunca nos habíamos besado. Muy apenas nos abrazábamos. No era muy bueno para el toque físico. Mas, a veces me sorprendía a mí mismo, pensando en como seria sentir la piel de Sara contra la mía. Me sorprendía, a mí mismo, pensando en ella. Imaginando que nuestros labios se entrelazaban, conociéndose mutuamente, absortos, uno con el otro y con la conexión existente. Mas, solo eran pensamientos y ya. Pensamientos que dudosamente, se harían realidad. En el cumpleaños numero 18, de Sara, fuimos a festejarla, James y yo en Coney Island, en donde ahí, nos subimos en el cyclon, la famosa montaña rusa icónica, del parque de atracciones. Mientras estábamos sobre la montaña rusa, dando vueltas por los aires, sintiendo la adrenalina y el viento golpeando contra sí, me percate en las similitudes que habían entre aquella montaña rusa, que giraba, velozmente, de un lado a otro, con mi relación con Sara. Percibí la misma ola de emociones que fluía dentro de mí, al estar con ella. Nos encontrábamos en medio de aquel instante, dando vueltas por los aires, con la adrenalina y la emoción a mil por hora. Y al darme cuenta de las similitudes existentes, permití que mi instinto me dominara. Dejando que la conexión actuara por sí sola, en medio de ese intervalo, en aquella montaña rusa, que nos hacia volar en todos los aspectos. Permití que mi mano actuara por sí sola, tomando la de Sara, en medio de la adrenalina y el viento, golpear contra nosotros. Me di cuenta de la sorpresa de Sara al hacer tal acto. Al sentir nuestras manos, reposar, una con la otra. Al sentir mi piel en su piel. Mi tacto en su tactos. Nuestros dedos encontrados unos con los otros. Percibí su sorpresa y la ola de emociones que también se implanto en ella. ¿Qué esta pasando conmigo?, me pregunte a mí mismo, mientras seguía sosteniendo su mano, en medio de la montaña rusa, que daba vueltas y vueltas. En este instante me desconocí. Jamas le había tomado la mano a nadie. Jamas había sentido la manera en la que el tacto se sentía, entre mis dedos. Aquella manera única, que estaba experimentando por primera vez. Tenia la mano de Sara, entre la mia. Y se sentía tan bien. No pude evitar dejarme llevar, en medio de las emociones que flotaban por los aires, junto a la adrenalina y la montaña rusa. No pude evitar sentirme como me sentia. Olvidándome a mí mismo de todo, por unos segundos. Desconectándome de la realidad.
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